El nuevo episodio del Mega Curso de Teoría del Arte del siglo XX para miembros de  mi Canal de YouTube trabaja una idea que, curiosamente, aparece una y otra vez en tres textos de principios de siglo: la idea de que la forma en el arte opera a nivel psicosomático.

La forma que no se explica

El nuevo episodio del Mega Curso de Teoría del Arte del siglo XX para miembros de  mi Canal de YouTube trabaja una idea que, curiosamente, aparece una y otra vez en tres textos seleccionados: la idea de que la forma en el arte no opera principalmente a nivel óptico ni intelectual, sino a un nivel más profundo, casi físico o psicológico. No es una idea fácil de explicar. Y quizá por eso mismo tantos artistas de comienzos del siglo XX intentaron formularla de maneras diferentes.

Coincidente y generosamente, la editorial Objetos Encontrados me envió hace unos días su edición de la traducción de Cézanne’s Apples: ‘La Manzana de Cezanne’, el famoso ensayo en el que D. H. Lawrence intenta explicar por qué las manzanas de Paul Cézanne producen una sensación tan extraña y poderosa.

Leí aproximadamente la mitad del texto —en particular la sección en la que Lawrence habla de los ingleses y su dificultad con la intuición….y el sexo.  Y el timing con el video de la clase es sorprendente. Lawrence formula algo que, en el fondo, también estaban intentando decir los textos que discuto en el video: de August Endell, de Ryder (un pintor oscuro de paisajes marítimos que debería ser mucho más conocido de lo que es) y las cartas de André Derain a su amigo, y a veces, adversario, Vlaminck. Los  cuatro textos se hacen la misma pregunta: qué es lo que hace que una forma visual produzca una experiencia intensa en el espectador? Y yo agregaría: Por qué esto es relevante, hoy?

Para August Endell la respuesta es radical. La forma actúa directamente sobre la mente. Líneas, direcciones y ritmos visuales pueden producir emociones sin necesidad de representar nada. La comparación que propone es musical: así como una secuencia de sonidos puede generar tensión o calma sin significar nada concreto, una secuencia de formas puede producir un efecto emocional inmediato. La forma, en ese sentido, no es un signo que haya que interpretar. Es un estímulo que actúa directamente sobre el sistema perceptivo.

La forma, en ese sentido, no es un signo que haya que interpretar. Es un estímulo que actúa directamente sobre el sistema perceptivo.

El Hamlet Incel y la Fealdad Anglo

El ensayo Lawrence aborda el problema de la forma desde una perspectiva cultural y casi antropológica: para él, Cézanne representa una forma de sensibilidad que la cultura inglesa es estructuralmente incapaz de producir y es ahi donde captó mi atención porque lo vincula con la sexualidad y  el cuerpo contaminado. Este es un libro que me hizo entender mucho de mi propia experiencia con los ingleses  como residente en Inglaterra. 

El ensayo Lawrence aborda el problema de la forma desde una perspectiva cultural y casi antropológica: para él, Cézanne representa una forma de sensibilidad que la cultura inglesa es estructuralmente incapaz de producir y es ahi donde captó mi atención porque lo vincula con la sexualidad y  el cuerpo contaminado.

Por ejemplo, Lawrence interpreta la parálisis de Hamlet como el resultado de un conflicto sexual profundo ligado a su relación con su madre. A partir de esa lectura Lawrence formula un diagnóstico cultural más amplio sobre Inglaterra: los ingleses le tienen terror al sexo. No ve a Hamlet  como un héroe trágico de la conciencia moderna, sino como un hombre paralizado por una relación psíquica enfermiza con su madre, Gertrude. Hamlet no puede aceptar el hecho de que su madre tenga una vida sexual propia, y ese rechazo se transforma en una repulsión general hacia la sexualidad misma.

