Dice el miembro de la Comunidad de La Mala Educación lo siguiente (y, a modo de resumen, inteligentísimo) respecto al Cañete & Co. Streaming referido al Psicoanálisis Argentino: ‘Propongo un análisis crítico del agotamiento de la cultura judeocristiana en el Cono Sur, tomando como eje el 50.º aniversario del golpe de Estado y la gestión biopolítica de la epidemia del VIH. Se postula que el sistema de amparo tradicional ha mutado en una maquinaria de amnesia administrada, donde el psicoanálisis y la psiquiatría operaron como una nueva moral de la interioridad. Al desplazar el conflicto desde el cuerpo social hacia un «fantasma individual», estos dispositivos facilitaron una transferencia de autoridad: el analista heredó del sacerdote el lugar del «Sujeto Supuesto Saber», convirtiendo la tragedia política en un síntoma privado y neutralizando la potencia reparadora del duelo colectivo’. Ese análisis se viene.

El debate se generó por un comentario que yo hice el 24 de Marzo diciendo que el Psicoanálisis fue un mecanismo de disciplinamiento favorecido por la Dictadura Militar para aislar, contener y ademas, mantiene la forma y estructura confesional de la relación entre sacerdote y fiel. Esto generó la respuesta de una psicoanalista de la comunidad de La Mala Educación llamada Natalia Peart con la siguiente posición:

“¿Es el psicoanálisis un espacio de adoctrinamiento, un confesionario, donde lo que se sostiene es el bien decir, solo para unos pocos , destinado a una élite y al control social? Con respecto al planteo, del psicoanálisis como continuidad de la confesión religiosa, pero laica, me interesa ubicar el hecho de que aunque ambos ocurren en el ámbito privado y protegidos por el “secreto» habría diferencias. Por la vía de la confesión el cura como juez intermediario y vehículo de Dios, se erige como autoridad, lugar de saber y verdad, certeza.

Imparte una penitencia, para limpiar los pecados exaltando así la culpa y la obediencia del confesado. En el Psicoanálisis, la dinámica entre el analista y el analizante, se articula en la transferencia, podría decirse que la misma opera adecuadamente, en la medida que se le “supone un lugar de saber” al analista. Esta suposición se sostiene solamente por la vía de

la escucha. La escucha implica alojamiento de un discurso, de un acto, de un síntoma, donde quien padece tiene la palabra y la verdad de su lado. La función del analista es la de subrayar el discurso del paciente, ayudándolo a asociar con su inconsciente, sin ejercer como figura de poder, se valora lo que no encaja lo que queda por fuera del sentido del ideal . No se trata de contener/dirigir, mucho menos juzgar, la culpa y la moral quedan en

suspenso.

En este sentido si se ubica algo del sujeto y su singularidad es más bien por la vía del síntoma, aquello de lo que se padece,y en el síntoma se aloja, se representa, la época y el lazo social. Podríamos decir que el malestar en la cultura, puede ser visto como la cohesión de la masa respecto de un ideal, con las consecuencias alienantes y de sumisión que el ideal propone. A su vez el síntoma también está sujeto a la lógica del mercado, el intento de uniformar los modos de cada quien, para taponar su angustia, o sea, donde las cosas no andan por la vía del sentido. El desafío del psicoanálisis es abordar fenómenos que tienen que ver con la

desintegración del deseo, lo que causa, empuja, interesa y aviva. No tiene un objeto y una materialidad definidas, es una causa ambivalente, donde ninguna regla vale para todos,y donde el lazo al otro, el amor, y la diferencia singular, están presentes al mismo tiempo.

Lo complejo y desafiante es pararse como analista frente a la homogeneización de la época, estar a la altura de una clínica, que se la tiene que ver con la ausencia de límites, el rechazo a la contingencia, lo no calculado, el exceso y la garantía de satisfacción. En cuanto a la “Privatización del problema” el Psicoanálisis trabaja a nivel personal pero lo hace siempre desde lo que emerge a nivel social, eso no quiere decir que su fin sea el de adaptar sujetos para encajarlos en la sociedad, sino más bien, que la realidad les sea tolerable en su propia singularidad.

En contraposición a lo mencionado, la falta ética de algunos profesionales, que comulgan en la capilla del snobismo y el elitismo, a veces tentados por su propio ego, incurren en ostentar un poder y un manejo de la escena, que atenta contra la integridad del sujeto y de la practica analitica.

El valor del psicoanálisis radica en hacer coexistir en el mismo espacio dos saberes, dos lugares, que son irremediablemente distintos. Cuando el saber del analista se antepone al del paciente, inoculando sugestiones, directivas, imposiciones e intervenciones autorreferenciales, se produce un estrago, un atropello, que no constituye una característica de la práctica analítica per se.”

Mi respuesta y el debate posterior, en este recording del streaming:

la mala educación del Corcho rodriguez puede ser vista aquí

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