
Sin embargo, el slip negro ha trascendido sus orígenes utilitarios y adquirió significados más complejos. Se lo asoció con un tipo de estética más minimalista, a menudo vinculada con la sensualidad oculta, lo masculino en su forma más “primitiva” (Tarzán) mientras se reinvindicaba, al mismo tiempo, la visibilidad sexual. A partir de la década de los 60, el slip negro comenzó a resolver esto pasando del fetichismo fascista reivincidado en al foto por Alexis Minkiewicz para verse ya no solo como ropa interior, sino como una prenda que cuestiona la paradoja de ocultamiento y exposición.

Pero acá tenemos al slip negro inserto en el medio del mundo el arte argentino con dos figuras, en cierta forma, aunque esto no sea un gran halago, celebradas por el establishmente: Charly Herrera como haciendo en ‘colaboracion’ con la empresa calzoncillera ‘Ave Misera’ y usando como modelo a un personaje muy vinculado con la erotizacion del mundo arte por razones que cada vez son mas dificiles de entender.
A primera vista, el artista que decide usar este tipo de calzoncillo – un slip negro de corte cabado, profundo, ajustado al cuerpo – no solo está haciendo una afirmación estética sobre su propia corporalidad, sino que también está participando en una conversación más amplia sobre el control, la visibilidad y el deseo. En este sentido, el slip negro se convierte en un símbolo del cuerpo sometido al orden social y al mismo tiempo, a su vez, liberado de las convenciones que normalmente lo limitan. El cabado profundo, que deja ver y oculta a la vez, es un acto de tensión: no se trata solo de la prenda, sino de lo que esa prenda dice sobre las estructuras de poder, sobre el cuerpo que se presenta al espectador y sobre la relación entre el arte y la intimidad.

Es indudable que en este contexto, el slip negro puede verse como una provocacion silenciosa, una declaración de lo que se muestra y lo que se oculta, reflejando la tensión entre el arte conceptual y la exposición personal. Es en ese espacio intermedio de Minkiewicz ‘modelo erotico de pagina 8 con aspiraciones de revista Butt’ y ‘fetichista Gordon Dan’ done lo que vemos ya no es body art sino algo mas politico, en el sentido mas amplio de la palabra. El fetichismo es fachista y apunta al S&M sin animarse lo que, en el contexto Argentino, habla de otro tipo de fetichismo en el arte argentino que es, como dijo Bill Arning: ‘En Argentina, los gays del mundo del arte, no cogen sino que hablan de coger’. Esto no tiene que ver con el exhibicionismo y el ocultamiento; con los limites entre lo privado y lo publico; sino con un reclamo de masculinidad comprometida que parte de lo que podriamos considerar como homofobia internalizada mileista. Este es un cuerpo que se resiste a ser entendido simplemente en términos de lo masculino o lo erótico sino que se convierte en una manifestación visual de lo visible y lo invisible, de lo que se ofrece al espectador y lo que permanece implícito… eternamente. Es un alegoria envejecida de la histeria argentina en el mundo del arte; de cuya duracion depende la compra. Esto es algo que dije muchas veces en el blog de manera mas directa pero es equivalente a la prostitucion de bares en la que el momento de la consumacion se estira.
Pero si bien este slip es una prenda imponible por lo nerd y noventosa que, por su propia forma está destinada a permanecer oculta; el cuerpo semi-deformado de Miskiewicz que está afeado por la luz y las cortinas, se convierte en un punto de choque entre lo que está permitido mostrar y lo que debe permanecer en las sombras. Y, tal vez, eso es lo que realmente le otorga su valor en el arte: no es simplemente un accesorio más, sino una prenda que lleva consigo una historia de cambios culturales, de redefiniciones de lo privado y lo público, y de una constante reescritura de las normas de la representación del cuerpo. El problema de este artista es que lo que hace con la exhibicion y el ocultamiento, tambien lo hace con el humor y la seriedad. Todo esto debe ser registrado dentro del discurso del distanciamiento posmoderno que otorga la ironia pero los tiempos no dan para eso.
Alexis Miskiewicz es un artista cuya obra transita los límites de la representación de la identidad, la subversión de las convenciones y el supuesto cuestionamiento de las estructuras de poder. Debemos creer que esta presentacion precarizada de su cuerpo en decadencia es deliberada o realmente se cree lindo? Es esto ironía posmodernista o realismo narcista? En un contexto donde las fronteras entre lo personal y lo público se desdibujan constantemente, Miskiewicz ha logrado posicionarse como una figura que manipula esas líneas pero lo que no queda claro es si lo hace de forma critica porque saca provecho expicito del alineamiento con el poder o, mejor dicho, con los miembros de la elite que hoy cuestionan el numero de desaparecidos.
Algo a favor de Miskiewicz es su capacidad para integrar la estética del consumo y la moda en su práctica artística, sin perder de vista la cultura de masas o lo que el cree son las masas: Instagram o Maria Paula Zacharias en La Nación. La pregunta es cómo ese tipo de asociacion aportan a un elemento critico en un momento en el que el Gordon Dan y Elon Musk celebran la estetica nazi. La vocacion de Minkiewicz y Herrera por la superficialidad y el vacio la representation y la intersubjectividad a traves de la cultura pop y el marketing son, hoy por hoy, en la Argentina, herramientas de interpelacion critica? La colaboración con la marca de calzoncillos juega con la intersección entre arte y publicidad como plataforma para discutir el cuerpo y la identidad y desafíar las expectativas de lo que se supone que un artista ‘debería’ hacer?
Si tengo que darle el beneficio de la duda, tengo que coloca a Miskiewicz dentro de una tradición de artistas como Richard Prince que exploran el papel del arte en la sociedad de consumo. Pero lo que diferencia a Miskiewicz de Prince, por ejemplo, es su enfoque en la identidad sexual y el cuerpo, temas que, como señala la teoría queer, son profundamente políticos. Al colocar su imagen y su cuerpo en la misma línea de fuego que las campañas publicitarias, se apropia de su propia representación, como “deseable” y “masculino”. Esto lo separa de la tradicion de la ‘loca latinoamericana’ y lo coloca aun mas cerca de los ideales masculinistas de Santiago Caputo. Como de costumbre Miskiewicz se alinea con el poder.
Por otro lado, Miskiewicz juega con el concepto de visibilidad en la era digital. Al mostrarse posando con calzoncillos negros bastante pateticos por lo ‘masculinisticamente gays’; en una plataforma que está llena de imágenes de cuerpos normativos y comerciales, Miskiewicz no pone en evidencia la artificialidad de esas representaciones sino que se suma a ellas. No invita al espectador a cuestionar las expectativas que la sociedad tiene sobre la sexualidad y el cuerpo gay sino que se somete a un mandato anti-femenino.
En resumen, Alexis Miskiewicz no solo se presenta como un artista visual, sino como un agente de reafirmacion del statu quo identitario de la era MAGA





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