Carmen González Taboas tiene 91 años. Atiende pacientes. Escribe — está terminando su libro número 18 y 19. Se levanta a las 9 de la mañana con dolor, entra al mediodía al consultorio, y el dolor desaparece. Eso no es anécdota de vejez admirable. Es la descripción clínica de lo que el psicoanálisis lacaniano llama un modo de gozar: una forma de satisfacción que organiza una vida entera y que no cede ante ningún obstáculo biológico. Ella misma lo dice sin decirlo: tiene dos vidas, y una sostiene a la otra.

Se formó en Buenos Aires, hizo cuatro o cinco análisis que fracasaron, viajó a París tres veces por año durante siete años a analizarse con Jacques-Alain Miller, escribió su primer libro a los 60, tiene 18 títulos publicados, trabajó en el Hospital Piñero. No es una figura decorativa del lacanismo argentino. Es alguien que pagó el costo completo del saber.

Qué es el Lacanianismo y por qué importa situarlo con exactitud?
Para entender la entrevista de Novaresio a Carmen Gonzalez Taboas que es el objeto cultural que tratamos ayer en el streaming, necesitamos situarlo y para hacerlo tenemos que hablar de psicoanálisis. Qué es y cómo se vincula con la Argentina? Freud pensó el inconsciente como contenido reprimido: algo que estuvo en la conciencia, fue expulsado porque generaba conflicto, y retorna disfrazado como síntoma, sueño, lapsus. El modelo es hidráulico — hay presión, represión, retorno. El tratamiento consiste en hacer consciente lo inconsciente. En principio, hay algo que puede recuperarse, integrarse, resolverse. Lacan dice: el inconsciente no es un depósito. Está estructurado como un lenguaje. El sujeto no preexiste al lenguaje — es producido por él, y en esa producción algo queda irreversiblemente perdido. Eso que se pierde es lo que Lacan llama el objeto a: no un objeto real sino una falta estructural que organiza el deseo. El análisis lacaniano no cura en el sentido de completar al sujeto. Permite que el sujeto se relacione de otra manera con su propio síntoma. La salida no es la desaparición del síntoma sino lo que Lacan llamó la identificación con el síntoma — saber hacer con aquello que te organiza. Esto tiene una consecuencia clínica y política que atraviesa el corazon de la entrevista: para el lacanianismo, el saber cuesta. No es información que se consume. No es contenido que se digiere. Es una experiencia que te toma, que te divide, que te obliga a atravesar algo. Carmen lo dice con una precisión que vale la pena citar: el psicoanálisis no se estudia, se goza. Y ese goce tiene un precio subjetivo que no se puede eludir.
Para entender la entrevista de Novaresio a Carmen Gonzalez Taboas que es el objeto cultural que tratamos ayer en el streaming, necesitamos situarlo y para hacerlo tenemos que hablar de psicoanálisis. Qué es y cómo se vincula con la Argentina?
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Jacques Alain Miller y las internas institucionales:
Jacques-Alain Miller es el yerno de Lacan. Se casó con Judith Lacan en 1966. Eso no es solo dato biográfico: su posición dentro del lacanismo nunca fue exclusivamente intelectual, fue también hereditaria e institucional. Es el único que transcribió, editó y publicó los Seminarios de Lacan — textos que Lacan nunca preparó para publicación y que circulaban como versiones taquigrafiadas. Quien controla el archivo controla la doctrina. Miller fundó la Escuela de la Causa Freudiana en París y la Asociación Mundial de Psicoanálisis, red internacional de orientación lacaniana. En Argentina su brazo es la EOL — Escuela de Orientación Lacaniana — que tiene presencia muy fuerte en el hospital público, en la universidad, en la formación de analistas. El problema con Miller es doble. Primero: su autoridad no viene solo del rigor teórico sino del control del corpus. Segundo: en 2017 apoyó públicamente a Marine Le Pen en Francia, argumentando que era preferible al “populismo de izquierda” de Mélenchon. Eso produjo una fractura seria dentro del lacanismo internacional. La EOL argentina tuvo que emitir un comunicado de distancia — lo que generó tensión entre la fidelidad institucional a la red de París y el posicionamiento político local.

