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Hay un error recurrente del centro político (y del progresismo cultural que lo acompaña): creer que lo peligroso es la “irracionalidad” de los extremos. Se refugian en la caricatura —Trump como payaso, Milei como meme— porque esa caricatura les permite evitar la pregunta central: ¿qué pasa cuando una forma de capitalismo deja de ser capaz de brindar o prometer futuro? Cuando ya no puede prometer movilidad, estabilidad, cohesión social ni, en lo elemental, un mínimo de vida vivible para la mayoría.
Hay un error recurrente del centro político (y del progresismo cultural que lo acompaña): creer que lo peligroso es la “irracionalidad” de los extremos. Se refugian en la caricatura —Trump como payaso, Milei como meme— porque les permite evitar la pregunta central: ¿qué pasa cuando el capitalismo deja de prometer futuro?
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La respuesta es incómoda: la política deja de ser “administración” y vuelve a ser “dominación” (violencia): en alemán herrschaft. Ya no necesita sonar razonable; necesita funcionar. Y funcionar, hoy, significa algo brutalmente específico: sostener privilegios cuando el crecimiento ya no alcanza, cuando la productividad se monopoliza, cuando la crisis climática transforma el presente en cuenta regresiva y cuando la legitimidad se agota.
La respuesta es incómoda: la política deja de ser “administración” y vuelve a ser “dominación” (violencia): en alemán herrschaft. Ya no necesita sonar razonable; necesita funcionar. Y esto significa algo brutalmente específico: sostener privilegios cuando el crecimiento ya no alcanza,
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En ese contexto, el Trumpismo —y sus derivados periféricos— no aparecen como anomalías, sino como la versión explícita de un orden que ya no puede mentirse a sí mismo. Por eso son vulgares, por eso son francos, por eso avanzan como matones: entrar, golpear, negociar después. Y por eso la Argentina de Milei es crucial: porque ha venido mostrando en miniatura la misma lógica con un agravante histórico —deuda, disciplina externa, destrucción institucional— y con un estilo comunicacional que convierte el ajuste en espectáculo. No por nada, la sierra de Milei ha servido como símbolo internacional de esa derecha, siendo adoptada, ni mas ni menos que por Elon Musk.
La Argentina de Milei es crucial: porque ha venido mostrando en miniatura la misma lógica con un agravante histórico —deuda, disciplina externa, destrucción institucional— y con un estilo comunicacional que convierte el ajuste en espectáculo. No por nada, la sierra de Milei ha servido como símbolo internacional de esa derecha.
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1) “Bail Outs” como tarjetas de crédito a nivel Estado: Argentina sin eufemismos
La metáfora del “rescate” como tarjeta de crédito que paga otra deuda previa no es teoría: es la historia argentina. Los rescates no resuelven insolvencias estructurales; compran tiempo para reordenar quién paga y quién queda a salvo. Los acreedores quedan “hechos” y la población absorbe el costo vía austeridad: hospitales, universidades, infraestructura social, tejido productivo, Garraham. La economía se contrae y el país queda disciplinado.
Argentina lo vivió desde la colonia pero, de manera acelerada, con Martínez de Hoz, con los ciclos de FMI, con la convertibilidad y su implosión, y lo vive ahora como un déjà vu sin anestesia: la democracia se reconfigura como administración tutelada. Milei aporta algo nuevo: lo declara como virtud. Donde antes había tecnócratas que fingían “inevitabilidad”, ahora hay un Daniel Guebel que celebra el sacrificio como purificación moral. No es eficiencia: es pedagogía del castigo.
Y acá entra una intuición clave de todo este ensayo: la verdad política rara vez está en la dramaturgia pública (no es casual que el “comentario político” se parezca cada vez más a chimento), sino en documentos y correspondencias privadas donde la élite escribe con franqueza porque se siente inmune. Esa “inmunidad” no es solo discurso: es el resultado de instituciones cuyo objetivo volvió a reducir el costo de la impunidad mientras se criminaliza la disidencia.
La verdad política rara vez está en la dramaturgia pública (no es casual que el “comentario político” se parezca cada vez más a chimento), sino en documentos y correspondencias privadas donde la élite escribe con franqueza porque se siente inmune.
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2) La lógica de la Ultra-Derecha: dólar, 1971 y los tres ríos del Juicio Final
Un punto de partida para esta “lógica” es 1971: la hegemonía del dólar. Estados Unidos pasa de superávits a déficit (para financiar guerras múltiples y para programas domésticos) y elige ser importador neto. Esto se paga con emisión y violencia, forzando a los países exportadores (Europa, Asia, Latin America) a mandar esos dólares al sistema financiero de Nueva York. Ese reciclaje, llamemoslo, del Apocalípsis, forma tres ríos: (1) El Tesoro (Estado, gasto militar, beneficios fiscales), (2) sector inmobiliario (rentismo), (3) mercados financieros (especulación; que es otra forma de rentismo).
¿Por qué esto importa para Argentina? Porque Milei no “alineó” la política exterior por amor ideológico, sino por necesidad: Argentina es un país donde el peso es y ha sido, tanto literal como culturalmente, ser el rehén preferido del sistema financiero internacional. Así la política exterior argentina se fue convirtiendo en un ritual de adhesión al centro: declaraciones, votos, gestos, viajes, antagonismos elegidos para agradar. Milei no negocia desde soberanía: negocia desde vulnerabilidad.

