La hipótesis es simple: Adorni ya no puede funcionar sólo como Eco, como esa voz gris que ama a Narciso. Si ocupa un lugar más alto dentro del gobierno, necesita volverse parte de la imagen misma del poder y reflejarse en el “Deep State”.

La hipótesis es simple: Adorni ya no puede funcionar sólo como Eco, como esa voz gris que ama a Narciso. Si ocupa un lugar más alto dentro del gobierno, necesita volverse parte de la imagen misma del poder y reflejarse en el “Deep State”.

Y ahí aparece la necesidad de corrupción del mediocre, no necesariamente como escándalo monumental, sino como ritual de acceso, cercanía, beneficios, signos de estatus, legitimación material en un Estado Dual. Hoy, vamos a pensar esa mutación estética y política del mediocre ascendido, del rostro obediente de un régimen que necesita voces y no sujetos pero que, paradójicamente, desconfía de ellos y eleva a los que no pueden ascender porque la mediocridad se les nota demasiado.

Hoy, vamos a pensar esa mutación estética y política del mediocre ascendido, del rostro obediente de un régimen que necesita voces y no sujetos pero que, paradójicamente, desconfía de ellos y eleva a los que no pueden ascender porque la mediocridad se les nota demasiado.

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Hoy a las 22 hs en el streaming vamos a meternos con Manuel Adorni desde un ángulo bastante más interesante que la denuncia fácil. No me interesa sólo la corrupción como delito, sino la corrupción del mediocre: la del funcionario que no crea poder, pero se transforma al recibirlo.

Hoy a las 22 hs en el streaming vamos a meternos con Manuel Adorni desde un ángulo bastante más interesante que la denuncia fácil. No me interesa sólo la corrupción como delito, sino la corrupción del mediocre: la del funcionario que no crea poder, pero se transforma al recibirlo. No el gran estratega, sino el ascendido obediente. No el que gobierna, sino el que presta la voz y, al ascender, necesita convertir esa voz en pertenencia real dentro de un régimen de millonarios, operadores y privilegios.

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