Juliana Awada viene a “trabajar” a Paris y London
El Cañete Streaming Diario de ayer, jueves 12, estuvo dedicado a analizar algo que, a primera vista, podría parecer simplemente lifestyle: la cuenta de Instagram de Juliana Awada, ex primera dama argentina. Pero cuando una figura pública con más de dos millones de seguidores decide construir una narrativa visual tan específica sobre sí misma, ya no estamos simplemente frente a fotos bonitas. Estamos frente a una puesta en escena cuidadosamente curada.
Hoy, la protagonista será Elina Costantini. El análisis estará centrado en la presentación de su casa en Punta del Este y una declaración de amor que quizá diga menos sobre la realidad de una pareja que sobre la necesidad de reafirmarla constantemente. 📺 Cañete Streaming Diario — todos los días a las 22:00 YouTube → @CaneteUK Suscribite al canal y al blog. Es gratis.
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Lo primero que llama la atención es el tono de los comentarios de sus seguidores. El patrón es casi ritual: una repetición constante de la idea de que Awada habría sido “la mejor primera dama de la historia”. Esa insistencia funciona casi como un mantra colectivo. Pero ese fenómeno probablemente diga más sobre la Argentina que sobre Awada misma. Habla de una nostalgia estética del macrismo, donde la figura de la primera dama quedó asociada a una imagen de orden, elegancia y civilidad que muchos de sus seguidores parecen añorar. Sin embargo, el análisis interesante no está tanto en esos comentarios como en las imágenes que ella misma decide publicar.

Instagram Manipulado con Dos Millones de Seguidores
Las fotos que analizamos en el streaming pertenecen a su paso por la Semana de la Moda de París, en octubre pasado. La secuencia está curada de manera muy precisa. Todo sugiere una proximidad con el universo Dior: encuadres donde la marca aparece destacada, detalles visuales que insisten en los anagramas, una atmósfera general de lujo cuidadosamente construida. Pero cuando se observa con atención aparece un detalle significativo: el vestido que utiliza sigue el mismo patrón que vimos en el cumpleaños de Leo Mateu, es decir, dos piezas con transparencia. Un vestido translúcido que deja ver claramente el corpiño y el bombachón. No es una elección menor. Cuando se lo compara con la tradición reciente de primeras damas europeas —por ejemplo Brigitte Macron, que mantiene una estética extremadamente disciplinada dentro de la sastrería francesa clásica— aparece inevitablemente la pregunta sobre el decoro institucional de una ex primera dama que sigue siendo una figura pública.

La narrativa visual sugiere además que Awada habría sido invitada a una cena especial de Dior en el Ritz. Sin embargo, cuando se analizan las imágenes con detenimiento aparecen indicios de otra cosa. La disposición de la mesa, el arreglo floral con estética patagónica y la ubicación del grupo cerca de la zona de servicio del restaurante sugieren más bien una cena privada organizada por ella misma para un grupo de amigos. A pesar de eso, la curaduría de las fotos insiste en otro relato: los encuadres subrayan repetidamente los anagramas del Ritz y de Dior, como si la escena necesitara reforzar constantemente su vínculo con esas marcas. En vivo, en cualquier restaurante europeo de alto nivel, enfatizar obsesivamente el logotipo de los platos o de la vajilla se percibiría como algo incómodo, casi un papelón. Pero en Instagram funciona como señal visual: lujo, marca, pertenencia.

Hay otra imagen particularmente reveladora. Awada aparece comiendo con su hija en el Ritz, y nuevamente el encuadre insiste en que el plato muestre claramente el anagrama del hotel. Cuando un gesto visual se repite tantas veces deja de parecer casualidad y empieza a revelar una estrategia narrativa. La escena parece menos una documentación espontánea de una cena y más una construcción deliberada de estatus pero de a golpes de branding.
The Connaught
La secuencia continúa luego en Londres, donde el mensaje se vuelve todavía más inquietante. Awada aparece saliendo de una casa georgiana cercana a Berkeley Square. Para quienes conocen Londres, ese detalle es significativo: en esa zona se concentran numerosas firmas de wealth management y banca de inversión. El edificio específico desde el cual parece salir corresponde justamente a una firma de gestión patrimonial. Ese dato adquiere otra dimensión cuando se lo coloca en el contexto argentino actual, con niveles de desempleo récord y en parte vinculados a las políticas económicas del gobierno de su propio marido, Mauricio Macri. La imagen, entonces, deja de ser simplemente lifestyle y empieza a rozar una cierta impudicia social.

Otro detalle visible para quienes vivimos en Londres es el ángulo desde el cual están tomadas las fotos, tanto de día como de noche. Ese encuadre sugiere con bastante claridad que Awada está alojándose en The Connaught, uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad, donde las habitaciones pueden costar fácilmente tres mil libras por noche. Todo esto vuelve a plantear la pregunta central: ¿qué narrativa intenta construir Awada en su cuenta de Instagram y es consciente de sus propias limitaciones tanto intelectuales como institucionales?
Porque lo que aparece allí no es simplemente una serie de fotos personales. Es una construcción de identidad. La cuenta parece aspirar a una mezcla de aristocracia lifestyle, embajadora informal de moda internacional y figura aspiracional del bienestar. Algo que recuerda al modelo de Gwyneth Paltrow. El problema es que ese tipo de posicionamiento requiere algo más que imágenes cuidadas: requiere una trayectoria profesional que legitime esa narrativa. Incluso Meghan Markle, con una carrera actoral global, ha tenido enormes dificultades para sostener ese tipo de posicionamiento público.

En el caso de Awada ocurre algo curioso. La curaduría obsesiva de las imágenes produce el efecto contrario al que busca. En lugar de transmitir seguridad, transmite inseguridad. En lugar de transmitir elegancia natural, transmite una ansiedad constante por demostrar pertenencia. El resultado es una estética que oscila entre el lujo aspiracional, el mal gusto y cierta forma de impudicia social.
El Cañete Streaming Diario continúa esta noche con otro episodio dentro de ese mismo universo de sociabilidad argentina. La protagonista será Elina Costantini, esposa de Eduardo Costantini, fundador del MALBA y desarrollador de Nordelta. El análisis estará centrado en la presentación de su casa en Punta del Este y en una dedicatoria amorosa publicada en Instagram que se repite casi como un mantra público. Una declaración de amor que quizá diga menos sobre la realidad de una pareja que sobre la necesidad de reafirmarla constantemente.
📺 Cañete Streaming Diario — todos los días a las 22:00 (hora Buenos Aires) YouTube → @CaneteUK Suscribite al canal y al blog. Es gratis.




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