Esto produce una distorsión brutal: la Argentina ajusta para sostener una arquitectura global que ni controla ni entiende del todo, mientras vende el ajuste como “libertad”. En términos llanos: le pide a su sociedad que se degenere para sostener una ficción de “credibilidad internacional” que, en realidad, no es otra cosa que degradarse para pagar un peaje imperial.
La Argentina ajusta para sostener una arquitectura global que ni controla ni entiende del todo, mientras vende el ajuste como “libertad”. En términos llanos: le pide a su sociedad que se degenere para sostener una ficción de “credibilidad internacional”
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3) Aranceles y la nueva financiarización: el mundo se reordena y Argentina queda en el peor lugar.
Los aranceles (política económica teatral de Donald Trump) no son proteccionismo clásico sino el equivalente de los matones en las calles pero en versión económica. Son shock de negociación: dañar rivales comerciales y llevarlos a una mesa donde se reordena quién financia qué. Y aparecen mecanismos contemporáneos (bitcoins denominadas en dólares; emisores que guardan reservas en Treasuries) como parte de una arquitectura que permite sostener capacidad fiscal y recortes impositivos incluso en situaciones de conflicto comercial real. Si la burbuja financiera era real ahora se vuelve espectral.

Para Argentina, esto tiene un efecto inmediato: la dolarización cultural que la caracteriza se vuelve colonización monetaria. Milei es un mesías de ese nuevo orden “místico” (ya, ni siquiera, cultural, porque estamos hablando de “espectros”): “el dólar” como tótem, “el mercado” como dios, “el Estado” como demonio. El problema argentino no es adherir a una moneda fuerte; el problema es la conversión de esa preferencia en doctrina de subordinación: renunciar a herramientas soberanas y celebrar esa renuncia como superioridad moral. Hoy, el embjador argentino en los Estados Unidos organiza las reuniones en las que el país entrega sus minerales críticos a cambio de salvatajes eventuales y que van a llegar a cuenta gotas. Lo que Milei le hace a las provincias, Estados Unidos se lo hace a Milei. Una pregunta para hacerse es cuál ha sido el lugar de los artistas progresistas en el proceso de legitimación de una figura como Alec Oxenford: Mariana Telleria, por ejemplo, cuya obra es una celebración de las marchas. Dónde está? Qué tiene para decir?
Milei es un mesías de ese nuevo orden “místico” (ya, ni siquiera, cultural, porque estamos hablando de “espectros”): “el dólar” como tótem, “el mercado” como dios, “el Estado” como demonio. El problema argentino no es adherir a una moneda fuerte; el problema es la conversión de esa preferencia en doctrina de subordinación:
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La consecuencia es obvia: un país periférico como la Argentina se ata a una arquitectura que se reconfigura para sostener la hegemonía estadounidense, pero lo hace sin plan un productivo. Eso es dependencia sin desarrollo… por miedo. Pero medio a qué? A ir presos. Porque lo que primero hace la metrópoli es comprar voluntades y dejarlas registradas mediante los mecanismos de inteligencia.
La consecuencia es obvia: un país periférico como la Argentina se ata a una arquitectura que se reconfigura para sostener la hegemonía estadounidense, pero lo hace sin plan un productivo. Eso es dependencia sin desarrollo… por miedo. Pero medio a qué? A ir presos.
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4) Reindustrialización sin empleo en el Norte y reforma laboral anacrónica en Argentina: el sueño “productivista” que termina en frustración y policía
Para no perdernos. El problema es que, la potencia imperial nuclear está en una posición parecida a la de Alfonsin en los ochentas. Financió una metáfora, mediante emisión excesiva. La diferencia con Alfonsín es que Wall Street y la banca internacional viene prestando irresponsablemente desde hace años incluso después de la crisis del 2008. El problema que emerge es que aún si vuelve la inversión a Estados Unidos, no habrá empleo suficiente por automatización e IA. Fábricas nuevas, sí; pero automatizadas. Eso frustra la promesa de “buenos trabajos” para la gente. Esta combinación de frustración interna, combinada con lógica de hegemonía global, abre el camino a la tentación militar. La táctica de ICE pero, a nivel global, como vimos en Venezuela: golpes rápidos, negociación posterior.