Argentina es el país con mayor densidad de psicoanalistas por habitante del mundo. Eso significa también mayor fragmentación. Hay tres líneas principales — la APdeBA ligada a la Internacional freudiana anglosajona; la EOL milleriana; y las escuelas independientes que reivindican a Oscar Masotta, quien introdujo a Lacan en Argentina en los años 60 antes de que existiera la red de Miller. Las internas son teóricas, institucionales y políticas al mismo tiempo. No son internas de academia. Son disputas sobre quién controla la transmisión de un saber que, como acabamos de ver, cuesta. Carmen González Taboas se analizó con Miller durante siete años. Eso la ubica dentro de esa genealogía institucional. Pero su posición es la de alguien que llegó al lacanismo por un recorrido propio, no como miembro orgánico de una máquina institucional. Esa distinción importa.
Argentina es el país con mayor densidad de psicoanalistas por habitante del mundo. Eso significa también mayor fragmentación. Hay tres líneas principales — la APdeBA ligada a la Internacional freudiana anglosajona; la EOL milleriana; y las escuelas independientes que reivindican a Oscar Masotta,
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NOVARESIO Y LA IDENTIDAD COMO CAPITAL
Luis Novaresio tiene 60 años. Es periodista, abogado, conductor. Viene de LN+ y regresó en 2025 a A24 junto a Eduardo Feinmann, Antonio Laje y un grupo de figuras que forman parte del reordenamiento editorial del canal bajo una conducción cuyo gerente de programación fue visto saliendo del despacho de Santiago Caputo antes de asumir su cargo. Eso no requiere mayor glosa: ubica a Novaresio dentro del espacio mediático funcional al gobierno de Milei en año electoral. Al mismo tiempo, cuando Milei publicó su burla sobre “la sociedad ideal progre” con referencias al sexo gay, Novaresio respondió públicamente: “Sí, mucho orgullo gay para revertir la discriminación.” Esa tensión entre posición mediática y gesto identitario no es contradicción — es el mecanismo que hoy vamos a analizar. En terminos de Queer Studies, Novaresio es la epitomización del gay heteronormado pero cuyo Sindrome de Estocolmo lo convierte en un payaso y al mismo tiempo, operador del regimen que lo domina. El ‘éxito’ tapa todo esto y lo convence de su lugar de privilegio. Es un esclavo del Imperio Romano.
En terminos de Queer Studies, Novaresio es la epitomización del gay heteronormado pero cuyo Sindrome de Estocolmo lo convierte en un payaso y al mismo tiempo, operador del regimen que lo domina. El ‘éxito’ tapa todo esto y lo convence de su lugar de privilegio. Es un esclavo del Imperio Romano.
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La Identidad Administrada
Novaresio salió del clóset a los 55 años. Durante décadas su homosexualidad fue funcional a su carrera precisamente porque no la nombraba: le permitía circular en espacios de poder sin pagar el costo de la diferencia. Cuando finalmente la nombra, lo hace dentro de los protocolos de la respetabilidad: la pareja estable, el empresario inmobiliario, el casamiento el 15 de julio — mismo día en que once años antes se sancionó la Ley de Matrimonio Igualitario, dato que él mismo subraya — la hija de su marido. No hay disrupción. Hay integración perfecta dentro del modelo del amor burgués normalizado.
Viene de publicar su primera novela que es un soft porno solo explicada como un exabrupto de un gay que sale del closet cuando el homosexual entra en una decada de profunda crisis que tiene que ver con al soledad, la mortalidad y la dependencia de aquellos que suponen quererlo. Su novela hace operaciones rarisimas que tienen que ver con un juego de posicionamiento que, cínicamente, podría leerse como un intento de expiar sus pecados Mileistas diciendo sin decir. Transformando al sexo en algo funcional al amor y tambien al mercado.
En la entrevista con Carmen se encuentran, por segunda vez, dos regímenes completamente incompatibles del saber. Novaresio representa un tipo de figura cultural que la derecha argentina produce con eficacia creciente: el periodista identitario conservador con aires de intelectual. No es un reaccionario bruto pero no entiende la realidad y mucho menos a quienes entrevista. Usa la cultura como capital de presentación. Usa la identidad gay como certificado de aceptabilidad e inmunización cultural. Preocupamente, usa el psicoanálisis (algo que, en la entrevista queda en evidencia que no entiende en absoluto) como perfume.
En la entrevista con Carmen se encuentran, por segunda vez, dos regímenes completamente incompatibles del saber. Novaresio representa un tipo de figura cultural que la derecha argentina produce con eficacia creciente: el periodista identitario conservador con aires de intelectual. No es un reaccionario bruto pero no entiende la realidad y mucho menos a quienes entrevista.
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Carmen González Taboas, sin buscarlo o sí (yo me vuelvo por lo segundo) es una jugadora de ping pong discursivo. Responde las pocas preguntas obsecuentes de su entrevistador, dejando una mina en el estrecho de Hormuz.
La primera pregunta de Novaresio: “¿De qué se habla más hoy cuando llega el analizante?”. Esa pregunta en sí, es una radiografía completa. No es curiosidad clínica. Es la pregunta del periodista ‘trendy’: ¿cuál es el tema del momento? ¿Qué hay de nuevo en el inconsciente colectivo? Quiere convertir el consultorio en termómetro cultural. Pero enfrente tiene a un verdadero ‘national treasure’, como dicen acá. La psicoanalista le responde desde las antípodas: no hay modo de saber de qué va a hablar el analizante. Cada uno trae una lengua que nunca se oyó antes. El psicoanálisis no trabaja con temas de época sino con la singularidad del síntoma, con la repetición, con lo que vuelve sin que el sujeto lo quiera. Desde el principio, todo queda expuesto Él busca agenda, ella habla de la vida sin romantizarla. Su modo de hablar de la vida es a traves de lo que sabe. Para ella el punto es escuchar lo que todavía no se sabe decir. Novaresio entra al psicoanálisis exactamente como entra a todo: como si fuera una sección del suplemento de actualidad.

