Alejandra Osorio, además de amiga personal es una scholar de fuste de cultura política en el mundo de los Habsburgo Españoles y una especialista reconocida en historia colonial; ademas de Chair del Departamento de Historia del Wellesley College que, si no me equivoco, es a donde fue Hillary Clinton. Su reacción a mis comentarios sobre la marcha del 24 Marzo en donde trato de establecer una relación ‘balanceada’ entre la inaceptable ‘teoria de los demonios’ y las ‘jerarquias hacia adentro de la guerrilla con sus arreglos cupulares’; fueron contundentes.

Alejandra dijo: 

‘Es que las estructuras internas de los grupos de oposición a los militares es un problema distinto de las desapariciones y vejaciones cometidas por un Estado y sectores de la población terrorista y dictatorial. Y tratar de mezclar ambos en un análisis “balanceado” q es lo que entiendo en tu argumento, solo beneficia los terroristas de estado. El permitir “la versión” del opresor como legítima a ser expresada, escuchada y utilizada a la par con la de las víctimas del terrorismo de estado fue el gran error de la época de la post dictadura. Y así estamos, no solo en argentina sino en este país de M. Pero este tema no se puede discutir en un post de Facebook!’

Mi respuesta: 

Claro! Este tema merece más que una simple publicación en Facebook o una breve mención en la reaparición de mi blog; por ello, he decidido abordarlo aquí en profundidad.

El documental M de Federico Prividiera se centra en el período entre 1973 y 1976, pero no abarca los años de la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional. En cambio, se enfoca en los grises previos a ese período y cómo estos terminaron desembocando en el descontrol y la violencia extrema que, como plantea M, sorprendió tanto a la derecha como a la izquierda debido a la rapidez y magnitud de la masacre inicial, que descolocó a todos.

Recomiendo encarecidamente este documental, ya que establece paralelismos interesantes entre los acuerdos cupulares que precipitaron la situación fuera de control. Estos acuerdos autorizaron a las fuerzas armadas a desplegar una violencia inicial, legitimada a través de una teatralización de la lucha guerrillera. Es decir, la cúpula guerrillera pactó con ciertos sectores militares y paramilitares de Isabelita una paz basada en una masacre, lo que, lejos de calmar la violencia o generar una tregua, condujo a un incremento exponencial de la misma, resultando en los 30,000 desaparecidos.

Quisiera llamar la atención sobre un punto que, viniendo de una estudiosa de los Habsburgo, resulta interesante. Los Habsburgo fueron reconocidos por su benevolencia, aunque a menudo desdichados por la actitud de sus virreyes. Uno de los más cuestionados fue el virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete. Si no me equivoco, y tú eres la persona ideal para confirmarlo, no fue el único virrey acusado de corrupción. Sin embargo, el rey no podía destituir a los virreyes por corrupción, ya que eran reflejos del monarca y este, como soberano absoluto, poseía cierta infalibilidad.Lo que me preocupa respecto a las políticas de derechos humanos e identitarias promovidas por la academia, especialmente desde el feminismo (y aclaro que esto no es una acusación, además ser feminista es algo positivo), es que en ocasiones el debate se torna fetichista y ético. Plantear la política en términos de reconocimiento de derechos institucionales y democráticos desde una perspectiva ética es confundir política con ética. Tanto la política como la cultura están intrínsecamente relacionadas con el poder

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