En esa lectura, el trato brutal que Hamlet da a Ophelia adquiere un sentido preciso. Cuando le dice que se retire a un convento —“Get thee to a nunnery”— no está simplemente rechazando a una amante. Está intentando expulsar de su mundo cualquier forma de sexualidad femenina. Para Lawrence, esa escena revela algo más profundo que un conflicto personal: revela una cultura incapaz de integrar el deseo dentro de una visión saludable de la vida. El resultado es una conciencia hipertrofiada, moralmente obsesiva, que analiza todo pero que ha perdido el contacto con las energías vitales.

Desde ahi critica la tradición cultural inglesa representada por John Ruskin quien convierte el arte en una cuestión de verdad moral, de elevación espiritual y de corrección ética. Pero para Lawrence esa moralización del arte es otra manifestación de la misma desconfianza hacia el cuerpo. Frente a ese modelo, contrapone las culturas donde la forma artística surge de una relación más directa con la vida física. 

Para D.H. Lawrence esa moralización del arte es otra manifestación de la misma desconfianza hacia el cuerpo. Frente a ese modelo, contrapone las culturas donde la forma artística surge de una relación más directa con la vida física. 

Las razones de ese terror son para D. H. Lawrence: la transformación de Inglaterra en una sociedad comercial burguesa y la patologización moderna de la sexualidad., que el ejerce de manera retrospectiva. Ve a la Inglaterra victoriana como una civilización centrada en el comercio, la respetabilidad y la disciplina moral. La energía vital que en otras culturas se expresa en el cuerpo, el deseo o la experiencia de los sentidos fue canalizada por el mundo anglosajón  hacia el trabajo, la acumulación y la expansión económica. En ese contexto, la sexualidad se vuelve algo profundamente problemático: algo que debe ser regulado, ocultado o moralizado. Para Lawrence, esta transformación produce una cultura extremadamente consciente de sí misma, pero también profundamente desconectada de lo que define al arte: la intuición..

Ese miedo a la sexualidad se intensifica en el siglo XIX con la aparición de las enfermedades venéreas —sobre todo la Syphilis— que adquieren una enorme carga simbólica en la cultura victoriana. La sífilis no sólo era una enfermedad devastadora; se convirtió en una especie de metáfora moral del deseo sexual descontrolado. Lawrence ve en esta reacción social una confirmación de su diagnóstico: en lugar de integrar la sexualidad dentro de la vida, la sociedad inglesa la transforma en una amenaza patológica y Lawrence cae preso de esa lógica y mira la historia de Inglaterra desde los Tudor pasando por los Estuardo como una historia de pánico masculino por procrear pasando la enfermedad a sus hijos. El resultado es una cultura que oscila entre la represión puritana y la ansiedad obsesiva frente al cuerpo. 

El Gran Patricio Marchand: Está mal ser inglés?

El Chileno Patricio Marchant fue uno de los ensayistas más singulares de la filosofía latinoamericana de finales del siglo XX. Formado en el cruce entre literatura, filosofía y teoría crítica, Marchant participó activamente en la recepción temprana de Jacques Derrida en Sudamérica. Sus textos, muchas veces breves y deliberadamente provocadores, no intentan construir sistemas filosóficos cerrados sino producir intervenciones críticas en la cultura. Uno de los más conocidos es el ensayo “Qué feo es ser inglés”, donde utiliza la figura del “inglés” no como identidad nacional literal sino como síntoma cultural. La “fealdad” a la que alude no es física sino espiritual: Marchant sugiere que la tradición cultural inglesa se caracteriza por una relación empobrecida con el cuerpo, con el deseo y con la dimensión sensible de la experiencia. En otras palabras, tanto Lawrence como Marchant ven en la dificultad inglesa frente a, por ejemplo, Cézanne el síntoma de una relación problemática entre cultura, cuerpo y percepción. 

El Chileno Patricio Marchant fue uno de los ensayistas más singulares de la filosofía latinoamericana de finales del siglo XX. Uno de los más conocidos es el ensayo “Qué feo es ser inglés”. Marchant adhiere a la teoría de la relación empobrecida con el cuerpo, con el deseo y con la dimensión sensible de la experiencia.

