La Meritocracia del Macrismo en clave Lazaro Costa y un Macri más Peligroso que Nunca
El stream de ayer dejó algo muy claro: el relanzamiento del PRO se construyó sobre una meritocracia tecnocrática que gira en loop, entre autocelebración estética y soluciones mágicas con inteligencia artificial. La previa parecía una transmisión deportiva. Comentaristas hablando entre sí, “qué hombre” (refiriéndose, increíblemente a Macri), “somos gente linda”, “no somos solo caras bonitas, también formados”…. “Este es un partido de gente linda”. Celebrando que el “gobierno de CEOs” era una ventaja y considerándose “formados”. La política convertida en comentario, en complicidad, en un código cerrado que se valida solo. Mientras tanto, globos, música, pantallas LED, drones y flashes permanentes que fragmentaban la atención y convertían el acto en una sucesión de estímulos sin escena central.
El stream de ayer dejó algo muy claro: el relanzamiento del PRO se construyó sobre una meritocracia tecnocrática que gira en loop, entre autocelebración estética y soluciones mágicas con inteligencia artificial. La previa parecía una transmisión deportiva.
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PRO 2.0: Inteligencia Artificial como Excusa del Retiro Efectivo del Estado
Después entran los cuadros técnicos y aparecen las pavadas macristas más serias o, algunas de ellas. La inteligencia artificial como solución universal: que el que no sabe pueda gobernar igual, que cualquier funcionario pueda ser bueno si tiene acceso a datos, que el gap entre formación y no formación se reduce con tecnología. Es una fantasía. La IA no reemplaza criterio, no reemplaza experiencia, no reemplaza estructura estatal. Pero funciona como promesa tranquilizadora: no hay conflicto, no hay desigualdad, no hay burocracia real, solo falta optimizar. Es meritocracia con interfaz.
Después entran los cuadros técnicos y aparecen las pavadas macristas más serias o, algunas de ellas. La inteligencia artificial como solución universal: que el que no sabe pueda gobernar igual, que cualquier funcionario pueda ser bueno si tiene acceso a datos, que el gap entre formación y no formación se reduce con tecnología.
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Y además no la quieren usar de un modo acotado o razonable, por ejemplo para tareas administrativas muy específicas, atención al usuario o automatización de trámites repetitivos. La presentan como si pudiera suplir la formación del empleado público, reemplazar mediaciones institucionales y convertir a cualquier funcionario en un buen funcionario solo porque accede a una base de datos o a una plataforma. Ahí está el núcleo del problema. No están pensando la IA como herramienta auxiliar sino como atajo para saltearse la complejidad del Estado real: la desigualdad territorial, la cultura burocrática, la falta de cuadros, la experiencia acumulada y, sobre todo, el conflicto social. Más que modernizar el Estado, imaginan un Estado en el vacío, sin espesores humanos y sin empleados concretos, gobernado por dashboards, asistentes y sistemas “inteligentes”. Tal vez, porque fueron bastante eficaz en vaciarlo.
Más que modernizar el Estado, imaginan un Estado en el vacío, sin espesores humanos y sin empleados concretos, gobernado por dashboards, asistentes y sistemas “inteligentes”. Tal vez, porque fueron bastante eficaz en vaciarlo.
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Merkel Balanceándose al Son del Tango como Logro de Política Exterior
La diplomacia no queda afuera de esa lógica. El gran ejemplo de política exterior que dio un pejerto que preocupante tuvo un cargo de jerarquía en Cancillería es el G20 en el Colón, y el recuerdo que lo acecha de Merkel moviendo los hombros mientras suena música argentina. No hay doctrina, no hay estrategia, no hay conflicto geopolítico. Hay espectáculo. Incluso cuando aparece Irán o la alianza con Israel, el lenguaje sube en gravedad pero no hay una posición alternativa: se nombran problemas globales para reforzar una identidad técnica y responsable, no para discutir política exterior real.
La diplomacia no queda afuera de esa lógica. El gran ejemplo de política exterior que dio un pejerto que preocupante tuvo un cargo de jerarquía en Cancillería es el G20 en el Colón, y el recuerdo que lo acecha de Merkel moviendo los hombros mientras suena música argentina. No hay doctrina, no hay estrategia, no hay conflicto geopolítico. Hay espectáculo.
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En ese contexto, el fantasma de los Panama Papers aparece como lo que es: el punto ciego de esta meritocracia. Y un papelito nunca abandonó al Mauri durante todo su discurso. La idea de que la capacidad técnica legitima todo, incluso cuando hay opacidad, incluso cuando hay privilegio, incluso cuando hay estructuras offshore. Meritocracia en Google Loop: datos, dashboards, inteligencia artificial, cuadros técnicos, autocelebración estética y una política que se imagina a sí misma como neutral mientras reproduce una identidad de clase bastante evidente.
En ese contexto, el fantasma de los Panama Papers aparece como lo que es: el punto ciego de esta meritocracia. Y un papelito nunca abandonó al Mauri durante todo su discurso.
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📺 Esta noche, 22 hs. Analizamos dos escenas que dicen mucho más que un discurso: las vejeces de Lula y Lilita Carrió. Dos cuerpos atravesados por el poder, dos maneras completamente distintas de habitar la tercera edad, dos formas de responder a la exigencia de elegancia, autoridad y desgaste que impone el tiempo político.
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No es solo biografía ni coyuntura. Es estética del poder. Cómo envejece un líder que vuelve con control del aparato y cómo envejece una figura que se desplaza hacia la performance moral. Postura, voz, gestualidad, solemnidad, exceso, ironía: la tercera edad como lenguaje político.

Vamos a leer esas diferencias en vivo, comparando estilos, cuerpos y modos de autoridad. Lula y Carrió como dos modelos opuestos de vejez política y dos respuestas a la misma pregunta: qué pasa cuando el poder atraviesa un cuerpo durante décadas. 📺 En vivo hoy, 22 hs.




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