Lo increíble del caso es que la Argentina copia el modelo sin tener potencia ni para sentarse a hablar en la mesa de los medianos: Milei promete “orden” y “mercado” pero entrega precariedad y desprotección. La gente se queja pero, con cierta razón, no quiere optar por la oposición que es un rejunte tradicionalista de corrupciones familiares y fracasados: Maximo Kirchner, Cecilia Moreau, Daniel Santoro, Kicillof, etc. Cuando no hay futuro económico, la gobernabilidad solía sostenerse con dos cosas: pan y circo. Pero eso era el Imperio Romano que, comparado con lo que estamos viviendo es el paraíso en la tierra. Hoy se sostiene con espectáculo y violencia. El ajuste necesita relato; el relato necesita enemigos; los enemigos justifican violencia institucional.
Esto es clave: el mileísmo no es solo economía; es un programa de reordenamiento afectivo. Convierte a la mitad del país en “parásitos”, a la universidad en “curro”, a la cultura en “gasto”, a la salud pública en “privilegio”. Es la pseudo-meritocracia como teología: el pobre es culpable, el vulnerable es sospechoso, el Estado (en todas sus vertientes) es pecado. Y, ojo, que no estoy hablando de partidos políticos.
El mileísmo no es solo economía; es un programa de reordenamiento afectivo. Convierte a la mitad del país en “parásitos”, a la universidad en “curro”, a la cultura en “gasto”, a la salud pública en “privilegio”. Es la pseudo-meritocracia como teología: el pobre es culpable, el vulnerable es sospechoso, el Estado (en todas sus vertientes) es pecado.
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5) Europa “americanizada” y el espejo argentino: austeridad para armas, austeridad para deuda
Europa acaba de entrar en el periodo de eliminación de la socialdemocracia: su modelo de crecimiento se vuelve (aún más) al gasto en defensa y el costo de esto ya es la de financiación de escuelas y hospitales. En este contexto, la OTAN se saca los guantes y revela lo que siempre fue, una mafia que vende protección a cambio de participación económica en el gasto en defensa. Pero para que este sistema funcione, tiene que generar inseguridad (digo, para poder “vender protección”), gasto para comprar armas (en gran parte estadounidenses, diga lo que se diga). Es una transición progresiva del welfare state al estado del miedo, con las implicancias del caso.
La OTAN se saca los guantes y revela lo que siempre fue, una mafia que vende protección a cambio de participación económica en el gasto en defensa. Pero para que este sistema funcione, tiene que generar inseguridad para comprar armas. Es una transición progresiva del welfare state al estado del miedo,
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Argentina, en cambio y otra vez, es el espejo periférico: no se militariza para crecer, sino que se desmantela para pagar. Ajusta para pagar deuda como Europa ajusta para comprar armas. La diferencia es clave. En ambos casos, la reproducción social se sacrifica y el resentimiento aumenta. Y en ambos casos, el centro hegemónico pide paciencia y “responsabilidad” mientras no ofrece un proyecto de vida. Esto es la post-necropolítica ya que la necrópolis a que pensaba Mmembé era un método de ecualización del resentimiento interno mediante la administración (o, aniquilamiento) del inmigrante ilegal. Ya pasamos esa etapa.
Argentina, en cambio y otra vez, es el espejo periférico: no se militariza para crecer, sino que se desmantela para pagar. Ajusta para pagar deuda como Europa ajusta para comprar armas. La diferencia es clave.
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6) Energía y absurdo: Fracking y la alegoría de la extinción
El circuito energético es la alegoría perfecta: bloquear gas barato y reemplazarlo por otro tipo de gas que tiene que cruzar océanos para regasificar y ser empujado hacia el este. Esta es una actividad económica básica que acelera el desastre climático global, en serio.