Carmen dice que el psicoanálisis no se estudia, se goza. Que el saber tiene un costo subjetivo. Habla de sus viajes a París para analizarse con Miller y del proceso de escritura de su primer libro y al hacerlo describe no solo una forma de vida sino que hace un diagnostico de la industria cultural actual. Tres viajes por año a París durante siete años. Décadas de lectura. Casos clínicos. Hospital público. 18 libros escritos a partir de los 60. Dolor físico a los 91 que desaparece cuando atiende pacientes. No está hablando de un método. Está describiendo lo que el psicoanálisis lacaniano llama un modo de gozar: una satisfacción que organiza una existencia entera y que no cede. Novaresio representa el dispositivo exactamente contrario. Su formato es: pregunta amplia, respuesta brillante, fascinación, corte, frase, y a otro tema. Quiere la densidad del saber lacaniano sin atravesar su dificultad. Quiere estar cerca del aura de la complejidad que teme porque no se atreve a pagar el precio.
Novaresio representa el dispositivo exactamente contrario. Su formato es: pregunta amplia, respuesta brillante, fascinación, corte, frase, y a otro tema. Quiere la densidad del saber lacaniano sin atravesar su dificultad. Quiere estar cerca del aura de la complejidad que teme porque no se atreve a pagar el precio.
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Freud, para él, es uno de los “grandes pensadores” que una profesora carismática administra para que sus alumnos descubran sus propias verdades sobre el amor y el sexo. En su discurso, la sintomatología es secundaria y la repetición es retórica. El costo subjetivo es barrido debajo de la alfombra y el peligro de la dematerializacion de un posmoderno como Lacan tiene su ejecutor en el periodista que convierte al psicoanálisis en herramienta de autoconocimiento ‘soft’. Carmen rechaza esto al decir que el saber cuesta, que no entra en ningún todo, que no es fácil ni entretenido. La señora, de 91 años, tiene modales de corte. Lo acribilla (o, intenta, ayudarlo) sin que él, pobrecito, se de cuenta. Novaresio entrevista a Carmen desde el mismo lugar desde el que escribió su novela. Y ese lugar es incompatible con lo que Carmen hace y sospecho que tambien es inconpatible con todo aquel que lea o vea cualquier cosa que hago yo.

Le moment politique
El momento mas Pinochetiano de la velada es otro que Novaresio no registra como tal. Carmen dice algo que destruye de raíz la fantasía libertaria de demolición estatal: el psicoanálisis argentino no es solo consultorio privado de clase media ilustrada. Es hospital público. Es inmigración. Es pobreza. Es asistencia desde el siglo XVIII y ni hablar de principios del siglo XX. Es una historia institucional que el Estado argentino construyó cuando llegaron los trabajadores pobres que Alberdi y Sarmiento no querían — no la “clase culta europea” que soñaban, sino los laburantes sin obra social que llenaron los barrios y los hospitales y que tanto horrorizaban a Borges. Mis abuelos asturianos…
El momento mas Pinochetiano de la velada es otro que Novaresio no registra como tal. Carmen dice algo que destruye de raíz la fantasía libertaria de demolición estatal: el psicoanálisis argentino no es solo consultorio privado de clase media ilustrada. Es hospital público.
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Novaresio escucha esto como anécdota de mujer brillante pero no deja que eso le desorganice políticamente. A esta altura, es obvio que Novaresio ocupa el rol que ocupa porque es el entrevistador que no escucha. Puede alojar el argumento culturalmente sin que le genere ninguna consecuencia. Puede estar en el mismo espacio mediático que Feinmann y Laje mientras se fascina con una analista que reivindica el hospital público y la educación estatal. Eso no es contradicción para él. Es la operación misma: la cultura como clonazepam de la política. Su acercamiento a la entrevista cultural es de lavado no reputacional sino posicional. La cultura como lavado de una alianza política que de otra manera sería demasiado visible.

