El chisme es una práctica que desestabiliza y configura relaciones de poder. Es un “grooming” verbal que permite a los humanos consolidar estrategia de resistencia.

El chisme es más que simple entretenimiento. No es solo una forma de control social, sino también una práctica performativa que desestabiliza y configura relaciones de poder. Es un “grooming” verbal que permite a los humanos consolidar grupos más grandes que los de los primates, que sólo pueden establecer relaciones a través del contacto físico, pero también es una estrategia de resistencia. En espacios como Los Ángeles de la Mañana (LAM), el chisme no solo es contenido, sino también infraestructura: una red simbólica donde se negocian lealtades y se castigan traiciones. Aquí, las ‘angelitas’ no son simplemente panelistas, sino nodos de un sistema que se sostiene sobre el intercambio constante de información, rumores, fabricaciones y humillaciones públicas. Esta dinámica no solo refuerza jerarquías, sino que también crea espacios de pertenencia alternativos donde las identidades se reconfiguran constantemente, sobre todo en la decadente industria televisiva. 

En Los Ángeles de la Mañana (LAM), el chisme no solo es contenido, sino también infraestructura: una red simbólica donde se negocian lealtades y se castigan traiciones.

El ritual de reafirmación mediática en tiempos de austeridad 

La fiesta de los 10 años de LAM en el salón Jano’s no fue solo una celebración; fue un ritual mediático diseñado para consolidar el poder simbólico del programa y de su conductor, Ángel de Brito, en un contexto de crisis económica. En un momento en que América TV enfrenta problemas presupuestarios y la industria televisiva argentina se tambalea entre la irrelevancia y la bancarrota, esta fiesta fue una forma de administrar la escasez. Fue una coreografía de alianzas y traiciones cuidadosamente calculadas para maximizar el valor de cada abrazo, cada reconciliación y cada exclusión. En lugar de invertir en contenido innovador o en tecnología de vanguardia, América TV parece haber optado por una economía de la confrontación, donde cada escándalo es un pequeño préstamo de relevancia cultural que se paga con la humillación pública de sus empleados y colaboradores.

La fiesta de los 10 años de LAM fue una coreografía de alianzas y traiciones cuidadosamente calculadas para maximizar el valor simbólico de cada abrazo, cada reconciliación y cada exclusión.

Espacios predominantemente femeninos y dinámicas de poder en crisis

LAM es, ante todo, un espacio femenino, pero no necesariamente feminista. Las angelitas pueden tener voz y visibilidad, pero a menudo se las presenta como figuras conflictivas, temperamentales y emocionalmente inestables, atrapadas en una narrativa que las convierte simultáneamente en heroínas y villanas, protagonistas y caricaturas de sí mismas. Esta lógica de conflicto constante refuerza estereotipos de género, pero también crea un espacio donde las mujeres pueden ejercer poder simbólico a través del escándalo, la traición y la reconciliación pública. Una ilusión de protagonismo que depende de la precariedad económica del medio que las sostiene.

LAM es un espacio femenino, pero no necesariamente feminista. Las angelitas pueden tener voz y visibilidad, pero solo como histéricas y villanas.

La competencia como espectáculo en tiempos de austeridad

La fiesta de aniversario fue una reafirmación de esto. De Brito logró reunir a muchas de sus históricas angelitas para una foto grupal que fue tanto un gesto de reconciliación como una reafirmación de jerarquías. Yanina Latorre, Cinthia Fernández, Nazarena Vélez y Andrea Taboada (en video, aunque no en persona) posaron juntas en una imagen que condensó años de conflictos y alianzas en un solo encuadre. 

Aquí, las enemistades pasadas se reescriben como historias de superación, los conflictos se transforman en capital simbólico y las viejas enemigas se convierten en aliadas estratégicas para el espectáculo. Pero este capital simbólico es cada vez más débil. Es una dinámica vampírica: figuras que se chupan la sangre entre sí para mantenerse relevantes, como aristócratas decadentes, con educación limitada, pegadas a las redes sociales al punto que no deben hablar ni con sus familias para estar informadas de información que para cualquier ser humano debe ser hartante.

