Hoy a las 22 hs, como siempre, en La Mala Educación, voy a dedicar el streaming a una discusión incómoda pero necesaria: cómo, desde 1983 hasta hoy, la memoria de los horrores perpetrados por el terrorismo de Estado iniciado el 24 de marzo de 1976 —y prolongado hasta el colapso del régimen tras Malvinas— fue progresivamente capturada, administrada y reinterpretada por distintas élites políticas, culturales y mediáticas. La visibilidad internacional alcanzada por las Madres de Plaza de Mayo y la instalación del problema de los desaparecidos abrieron un campo de legitimidad moral enorme. Pero ese capital simbólico no quedó distribuido de manera horizontal: con el tiempo, fue apropiado, institucionalizado y convertido en recurso de autoridad por sectores que pasaron a hablar en nombre de la memoria.

En el streaming voy a discutir cómo esa memoria, originalmente ligada a la experiencia directa del terror, se transformó en una memoria heredada, mediada y muchas veces usufructuada por generaciones posteriores. Y ahí quiero detenerme también en casos concretos: el de Ariel Lijalad, el de Agustina Carri por el lado progresista, y el de Cristina Guzmán por el lado ultraderechista.
Lo que me interesa marcar no es un detalle biográfico, sino el modo en que la herencia del terrorismo de Estado fue transmitida, capitalizada y reutilizada en el espacio público por hijos, herederos, intérpretes y administradores de esa memoria. No sólo por la generación que padeció ese terror, sino también por quienes construyeron identidad, prestigio o legitimidad política y cultural a partir de esa herencia.
Al mismo tiempo, quiero poner el foco en quienes quedaron fuera de ese gran relato: la clase media, los militantes de base, los llamados entonces perejiles, que padecieron la represión, el miedo, la censura, la devastación de la vida cotidiana y la arbitrariedad del aparato represivo, pero no ingresaron plenamente en la narrativa monumental de la memoria. Y también, por supuesto, en las minorías sexuales, prácticamente borradas de la memoria pública dominante del período, pese a haber sido blanco de persecución, violencia policial y marginación estructural. El resultado es una memoria parcial, jerarquizada, donde ciertos sujetos quedaron investidos de centralidad y otros fueron desplazados, reducidos o directamente olvidados.

El streaming de hoy propone revisar críticamente ese proceso: cómo se construyó la memoria del terrorismo de Estado desde 1983, quiénes la administraron, quiénes la heredaron, quiénes hablaron en su nombre y quiénes quedaron afuera. Los espero hoy a las 22 hs. Suscríbanse al canal, no se olviden de poner like, y quienes quieran participar en mis cursos y acceder a contenido exclusivo pueden hacerse miembros en el área de membresía de La Mala Educación, mi canal de YouTube.




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