Hoy a las 22 hs (Argentina) el streaming entra por un problema conceptual que vuelve a aparecer frente a Gaza: cómo nombrar la violencia estatal. ¿Genocidio, terrorismo de Estado, apartheid? El debate no es retórico. En Argentina esta discusión atraviesa los memory studies desde hace décadas. Autores como Hugo Vezzetti cuestionaron el uso del término genocidio para la dictadura, señalando que el terrorismo de Estado argentino buscó disciplinar la sociedad mediante desaparición, tortura y detención ilegal, pero no la destrucción de un grupo étnico o religioso. Esa distinción vuelve hoy cuando se intenta clasificar la violencia contemporánea en Gaza y el lenguaje empieza a desplazarse entre categorías que no son equivalentes.

Hoy a las 22 hs (Argentina) el streaming entra por un problema conceptual que vuelve a aparecer frente a Gaza: cómo nombrar la violencia estatal. ¿Genocidio, terrorismo de Estado, apartheid? El debate no es retórico.

Desde ese problema conceptual, el streaming pasa a un caso concreto: la controversia que involucró a la Major General Yifat Tomer-Yerushalmi y las denuncias de tortura sexual bajo custodia israelí. El punto no es el escándalo en sí, sino lo que revela: la dificultad de investigar abusos cuando la justicia depende del mismo aparato militar acusado. Ahí aparece el problema de la impunidad estatal y de la violencia sexual como forma extrema de humillación y quiebre del detenido, una práctica que históricamente surge en contextos de detención sin control judicial efectivo.

A partir de ese caso, el análisis se desplaza al informe de Naciones Unidas que documenta denuncias consistentes de violencia sexual, malos tratos y detención arbitraria contra palestinos bajo custodia israelí. El informe introduce además el debate sobre apartheid, no sólo como segregación territorial sino como régimen desigual de derechos y dominación sostenida. La discusión entonces vuelve al punto inicial: qué categoría permite pensar estas prácticas sin banalizar ni confundir procesos históricos distintos. En la víspera del 24 de marzo, la pregunta es inevitable: cómo se nombran hoy las violencias estatales y qué ocurre cuando el lenguaje de la memoria —genocidio, Holocausto, terrorismo de Estado— vuelve a ponerse en juego frente a informes contemporáneos.

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Desde ese problema conceptual, el streaming pasa a un caso concreto: la controversia que involucró a la Major General Yifat Tomer-Yerushalmi y las denuncias de tortura sexual bajo custodia israelí. El punto no es el escándalo en sí, sino lo que revela: la dificultad de investigar abusos cuando la justicia depende del mismo aparato militar acusado. Ahí aparece el problema de la impunidad estatal y de la violencia sexual como forma extrema de humillación y quiebre del detenido, una práctica que históricamente surge en contextos de detención sin control judicial efectivo.

A partir de ese caso, el análisis se desplaza al informe de Naciones Unidas que documenta denuncias consistentes de violencia sexual, malos tratos y detención arbitraria contra palestinos bajo custodia israelí. El informe introduce además el debate sobre apartheid, no sólo como segregación territorial sino como régimen desigual de derechos y dominación sostenida. La discusión entonces vuelve al punto inicial: qué categoría permite pensar estas prácticas sin banalizar ni confundir procesos históricos distintos. En la víspera del 24 de marzo, la pregunta es inevitable: cómo se nombran hoy las violencias estatales y qué ocurre cuando el lenguaje de la memoria —genocidio, Holocausto, terrorismo de Estado— vuelve a ponerse en juego frente a informes contemporáneos.

Hugo Vezzetti cuestionó el uso del término genocidio para la dictadura, señalando que el terrorismo de Estado argentino buscó disciplinar la sociedad mediante desaparición, tortura y detención ilegal, pero no la destrucción de un grupo étnico o religioso. Esa distinción vuelve hoy en Gaza y el lenguaje empieza a desplazarse. Hoy 22 hs. Suscribite al canal y, si querés acceder a cursos y contenido exclusivo, podés hacerte miembro.

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