 

En LAM las enemistades pasadas se reescriben como historias de superación, los conflictos se transforman en capital simbólico y las viejas enemigas se convierten en aliadas estratégicas para el espectáculo.

Vampiros y servicios de inteligencia 

Como los vampiros de Bram Stoker, las angelitas están atrapadas en un castillo de cartón pintado que necesita alimentarse constantemente de los cuerpos que las rodean para mantener su lugar en el ecosistema mediático, pero cada vez hay menos carne fresca. Es una economía de la carne reciclada, donde las mismas caras se reconstruyen una y otra vez, cosiendo sus reputaciones como el monstruo de Frankenstein, pero sin la promesa de redención ni la tragedia romántica de Byron. Aquí, no hay héroes trágicos, solo cadáveres mediáticos que se niegan a quedarse muertos. Yanina Latorre es el ejemplo perfecto con el marido cornudo analmente, la hija fracasada profesionalmente y su vínculo con el Mileismo pautado. Y ni hablar de su pasado, seguramente transado, con los servicios tras la muerte de Natasha Jaitt.

Como vampiros, las angelitas de De Brito están atrapadas en un castillo de cartón pintado que necesita alimentarse constantemente de carne fresca (inexistente).

El papel de De Brito como mediador, estratega y administrador de crisis

Ángel de Brito no es solo el moderador de estas peleas; es también un operador mediático que decide quién entra y quién queda fuera de su círculo. No se limita a reportar el chisme; lo escenifica y lo amplifica. Es un maestro de la desidentificación estratégica, capaz de jugar con los límites de lo aceptable para mantener su posición de poder. En su fiesta de aniversario, esto quedó claro cuando no invitó a Andrea Taboada, una de las panelistas originales del programa, enviando un mensaje claro sobre quién pertenece y quién no a su círculo. Pero este poder también es frágil, sostenido sobre abogados de tercera categoría que negocian cartas documento en oficinas mal iluminadas y con presupuestos ajustados. Y la prueba de su poder limitado fueron las palabras de Nancy Pazos en la fiesta: ‘Es el lugar más tóxico en el que trabajé’.

El poder de Angel de Brito es limitado y la prueba fue Nancy Pazos en la fiesta de los 10 años diciéndole en la cara: ‘LAM fue el lugar más tóxico en el que trabajé’.

El poder como fantasía legal y económica 

El poder que se ejerce en LAM es un poder ilusorio. Es el poder de abogados especializados en difamación, que no son figuras de peso en la escena jurídica seria, sino operadores menores que han encontrado su nicho en la economía del escándalo televisivo, donde cada palabra puede convertirse en un juicio y cada rumor en una amenaza legal. Son los parásitos de una industria que se sostiene sobre su propia decadencia, ofreciendo sus servicios a figuras que, en muchos casos, apenas pueden pagar sus honorarios. Es una economía de la paranoia, donde todos se espían, se graban y se vigilan, pero nadie realmente escapa del pequeño mundo que han creado para sí mismos. Yo creo que hay un antes y después de pasar por ese programa y la decisión de Nancy Pazos de asistir a la fiesta del decanato fue para advertirlo.

Los Ángeles de la Mañana es una economía de la paranoia, donde todos se espían, se graban y se vigilan, pero nadie realmente escapa del pequeño mundo que han creado para sí mismos.

Jerarquías raciales y estéticas en LAM

A pesar de su aparente diversidad, LAM reproduce jerarquías raciales evidentes. La mayoría de sus panelistas e invitados responden a un ideal estético eurocéntrico, con pocos o ningún representante claramente mestizo o afrodescendiente. Esta homogeneidad estética refleja una preferencia tácita. Esto no es accidental, sino parte de un sistema de representación que prioriza la blanquitud como ideal estético e intelectual, reforzando una jerarquía racial que rara vez se cuestiona en la televisión argentina. Es como si solo aquellos descendientes de los barcos son los que tienen la cabeza suficiente como para ser tan creativamente malos y esto es presentado como virtud. 

