Si un ataque ocurre en Gaza, o en las zonas tribales de Pakistán, o en el sur del Líbano, pero no hay acceso al lugar, las imágenes son de baja resolución y los testimonios son fragmentarios, la pregunta ya no es simplemente qué pasó. La pregunta es: ¿eso puede convertirse en prueba para responsabilizar a alguien por crímenes de guerra o para sostener una denuncia… para producir verdad y que esa verdad sea pública?
Si un ataque ocurre en Gaza pero no hay acceso al lugar, las imágenes son fragmentarias y la pregunta ya no es simplemente qué pasó sino ¿eso puede convertirse en prueba para responsabilizar a alguien por crímenes de guerra o para sostener una denuncia… para producir verdad y para que esa verdad sea pública?
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Ese es el dilema que trabaja Eyal Weizman, arquitecto y teórico israelí, director del proyecto Forensic Architecture. Su punto de partida es incómodo: la violencia contemporánea no sólo destruye cuerpos y territorios; también organiza las condiciones bajo las cuales esa violencia puede o no ser vista, registrada y verificada. Esto se logra mediante modos en los que el Estado, fragmenta, distorsiona, borra, disuelve evidencia. El ciudadano, los territorios, la naturaleza, los pueblos están en manos del aparato estatal. No estamos frente a un déficit de imágenes, sino frente a un régimen que administra su legibilidad.
El ciudadano, los territorios, la naturaleza, los pueblos están en manos del aparato estatal. No estamos frente a un déficit de imágenes, sino frente a un régimen que administra su legibilidad.
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Hay un concepto clave: la resolución como forma de poder. Ese “resolucionismo” define qué aparece y qué queda fuera, qué puede ser identificado y qué se disuelve en ruido. Un agujero en un techo puede ser evidencia o puede desaparecer en un píxel, dependiendo de quién controla la imagen, el acceso y la escala. La verdad contemporánea, en ese sentido, no falla: se recalibra
Un agujero en un techo puede ser evidencia o puede desaparecer en un píxel, dependiendo de quién controla la imagen, el acceso y la escala. La verdad contemporánea, en ese sentido, no falla: se recalibra.
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Por eso el trabajo de Weizman y sus seguidores, no consiste en “mostrar” conflictos, sino en reconstruir evidencia allí donde el acceso está restringido, el archivo está dañado y la imagen es insuficiente. Un agujero en un techo, una sombra en un video, la geometría de una explosión, la ausencia de marcas en un muro: todo puede volverse prueba si se lo lee correctamente. La arquitectura deja de ser fondo y pasa a ser forma y figura.
Un agujero en un techo, una sombra en un video, la geometría de una explosión, la ausencia de marcas en un muro: todo puede volverse prueba si se lo lee correctamente. La arquitectura deja de ser fondo y pasa a ser forma y figura.
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En ese marco, hoy publiqué un nuevo episodio del curso Arte de Gaza y Palestina – Episodio 5, donde desarrollo esta primera entrada a Weizman desde la idea de “Threshold of Detectability”: el punto a partir del cual algo deja de ser ruido y puede ser reconocido como evidencia. Esto es para miembros a mi Canal de YouTube.
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Y, ademas, este domingo a las 19 hs (Argentina) vamos a tener el streaming en vivo sobre Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation, donde el problema se vuelve territorial: cómo el espacio mismo —carreteras, muros, checkpoints— funciona como tecnología política de control y fragmentación.
Este domingo a las 19 hs (Argentina) vamos a tener el streaming en vivo sobre Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation, donde el problema se vuelve territorial: cómo el espacio mismo —carreteras, muros, checkpoints— funciona como tecnología política de control y fragmentación.
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El link del streaming va a estar disponible desde el sábado en la página de YouTube y también aquí en este post.
Si querés acceder al curso completo, a los episodios exclusivos y a las clases en vivo, podés sumarte como miembro acá:
https://www.youtube.com/channel/UC8VlXkKPD8xnqVdpUn3-ZIw/join



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