Argentina entra acá por dos vías: Vaca Muerta como promesa y trampa. Milei presenta el extractivismo como destino natural del país y sus votantes lo aplauden pero lo hace sin política industrial, sin transición energética, sin soberanía tecnológica. Milei se dispone a exportar energía sin proyecto de país. Y, encima, lo hace en un mundo que camina hacia la electrificación y las energías renovables bajo dominio chino. Esto significa apostar a quedar fuera del futuro y es mas importante que la cuestión de los minerales raros.
7) China y “patear el tablero”: la derecha confiesa su estrategia
La premisa de Trump no es señil: si las energías renovables están (como van a seguir estando) bajo dependencia china. El futuro es el dominio chino. Punto y aparte. Entonces duplicar petróleo & gas, asegurar productores fósiles, sancionar, tarifar es un método de aplazamiento porque el futuro es Chino.
Es aca donde la actitud de Milei no es incoherente pero desesperada. En relaciones exteriores, se alinea con esa lógica por reflejo ideológico y por necesidad financiera. Pero eso lo coloca en un lugar ridículo: Argentina necesita comerciar con todos, y China es un actor estructural. La política exterior se vuelve performance: insultos que luego se corrigen, alineamientos que no se sostienen, soberanía declamada. Mientras tanto, se pide auxilio tanto a Americanos como a Chinos.

8) Anti-Imperialismo no romántico y la lección para Argentina
No nos engañemos, Irán e Israel han venido estando en el centro de la política exterior argentina aunque sea a nivel del deep state. Los atentados a la Embajada y la Amia, como vemos hoy en el tablero global, no fue un enfrentamientos de heroes y villanos sino el comienzo de la transformación de la Argentina en laboratorio mundial.
No nos engañemos, Irán e Israel han venido estando en el centro de la política exterior argentina aunque sea a nivel del deep state. Los atentados a la Embajada y la AMIA, como vemos hoy en el tablero global, no fue un enfrentamientos de heroes y villanos sino el comienzo de la transformación de la Argentina en laboratorio mundial.
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Para hablar de Irán tenemos que hacer un doble movimiento: el primero, es críticar al régimen teocrático y el segundo, es defender la soberanía de los países frente a intervención imperiales porque si de autocracias hablamos…. Por casa, cómo andamos? Hay algo que, todavía, debe defenderse y Milei parece no estar dispuesto a hacerlo: los pueblos deben resolver contradicciones internas sin colonización externa. La genealogía 1953 (Mosaddegh) muestra cómo la intervención produce monstruos y luego los usa como excusa.
Argentina conoce esa lógica desde otro ángulo: no siempre con Marines desembarcando, pero sí con dictadura, tortura, deuda, condicionalidad y “reformas” que fueron destruyendo, poco a poco, la capacidad de reacción del estado. La colonización puede ser financiera y política, a la vez. El que la alternativa frente a los ciudadanos haya sido Macri vs.Scioli, Milei vs. Massa no es casual. Esa gente no es lo mejor de la argentina sino, lisa y llanamente, lo peor (y no lo digo en términos morales). Y Milei, al transfigurar la subordinación en libertad, vuelve esa colonización más eficiente: ya no hace falta imponerla; está internalizada. Majul. Novarecio y Braulio, aunque de otro modo y en su estilo de vida.

9) Cuando se bloquea la conversación, gana el fascismo
La conclusión de este escenario me obsesiona: si tratamos al votante disconforme como fascista por esencia, se lo regalamos al fascismo. Trump y Milei sí deben ser llamados por lo que son: autoritarios, crueles, peligrosos. Deben ir presos. Pero al votante de MIlei no se lo recupera con insultos desde la progresía palermitana ni mucho menos con soberbia; se recupera con propuestas de política material: salud, vivienda, trabajo, seguridad. Y con la educación política que el neoliberalismo se encargó de destruir y esto no se da en la UBA ni puede estar a cargo del bipartidismo actual, tanto en USA como Argentina, sino que tiene que ser un trabajo lento, silencioso y parroquial. El error de Grabois es querer ser la vanguardia de una subclase que no lo necesita ni en los medios ni en el Congreso.
El progresismo cultural (y Grabois está en el epicentro del palermitanismo)—en Argentina, en EE.UU., en UK— han venido cometiendo un error letal que es moralizar el vínculo social. Hizo de toda conversación una potencial acusación. Cuando la conversación se bloquea, el fascismo streamer ocupa el espacio y convierte la rabia en obediencia. Hoy ciertos paises Europeos y Australia quieren prohibir X (Twitter) pero, por todas las razones, equivocadas. No tiene que ver con cuestiones de identidad sino que tiene que ver con “peer pressure”. Los adolescentes adhieren a modelos de degeneración moral como reacción a una moralización extrema y es su forma de reacción a una generación (la nuestra) que los dejó sin futuro creyendo que les estaba dando lo que querían. Cuando, en realidad, lo que todo chico quiere es un modelo a seguir.
10) En Síntesis: El capitalismo ha colapsado y está (estamos?) en pánico.
El trumpismo y el mileísmo son dos caras de una misma fase: capitalismo sin futuro. Uno tiene poder imperial y “lógica” financiera; el otro tiene precariedad periférica y fanatismo de converso. Pero ambos operan igual: sostienen privilegios con hegemonía monetaria, extorsión geopolítica y guerra cultural. La salida no es nostalgia ni moralina. Es política material, organización y la pregunta decisiva que ordena todo este post es quién posee y gobierna la tecnología, la energía, las instituciones y el excedente institucional.
© Dr. Rodrigo Cañete. All rights reserved. Unauthorized reproduction, distribution, or translation of this text, in whole or in part, without prior written permission is prohibited.
The Difference Between Libertarian Ultra-Right and Progressivism Is That Neo-Fascism Is Rational
There is a recurring mistake made by the political center (and by the cultural progressivism that accompanies it): the belief that what makes the extremes dangerous is their “irrationality.” They take refuge in caricature—Trump as clown, Milei as meme—because caricature allows them to avoid the central question: what happens when a form of capitalism is no longer capable of providing, or even promising, a future? When it can no longer promise mobility, stability, social cohesion, or even—at the most basic level—a minimally livable life for the majority.

The answer is uncomfortable: politics ceases to be “administration” and becomes domination (violence) again—Herrschaft, in German. It no longer needs to sound reasonable; it needs to work. And today, “working” means something brutally specific: sustaining privilege when growth no longer suffices, when productivity is monopolized, when the climate crisis turns the present into a countdown, and when legitimacy is exhausted.
In this context, Trumpism—and its peripheral derivatives—does not appear as an anomaly, but as the explicit version of an order that can no longer lie to itself. That is why it is vulgar, why it is blunt, why it advances like a thug: enter, strike, negotiate later. And this is why Milei’s Argentina is crucial: it has been showing the same logic in miniature, with a historical aggravation—debt, external discipline, institutional destruction—and with a communicational style that turns austerity into spectacle. It is no coincidence that Milei’s chainsaw has become an international symbol of this right, adopted by none other than Elon Musk.
1) Bailouts as State-Level Credit Cards: Argentina Without Euphemisms
The metaphor of the “rescue” as a credit card used to pay off a previous debt is not theory—it is Argentine history. Bailouts do not resolve structural insolvencies; they buy time to reorder who pays and who is protected. Creditors are made whole, while the population absorbs the cost through austerity: hospitals, universities, social infrastructure, productive tissue, Garrahan Hospital. The economy contracts and the country is disciplined.