A pesar de su aparente diversidad, LAM reproduce jerarquías raciales evidentes. La mayoría de sus panelistas responden a un ideal eurocéntrico, con pocos o ningún representante claramente mestizo.

La masculinidad y la homosexualidad en el ecosistema LAM

Los hombres heterosexuales parecen evitar el formato del chisme televisivo, mientras que los hombres gays ocupan un espacio prominente, pero con limitaciones. Aunque De Brito y otros colaboradores masculinos son abiertamente gays, a menudo reproducen comportamientos heteronormativos, como la búsqueda de relaciones monógamas y la adopción de roles tradicionales de pareja. Esta paradoja, donde se acepta lo queer solo si se ajusta a los moldes heterosexuales, es una forma de asimilación que busca normalizar lo diferente sin desafiar las estructuras de poder existentes. Yo creo que el éxito de De Brito obedece a su muy inteligente manejo de esto. Su tono de voz es neutro, su autoridad dentro del programa fálica, las mujeres responden a el y su homosexualidad queda apagada. Incluso se viste de negro, su pelo es un poco jugado pero nunca se sale de su lugar. Para eso usa a Latorre que hace de Reina. 

En LAM se acepta lo queer solo si se ajusta a los moldes heterosexuales, es una forma de asimilación que busca normalizar lo diferente sin desafiar las estructuras de poder existentes.

La performatividad queer y el rol de ‘La Barby’

Una excepción notable es “La Barby”, una drag queen que desafía las normas de género y ofrece una visión alternativa a las representaciones tradicionales de la masculinidad. Sin embargo, su inclusión también plantea preguntas sobre la autenticidad y la instrumentalización de las identidades disidentes en los medios. Mientras que De Brito y Polino se presentan como figuras gays “respetables”. El primero como lo que dije y el segundo como sepulturero. La Barby, en cambio, ocupa el rol de payaso transgresor, permitido dentro de ciertos límites pero nunca tomado completamente en serio como figura de poder en un programa que, en sí mismo, se presenta como seriamente ‘poco serio’. La Barby es un ejemplo extremo de esta lógica. Como drag queen, ocupa un espacio marginal dentro del ecosistema de LAM, permitida solo porque su performance es vista como inofensiva y cómica. Es el payaso de la corte, la figura que puede transgredir temporalmente las normas sin amenazar verdaderamente las estructuras de poder. Es la excepción que confirma la regla: la que puede ser visible siempre y cuando no sea tomada en serio como figura de autoridad. El espectáculo de lo “berreta” también es un espectáculo de la copia de la heterosexualidad, la mujer histérica y lo blanco.

Mientras que De Brito y Polino se presentan como figuras gays “respetables”. La Barby, ocupa el rol de payaso transgresor, permitido dentro de ciertos límites pero nunca tomado completamente en serio.

Agamenón y Clitemestra: el patriarca ausente y la madre intrusiva

En esta dinámica, De Brito es más un Agamenón: el rey que se ausenta para hacer la guerra (en este caso, la guerra del rating y los escándalos), dejando el palacio en manos de una figura femenina dominante y vengativa. Clitemestra, como Latorre, es la esposa que nunca abandona el escenario, controlando y manipulando desde las sombras mientras su esposo juega a ser el gran estratega. Como las panelistas de LAM, Clitemestra es una figura trágica que se resiste a ser controlada, siempre vigilante, siempre lista para vengarse de cualquier afrenta. Es la madre omnipresente, la mujer que nunca olvida y nunca perdona, incluso cuando aparenta estar reconciliada.

Como las panelistas de LAM, Clitemestra es una figura trágica que se resiste a ser controlada, siempre vigilante, siempre lista para vengarse de cualquier afrenta. Es la madre omnipresente, la mujer que nunca olvida y nunca perdona, incluso cuando aparenta estar reconciliada.