Y esto me trae cerca de casa de una manera mas física. Una vez salí a caminar y vi mucha gente, realmente, fea y le pregunte al bibliotecario: por qué son tan feos? La repuesta va en sintonía con Lawrence. No vivo lejos de Ore, un pueblo sobre el mar. A finales del siglo XIX, allí se fundó el Ore Village Hospital. El Estado Británico decidió convertir ese pueblo en un “area de concentración” para el tratamiento hospitalario de enfermedades venéreas. Aunque no fue el primer hospital de ese tipo de Europa, el establecimiento de instalaciones médicas especializadas en lugares relativamente apartados como Ore refleja un cambio importante en la manera en que la sociedad británica gestionaba la sexualidad y la enfermedad: el problema ya no era sólo médico, sino también moral y social. Y de visibilidad. 

Las Contagious Diseases Acts de la década de 1860 permitían examinar y detener a mujeres sospechosas de prostitución en ciudades portuarias y guarniciones militares. Ese sistema produjo una red de hospitales y espacios de internamiento donde las mujeres diagnosticadas con enfermedades venéreas eran tratadas —pero, en principio, vigiladas y disciplinadas. En lugares como Ore, el hospital funcionaba así de manera doble: como institución médica y como mecanismo de regulación del cuerpo femenino dentro de una sociedad profundamente preocupada por el control de la sexualidad.

Lawrence veía en la Inglaterra moderna una civilización marcada por la combinación de comercio, moral protestante y miedo al cuerpo. La sexualidad aparece simultáneamente como tentación, como peligro social y como problema médico. Y alguna de la gente fea que vi y sigo viendo, son descendientes de esa tentación. Instituciones como los hospitales venereológicos son síntomas de una cultura que ha separado radicalmente la vida intelectual y moral de la vida corporal. Para Lawrence, esa fractura explica por qué la tradición inglesa tiende a intelectualizar la experiencia estética en lugar de experimentarla de manera directa.

En ese marco se vuelve más comprensible su fascinación por la pintura de Paul Cézanne. En su ensayo sobre las manzanas de Cézanne, Lawrence insiste en que los objetos en esos cuadros poseen una presencia física inmediata, casi táctil. Las manzanas no son símbolos ni ilustraciones de una idea; son volúmenes que ejercen presión en el espacio pictórico. Frente a una cultura que medicaliza el cuerpo y moraliza el deseo —como se ve en el sistema de hospitales venereológicos del siglo XIX pero también en la barbarie Trumpiana y Mileista, Cézanne representa (para Lawrence) la recuperación de una relación elemental con la realidad material, una relación que no pasa primero por la interpretación moral, sino por la experiencia sensorial directa.

Cómo se vincula esto con Milei? Recién me topé con uno de sus trolls en X quien se reia de la decision de la hija de Elon Musk (modelo) de ser lo que, según el troll, nunca podrá ser: una mujer. Lo sintomático del comentario es el modo en el que en medio del caos politico y económico, la estrategia de medios es desviar al debate hacia las guerras culturales. Pero esto, enmedio de una guerra que está a punto de paralizar el mundo, es anacrónico y hasta suicida. Qué tiene esto que ver con la construida fealdad anglosajona? Como la política usa la moral para marcar la línea de los cuerpos aceptables e inaceptables y al hacerlo, no hace otra cosa que anular su propio cuerpo. 

El video completo —casi dos horas de clase— está disponible para miembros del blog, junto con más de 200 clases y cursos del archivo del proyecto.

Desde el próximo mes, además, vamos a empezar a hacer un streaming semanal exclusivo para miembros, donde vamos a conectar estas discusiones históricas con debates actuales del mundo del arte, teoría crítica y recomendaciones de lectura.

Si querés acceder a la clase completa y al archivo del curso, podés hacerte miembro acá:

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