El analista no sabe nada, no es nada, no hizo nada.
Carmen describe varias veces a Novaresio. Es San Lucas retratando a la Virgen que no sabe que tiene a Cristo en sus manos. Ella cuenta la anécdota de un psicoanalista que muestra titulos y logros cuando, en realidad, el psicoanalisis y el saber, en general, no se trata de premios ni de publicaciones sino de lecturas y de practicas. Él representa lo contrario: el hombre premiado, el entrevistador con libro reciente, camino a la Academia Nacional de Periodismo, con programa en canal de noticias, con seis premios Martín Fierro, con circulación entre poder político y cultural, con la identidad gay como credencial adicional de apertura y modernidad. Es el sujeto supuesto del saber mediático: el que aparece en pantalla para que otros le proyecten autoridad. Pero Carmen dice: el analista no está ahí para brillar. Está ahí para escuchar el tropiezo, el lapsus, el llanto, el sueño, el punto donde el lenguaje falla. El analista se borra para que hable el sujeto. Novaresio hace exactamente lo contrario: se muestra escuchando para que se vea su sensibilidad. Eso no es escucha. Es performance de escucha. La diferencia es técnica y es política al mismo tiempo: el analista desaparece para que emerja algo del sujeto. Novaresio aparece para que se vea que él puede alojar lo sofisticado.
Sin embargo, hay un punto central. En una entrevista sobre su propia salida del clóset, Novaresio dice: “Los psicoanalizados dirían: el inconsciente es mucho más sabio que el consciente.” Esto equivale a usar el vocabulario de un saber que nunca atravesó. Cita el psicoanálisis como slogan y Carmen lo advierte y lo desmonta, no una, sino varias veces. La magia de esa mujer es que lo hace sin que él lo advierta y no es porque ella quiere esconder su mensaje sino porque él no tiene las categorias no intelectuales sino mentales para entenderlo.

El momento final es desopilante y triste, al mismo tiempo. Es el momento en el que Novaresio expresa fascinación por ella. Dice que se quedaría horas escuchándola, que es maravillosa. Eso es lo mas neoliberal de la velada. Tras la invitacion a charlar frente a su audiencia, pretende estabilizarla y comprarla con afecto. La Argentinidad al palo. Pero decir “qué fascinante sos” es una manera elegante de no atravesar lo que el otro dice. Yo te admiro, te enmarco como objeto brillante, te vuelvo personaje — y así me ahorro las consecuencias de lo que decís. La fascinación produce distancia justo cuando simula proximidad. Es una operación muy peligrosa.
El momento final es desopilante y triste, al mismo tiempo. Es el momento en el que Novaresio expresa fascinación por ella. Dice que se quedaría horas escuchándola, que es maravillosa. Eso es lo mas neoliberal de la velada. Ella lo mira con pena.
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Cuando la palabra ‘fascinacion’ es pronunciada, Carmen pasó 50 minutos hablando de síntoma, angustia, hospital público, saber clínico, repetición, el Otro tachado, el sujeto que tiene que jugar su propia partida sin suponerle autoridad a nadie, la salida del análisis como acto solitario. Novaresio pone el moño convirtiendo todo eso en una escena de obsecuencia y admiración adjetivizada. Él dice “maravillosa”. El discurso queda consumido y ella lo mira con lástima y pena por su propio tiempo perdido.
Hay una ironía en todo esto. Carmen habla toda la entrevista de la salida del Otro: el momento en que el sujeto deja de buscar en el Otro la respuesta sobre su deseo, deja de suponerle autoridad, deja de necesitar su mirada para existir. Ese es el movimiento que el análisis lacaniano posibilita. Novaresio, en cambio, convierte a Carmen en el Otro fascinante — en el gran Otro que sabe, que brilla, que él puede admirar pero que en realidad no es otra cosa que un espejo que muestra al mundo su propia (la de Novaresio) capacidad de admiración.
Ahí triunfa y fracasa la entrevista. No por ignorancia sino por algo mucho mas profundo. Novaresio es un periodista de derecha cultural que usa la proximidad con el saber como capital de presentación, que administra la identidad gay como amortiguacion dentro de un espacio mediático funcionalmente oficialista, y que escribe novelas donde la pija aparece como balsamo para parejas en crisis. Carmen González Taboas, a los 91 años, con dolor en las piernas y 18 libros escritos, no necesitó decir nada de eso. Ella hablo todo el tiempo pero lo que, realmente hizo es hacer que su silencio grite.




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