Argentina has lived this since colonial times but in accelerated form with Martínez de Hoz, IMF cycles, convertibility and its implosion—and lives it again today as a déjà vu without anesthesia: democracy is reconfigured as tutored administration. Milei adds something new: he declares this condition a virtue. Where there were once technocrats pretending “inevitability,” there is now a Daniel Guebel celebrating sacrifice as moral purification. This is not efficiency; it is the pedagogy of punishment.
Here enters a key intuition of this entire essay: political truth rarely lies in public dramaturgy (it is no accident that “political commentary” increasingly resembles gossip), but in private documents and correspondence where elites write candidly because they feel immune. That “immunity” is not merely discursive; it is the result of institutions whose objective has become the reduction of the cost of impunity while criminalizing dissent.

2) The Logic of the Ultra-Right: The Dollar, 1971, and the Three Rivers of Judgment Day
A starting point for this “logic” is 1971: dollar hegemony. The United States moves from surpluses to deficits (to finance multiple wars and domestic programs) and chooses to become a net importer. This is paid for through issuance and violence, forcing exporting countries (Europe, Asia, Latin America) to send those dollars back into the New York financial system. This recycling—let us call it apocalyptic—forms three rivers:
(1) the Treasury (state, military spending, tax benefits);
(2) real estate (rent extraction);
(3) financial markets (speculation, another form of rent extraction).
Why does this matter for Argentina? Because Milei did not “align” foreign policy out of ideological love, but out of structural necessity: Argentina is a country where the peso has been—literally and culturally—the preferred hostage of the international financial system. Argentine foreign policy thus became a ritual of adhesion to the center: statements, votes, gestures, trips, antagonisms chosen to please. Milei does not negotiate from sovereignty; he negotiates from vulnerability.

This produces a brutal distortion: Argentina adjusts itself to sustain a global architecture it neither controls nor fully understands, while selling that adjustment as “freedom.” Plainly put: society is asked to degrade itself in order to sustain a fiction of “international credibility,” which is nothing more than imperial toll-paying.
3) Tariffs and the New Financialization: The World Reorders, Argentina Loses
Tariffs (Donald Trump’s theatrical economic policy) are not classic protectionism but the street-thug equivalent in economic form. They are negotiation shocks: damaging trade rivals to bring them to a table where who finances what is reordered. Contemporary mechanisms appear—dollar-denominated cryptocurrencies, issuers holding reserves in Treasuries—as part of an architecture that sustains fiscal capacity and tax cuts even amid real trade conflict. If the financial bubble was once real, it now becomes spectral.
For Argentina, the effect is immediate: its characteristic cultural dollarization turns into monetary colonization. Milei becomes a messiah of this new “mystical” order (no longer merely cultural, because we are speaking of specters): “the dollar” as totem, “the market” as god, “the state” as demon. Argentina’s problem is not preferring a strong currency; it is transforming that preference into a doctrine of subordination: renouncing sovereign tools and celebrating that renunciation as moral superiority.
Today, the Argentine ambassador to the United States organizes meetings where the country hands over its critical minerals in exchange for sporadic bailouts. What Milei does to provinces, the United States does to Milei. One must ask: what role have progressive artists played in legitimizing figures like Alec Oxenford? Mariana Tellería, for instance—whose work celebrates marches—where is she? What does she have to say?
The consequence is obvious: a peripheral country binds itself to an architecture reconfigured to sustain U.S. hegemony, but does so without a productive plan. This is dependency without development—out of fear. Fear of what? Of prison. Because the first thing the metropolis does is buy loyalties and register them through intelligence mechanisms.

