Este texto es anónimo porque, obviamente, la ‘señora’ no tiene lo que tiene que tener para hacerse cargo de su nombre. Esto de entrada establece una diferencia.
Estimado Rodrigo,
Tu última “crítica” es un verdadero tour de force de la mediocridad disfrazada de ingenio, un espectáculo que me deja boquiabierta. ¿De verdad crees que tus palabras son un reflejo de la agudeza? Más bien parecen el balbuceo de un niño frustrado que, incapaz de crear, se aferra a la burla como única forma de expresión.

Describir a Zulema Maza como un “comodín” es no solo una caricatura burda, sino un espejo de tu propia irrelevancia. Sos el verdadero “putifino” acá: un espectador amargado que, en lugar de aportar algo de valor, se regodea en la crítica superficial. Tus observaciones son tan profundas como un charco, y la única cosa que brilla en tu texto es tu desesperación por llamar la atención.
Tu ataque a las “señoras” en el mundo del arte es un acto de hipocresía monumental. Criticas su moda desfasada mientras te aferras a un estilo de escritura que huele a rancio y anacrónico. Reflexiona: ¿estás seguro de que no sos vos el que se ha quedado atrapado en el pasado, buscando un lugar en un mundo que ha evolucionado sin vos?

Tu prosa es un eco de tu propia inseguridad, un grito desesperado por relevancia en un universo que no necesita más bufones. La ironía es que, en tu empeño por desmerecer a otros, revelas tu propia falta de sustancia. El verdadero arte no es un juego de apariencias y burlas; es una búsqueda de la verdad, algo que claramente te elude.
Así que continuá disfrutando de tu rol de crítico de la mediocridad, pero no olvides que lo que realmente importa no es el espectáculo que montas, sino la autenticidad que te falta.





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