Cubiertas hasta los ojos con frasaduchis, como dos prófugas de la historia, Patricia Bullrich y su acompañante que mata pobres no distribuyendo comida entre los pobres, viajan al funeral del Papa Francisco. No es el frío el que las hace taparse. Es la vergüenza de ser capturadas por la cámara riéndose: la vergüenza de haber convertido la política en represión, de haber apaleado jubilados en la calle mientras Francisco predicaba la dignidad humana por sobre los mercados.

Cubiertas hasta los ojos con frasaduchis, como dos prófugas de la historia, Patricia Bullrich y su acompañante que mata pobres no distribuyendo comida entre los pobres, viajan al funeral del Papa Francisco.

Viajan cómodas, protegidas, pero el confort no alcanza a tapar la crudeza de lo que representan: un país donde las balas se disparan contra los viejos que reclaman por su derecho a vivir, donde el bastón policial es más rápido que la Justicia, donde la pobreza es criminalizada y el dolor se gestiona como un “problema de seguridad”.

Francisco fue para ellas —y para todo lo que representan— una piedra en el zapato: un líder incómodo que hablaba de amor a los pobres mientras ellas firmaban protocolos de represión. Un Papa que denunciaba la “economía que mata” mientras ellas aplaudían la motosierra y el ajuste salvaje. Qué mierda hacen ahí?

Francisco fue para ellas —y para todo lo que representan— una piedra en el zapato: un líder incómodo que hablaba de amor a los pobres mientras ellas firmaban protocolos de represión.

Su presencia en el Vaticano no es un homenaje: es impostura. Van a posar para la foto. Van a simular un respeto que jamás practicaron. Van a buscar en la muerte de Francisco un capital (simbólico) que sus políticas jamás les permitirán construir en vida.

No van a despedir al Papa que abrazó a los descartados: van a intentar colonizar su cadáver. Porque su única forma de lidiar con la dignidad ajena es aplastarla, apropiársela, tergiversarla.

Pato y Peto no van a despedir al Papa que abrazó a los descartados: van a intentar colonizar su cadáver. Porque su única forma de lidiar con la dignidad ajena es aplastarla, apropiársela, tergiversarla.

Tapadas hasta los ojos, no solo se ocultan de la mirada ajena: huyen del espejo de su propia conciencia. Huyen del país que ayudaron a destruir. Huyen de los jubilados golpeados, de los pobres despreciados, de los jóvenes sin futuro. Viajan tapadas, porque cuando la historia escriba sus nombres, no habrá manta que alcance para ocultar el oprobio.


pato & peto: Shame Travels in Business Class


Covered up to their eyes with official blankets, like fugitives from history, Patricia Bullrich and her companion fly to Pope Francis’s funeral. It’s not the cold they are hiding from. It’s shame: the shame of having turned politics into repression, of having beaten pensioners in the streets while Francis preached human dignity over market interests.

They travel in comfort, protected, but no luxury can mask the brutality of what they represent: a country where bullets are fired at the elderly demanding their right to live, where the police baton moves faster than justice, where poverty is criminalized and suffering is managed as a “security issue.”

For them—and for everything they stand for—Francis was a thorn in the side: an uncomfortable leader who spoke of love for the poor while they signed off on repression protocols. A Pope who denounced the “economy that kills” while they applauded chainsaw policies and brutal austerity.

Their presence at the Vatican is not an act of tribute: it’s an act of imposture. They go to pose for the cameras. They go to fake a respect they never practiced. They go to scavenge symbolic capital from the death of a man whose life’s work they systematically undermined.

They are not there to mourn the Pope who embraced the discarded: they are there to colonize his corpse. Because their only way of dealing with dignity is to crush it, appropriate it, distort it.

Covered to their eyes, they are not just hiding from public gaze: they are fleeing the mirror of their own conscience. They are fleeing the country they helped destroy. They are fleeing the battered pensioners, the despised poor, the youth without a future. They travel covered up, because when history finally writes their names, no blanket will be enough to conceal their disgrace.

Una respuesta a «Pato y peto: La vergüenza con risitas all inclusive or two milei ministers on their way to the pope’s funeral: giggles all inclusive (eng)»

  1. Esta semana me enteré que habías vuelto, Rodrigo, gracias a una nota de Tamara Tenembaum, en el diario.ar.
    No te imaginás la alegría que siento.

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