4) Reindustrialization Without Jobs in the North and Anachronistic Labor Reform in Argentina
To stay oriented: the nuclear imperial power is in a position similar to Alfonsín’s Argentina in the 1980s—it financed a metaphor through excessive issuance. The difference is that Wall Street and international banking have lent irresponsibly for years, even after 2008. The emerging problem is that even if investment returns to the United States, there will not be enough jobs due to automation and AI. New factories, yes—automated. This frustrates the promise of “good jobs.”
That frustration, combined with global hegemonic logic, opens the path to military temptation: ICE tactics at a global scale, as seen in Venezuela—quick strikes, negotiation afterward.
The astonishing part is that Argentina copies the model without even having the power to sit at the medium table. Milei promises “order” and “market” but delivers precarity and abandonment. People complain, but understandably do not want to choose an opposition that is a traditionalist pile of family corruption and failure: Máximo Kirchner, Cecilia Moreau, Daniel Santoro, Kicillof, etc. When there is no economic future, governability once relied on bread and circus. That was the Roman Empire—which compared to today looks like paradise. Now it relies on spectacle and violence.
This is key: Milei-ism is not only economics; it is a program of affective reordering. Half the country becomes “parasites,” universities “scams,” culture “waste,” public health “privilege.” Pseudo-meritocracy as theology: the poor are guilty, the vulnerable suspicious, the state sinful. And note: this is not about political parties.

5) “Americanized” Europe and the Argentine Mirror
Europe has entered the period of social-democracy elimination: its growth model increasingly becomes defense spending, financed by cutting schools and hospitals. NATO removes its gloves and reveals what it has always been: a mafia selling protection in exchange for participation in defense spending. To function, it must generate insecurity to sell protection—arms purchases largely from the U.S. A progressive transition from welfare state to fear state.
Argentina is again the peripheral mirror: it is not militarized to grow but dismantled to pay. It adjusts to pay debt as Europe adjusts to buy weapons. In both cases, social reproduction is sacrificed, resentment grows, and the hegemonic center asks for patience and “responsibility” while offering no life project. This is post-necropolitics.
6) Energy and Absurdity: Fracking as an Allegory of Extinction
The energy circuit is the perfect allegory: block cheap gas and replace it with gas that must cross oceans, be regasified, and pushed eastward. This accelerates climate catastrophe—literally.

Argentina enters via Vaca Muerta as promise and trap. Milei presents extractivism as destiny, without industrial policy, without energy transition, without technological sovereignty. Energy export without country project—precisely as the world moves toward electrification and renewables under Chinese dominance. Betting on exclusion from the future.
7) China and “Flipping the Board”: The Right Confesses Its Strategy
Trump’s premise is simple: if renewables remain under Chinese dominance, the future is Chinese. Therefore, double down on oil and gas, secure fossil producers, sanction, tariff—delay. The future is Chinese.
Milei’s posture is not incoherent but desperate. He aligns ideologically and financially, placing Argentina in a ridiculous position: it needs to trade with everyone while insulting structural partners. Foreign policy becomes performance.
8) Non-Romantic Anti-Imperialism and the Argentine Lesson
Iran and Israel have long been central to Argentine foreign policy at the deep-state level. The embassy and AMIA bombings were not battles of heroes and villains but the start of Argentina as a laboratory.
To speak of Iran requires two moves: criticize the theocratic regime and defend sovereignty against imperial intervention. The 1953 Mosaddegh coup shows how intervention creates monsters and later uses them as pretext.
Argentina knows this logic: dictatorship, torture, debt, conditionality, “reforms” destroying state capacity. Colonization can be financial and political. Milei makes it more efficient by turning subordination into freedom.
9) When Conversation Is Blocked, Fascism Wins
If we treat discontented voters as fascists by essence, we hand them to fascism. Trump and Milei should be called what they are: authoritarian, cruel, dangerous—and prosecuted. But Milei voters are recovered with material politics: health, housing, work, security—and slow political education.
Progressive moralization turned every conversation into accusation. When conversation is blocked, streamer fascism converts rage into obedience.
10) In Summary: Capitalism Has Collapsed—and Is in Panic
Trumpism and Milei-ism are two faces of the same phase: capitalism without a future. One has imperial power and financial logic; the other peripheral precarity and fanaticism. Both sustain privilege through monetary hegemony, geopolitical extortion, and culture war.
The exit is not nostalgia or moralism. It is material politics, organization, and the decisive question: who owns and governs technology, energy, institutions, and surplus.
To be continued.
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