Además, esta estructura simbólica refuerza las jerarquías tradicionales, donde el hombre ausente (De Brito/Agamenón) se reserva el poder de la decisión final, mientras que la mujer (Latorre/Clitemestra) se ve obligada a jugar un rol de vigilancia constante, interviniendo solo para castigar las traiciones. Pero, como en las tragedias griegas, este equilibrio es siempre frágil y está condenado al colapso.

Pero, ¿era la alfombra roja de la fiesta de los 10 años en serio o en joda? ¿Una producción de contenido calculada para generar escándalos que nunca ocurrieron? Parecía más un set improvisado para capturar momentos virales que una verdadera celebración. Era un intento de reactivar viejas tensiones para alimentar el ciclo de rumores, pero lo único que quedó fue la sensación de un déjà vu mediático, donde las historias ya no producen el mismo impacto y los personajes empiezan a parecerse más a sombras recicladas de sí mismos. Además, casi todos los que se fueron de LAM terminaron mejor parados profesionalmente.

La lógica de la repetición y el desgaste del que pide pertenecer

El ciclo constante de confrontación y reconciliación en LAM crea una forma de narrativa circular que eventualmente pierde su sentido original. Como cualquier ritual repetitivo, corre el riesgo de convertirse en una autoparodia, un reflejo vacío que consume su propio significado. Esta lógica del desgaste no es exclusiva de LAM, sino que también caracteriza a las identidades que buscan asimilarse a un original inalcanzable. Como los homosexuales que imitan los modos de la pareja heterosexual para ser aceptados por la sociedad, LAM repite sus propios gestos fundacionales sin cuestionar las jerarquías que los sostienen. 

El ciclo constante de confrontación y reconciliación en LAM crea una forma de narrativa circular que eventualmente pierde su sentido original. Como cualquier ritual repetitivo deviene autoparodia inconsciente.

El acto de repetición crea la ilusión de una esencia estable, pero esta esencia siempre está vacía, siempre en riesgo de colapsar en su propia artificialidad. Cada reconciliación forzada, cada escándalo fabricado, es una tentativa desesperada de reafirmar una identidad que ya no convence a nadie. Es una lógica de la copia sin original, un simulacro que se presenta como auténtico pero corre el riesgo de convertirse en una autoparodia. Como el homosexual que busca ser asimilado copiando las formas de la pareja heterosexual, LAM se encuentra atrapado en un ciclo de repetición que solo reafirma su diferencia en lugar de borrarla. Es una performance sin fin, un ritual que pierde su poder simbólico cuanto más se insiste en su autenticidad.

Como el homosexual que busca ser asimilado copiando las formas de la pareja heterosexual, LAM se encuentra atrapado en un ciclo de repetición que solo reafirma su diferencia en lugar de borrarla.

El chisme puesto en abismo 

La lógica de LAM exhibe una clara puesta en abismo mediática: un programa de chismes que, a su vez, termina convertido en objeto de chismes. En este juego reflexivo, el programa deja de ser un simple vehículo de rumores para erigirse en un objeto a dentro del ecosistema televisivo argentino: ese señuelo elusivo que incita el deseo y la fascinación del público. Cada escándalo televisado se repite con insistencia compulsiva, alimentando un goce colectivo tan adictivo como efímero.

La lógica de LAM exhibe una clara puesta en abismo mediática: un programa de chismes que, a su vez, termina convertido en objeto de chismes.

En definitiva, LAM funciona como espejo y síntoma de una cultura argentina aferrada a la repetición y a la evasión simbólica. La sociedad se refugia en la familiaridad del escándalo interminable para evitar confrontarse con lo real: ese vacío imposible de simbolizar que ninguna narrativa de chisme puede colmar.

LAM funciona como espejo de una cultura argentina aferrada a la repetición y a la evasión simbólica. La sociedad se refugia en la familiaridad del escándalo interminable para evitar confrontarse con lo real.

Una respuesta a «Una década de lam y Angel de brito: Agamenón y Clitemestra: el patriarca ausente y la madre intrusiva»

  1. beatanacronico

    felicitaciones por haber vuelto Rodrigo, se extrañaba el blog

    Me gusta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias