Novaresio Loves Lutereau

En uno de sus encuentros, Novaresio y el psicólogo Lutereau creen estar conversando sobre cómo liberar a la pareja de la obligación de la fidelidad, pero lo que hacen es defenderla de aquello que verdaderamente podría desestabilizarla: la aceptación de que el otro se aleje, se vuelva opaco o atraviese una experiencia cuyo sentido no les pertenezca. La charla desmoraliza el sexo con terceros, contempla la pareja abierta, admite la fluctuación del deseo y reemplaza la fidelidad por acuerdos más flexibles. Debajo de esa superficie progresista permanece intacta una costra profundamente católica: la convicción de que la vida afectiva del otro debe ser interpretada en su totalidad. Los tiempos cambian y las cláusulas del contrato se modernizan; la institución encargada de administrar el deseo permanece en su lugar. La conquista neoliberal del homosexual consistió precisamente en eso. Le permitió casarse, divorciarse, abrir la relación, cerrarla nuevamente, negociar amantes, trabajar los celos, perdonar una infidelidad y transformar cualquier experiencia exterior en material de elaboración conjunta. La proliferación de opciones propuestas por Luterau produce una formidable sensación de libertad, aunque todas ellas ocurran dentro de una misma forma: la pareja concebida como empresa afectiva desde la cual se gerencia el deseo.

En uno de sus encuentros, Novaresio y el psicólogo Lutereau creen estar conversando sobre cómo liberar a la pareja de la obligación de la fidelidad, pero lo que hacen es defenderla de aquello que verdaderamente podría desestabilizarla: la aceptación de que el otro se aleje, se vuelva opaco o atraviese una experiencia cuyo sentido no les pertenezca.

La Obesesión de Novaresio con el Tema de la Fidelidad

La insistencia de Novaresio con la fidelidad adopta la forma de una consulta moral dirigida a su admirado entrevistado. Todo muy La Nacion +. Pregunta si una infidelidad puede perdonarse, si puede comprenderse, si la pareja sobrevive y qué significa que el otro haya deseado a alguien más. Su ética es la de un monaguillo sometido a una doctrina que ya perdió la capacidad de tranquilizarlo. Cada respuesta de Lutereau abre una salida porque su discurso es relativizante tout court y Novaresio vuelve al mismo punto porque su verdadera pregunta es otra: qué garantiza que yo continúe ocupando un lugar excepcional para el otro. 

La infidelidad resulta insoportable cuando introduce una zona del deseo ajeno que no me pertenece, no me incluye y quizá ni siquiera tenga relación conmigo. Un acuerdo puede regular el acto sexual, pero ningún permiso garantiza la centralidad de quien lo concede. El problema nunca fue solamente la exclusividad. Lo que la infidelidad hiere es la fantasía de ser el punto desde el cual la experiencia del otro adquiere significado. Ahí la pregunta de Novaresio se vuelve más conservadora de lo que su tono admite y, al mismo tiempo, mucho más interesante, porque desnuda la institución que con Luterau cree estar reformando.

Lutereau responde desde un lugar aparentemente opuesto y se mueve con una agilidad mercurial que termina volviéndolo un panqueque psicológico. Primero relativiza la infidelidad, convertida de falta moral en acontecimiento comprensible dentro de una historia. Después relativiza la exclusividad sexual y admite que una pareja puede funcionar siendo abierta. Más tarde relativiza el deseo como fundamento del vínculo al señalar que la ausencia de sexo no constituye por sí misma un síntoma de enfermedad conyugal. Fair enough! 

Lutereau responde desde un lugar aparentemente opuesto y se mueve con una agilidad mercurial que termina volviéndolo un panqueque psicológico.

Finalmente desplaza la legitimidad de la pareja hacia el compañerismo, presentado como aquello que puede sostenerla cuando el deseo ya no lo hace. La secuencia parece audaz hasta que se advierte la operación que la organiza: cada vez que Lutereau retira un fundamento, coloca otro en su lugar. La fidelidad es reemplazada por el deseo; el deseo, por la transparencia; la transparencia, por el compañerismo “auténtico”, cuidadosamente distinguido de la resignación. La relación necesita siempre una esencia que certifique su autenticidad. 

Mi pregunta a Luterau sería previa a su panqueque: por qué una relación tiene que estar garantizada por algo, y por qué esa falta de garantías debe producir angustia?

El Problema del Neo-Conservadurismo Libertario de Lutereau

Mi pregunta a Luterau sería previa a su panqueque: por qué una relación tiene que estar garantizada por algo, y por qué esa falta de garantías debe producir angustia?

El momento decisivo aparece cuando Lutereau distingue entre una pareja verdaderamente abierta y otra que se limita a hacer concesiones sexuales para evitar la separación. Abrir una relación de verdad implicaría, según plantea, poder compartir el deseo del otro por una tercera persona. La formulación tiene un aire de máxima sofisticación afectiva, pero examinada de cerca demanda una anexión casi total de la experiencia ajena. Tu deseo ya no puede limitarse a ser tuyo y ocurrir afuera: yo debo conocerlo, comprenderlo, metabolizarlo e incorporarlo al relato de lo que somos. El permiso sexual, que parecía la concesión máxima, termina siendo la menor; a continuación se exige que aquello ocurrido fuera de la pareja se transforme en una experiencia de la pareja. Esa exigencia puede constituir una práctica válida entre personas que la eligen, pero se vuelve problemática cuando funciona como criterio de madurez emocional. Madurez = Pareja. Caiga quien caiga. Para Lutereau, la relación abierta queda entonces sometida a comunicación permanente, negociación de excepciones, distribución de permisos, administración compartida de los celos y elaboración conjunta de cada episodio exterior. La exclusividad sexual desaparece mientras la fantasía de apropiación emocional se conserva e incluso se perfecciona. El permiso produce una deuda de información que la monogamia tradicional ni siquiera necesitaba reclamar.

Para Lutereau, la relación abierta queda entonces sometida a comunicación permanente, negociación de excepciones, distribución de permisos, administración compartida de los celos y elaboración conjunta de cada episodio exterior.

La conversación desmoraliza el acto sexual y coloca en su lugar otra obligación: decir la verdad sobre el deseo. Con quién estuviste, qué sentiste, qué encontraste afuera, qué significa, si todavía me deseás, si podemos hablarlo, si puedo participar. El sexo deja de ser pecado y se convierte en contrato y potencial expediente judicial. La sexualidad sigue funcionando como máquina de verdad, quizá con mayor eficacia que antes, porque ahora se la interroga en nombre del cuidado y de la salud emocional. La culpa permite resistencia; el pedido de que hablemos porque nos hace bien resulta mucho más difícil de rechazar. 

El huevo de la serpiente aparece en una pregunta que la entrevista nunca formula: por qué el sexo que mi pareja tiene con otra persona tendría que decir necesariamente una verdad sobre mí. La premisa supone que el deseo ajeno constituye un mensaje dirigido a quien ocupa el lugar de pareja, que su intensidad define nuestra posición y que toda experiencia exterior debe traducirse al idioma de la relación antes de poder existir. El tercero deja entonces de ser una persona y se convierte en un signo cuyo significado corresponde negociar.

El huevo de la serpiente aparece en una pregunta que la entrevista nunca formula: por qué el sexo que mi pareja tiene con otra persona tendría que decir necesariamente una verdad sobre mí.

Existe otra posibilidad, más difícil que permitir una aventura y menos espectacular que declararse poliamoroso: aceptar que el deseo del otro quizá no sea un mensaje, que no tengamos que comprenderlo y que tampoco debamos formar parte de él. La transparencia total suele presentarse como la forma más avanzada de la intimidad, aunque en realidad sea su modalidad administrativa más eficiente. Me interesa, frente a ella, la amistad entendida como una forma relacional capaz de contener proximidad y distancia sin convertir esa distancia en fracaso. Una mano puede tocar el pecho de otro hombre y, en el mismo gesto, acariciarlo, sostenerlo y mantenerlo apartado. La separación deja de aparecer como el resto que la intimidad todavía no consiguió eliminar y se convierte en una de sus condiciones. Esta forma permite querer a alguien sin poseer la verdad sobre él, cuidarlo sin administrarlo y aceptar que existen zonas de su experiencia que seguirán siendo opacas. El permiso sexual cuesta poco comparado con esa renuncia. Cualquiera puede autorizar un acto y continuar reclamando la propiedad de su sentido. Lo verdaderamente difícil es soltar el sentido.

La figura del tercero permite medir la distancia entre ambos modelos. En el matrimonio clásico, el tercero representa una amenaza que debe ser eliminada. En la pareja abierta administrada, se vuelve un objeto de negociación que debe ser autorizado, informado, elaborado y devuelto a la pareja convertido en material común. Los procedimientos difieren, pero comparten el supuesto de que el tercero jamás puede limitarse a existir: tiene que significar algo para nosotros. La amistad que me interesa abre una tercera posibilidad, la de relaciones sin centro único, capaces de producir vínculos que todavía no tienen nombre y cuyos términos deben inventarse sobre la marcha. El matrimonio llega con formulario incluido; una relación sin categoría previa exige un trabajo mucho mayor. El tercero demuestra que el otro posee un mundo compuesto por episodios que no me involucran, intensidades que no me tienen como destinatario y zonas que acaso nunca serán narradas. Amar podría comenzar cuando dejamos de exigir ser el centro desde el cual toda la experiencia ajena adquiere significado. Esa renuncia también permite pensar la traición sin convertirla en una abstracción generosa. Una traición puede ser devastadora, imperdonable y suficiente para terminar una relación. El dolor, sin embargo, no demuestra que haya existido un derecho de propiedad sobre la interioridad del otro. Muchas veces duele descubrir que el guion era nuestro y que la otra persona conservaba la capacidad de salirse del personaje.

La Dictadura Soft de la Manósfera Psi

La escena posee, finalmente, una dimensión política. Dos hombres conversan en televisión sobre matrimonio, fidelidad, apertura, celos y negociación sexual con una libertad histórica que habría sido impensable hace veinticinco años. Esa libertad es real, aunque también mida el éxito de la normalización. El horizonte que despliegan consiste en ser marido de otro hombre, serle fiel, serle infiel, permitirle ser infiel, negociar cómo hacerlo, pedirle que lo cuente y comprender juntos qué significa. La aparente sofisticación aumenta mientras el repertorio de formas de vida permanece inmóvil. Lo inquietante de la homosexualidad, como vio Foucault hace más de cuarenta años, residía menos en el acto sexual prohibido que en la posibilidad de inventar relaciones para las cuales la sociedad todavía no tuviera formularios. 

Novaresio y Lutereau empiezan preguntándose si una pareja puede sobrevivir a la infidelidad y terminan mostrando el límite político de esa pregunta. Seguimos imaginando que amar consiste en mantener al otro dentro de una forma reconocible y que la prueba del vínculo reside en su disponibilidad para nuestra comprensión. El vocabulario de maridos, novios, amantes, amigos, compañeros y parejas abiertas administra bastante bien las combinaciones permitidas, pero fracasa ante dos personas que se sostienen sin pertenecerse. Esa aridez no es accidental. El lenguaje afectivo tiene pocas palabras para esas relaciones porque su verdadera riqueza sería ingobernable.

MUY IMPORTANTE PARA TODOS AQUELLOS QUE LES INTERESA LO QUE HAGO Y DIGO… 

El CURSELINA le da la bienvenida a Elina Costantini al mundo del arte —muy necesitado de miradas frescas— con un curso dedicado a su madrinazgo de Viva Kahlo. La primera parte será mañana (13 DE AGOSTO) a las 22.30 hs (hora Argentina) en vivo y exclusivamente para miembros, y quedará grabada.

Hoy, 12 de agosto, también tendremos a las 22.30h el Primer Encuentro de La implosión de la Academia, después del streaming público sobre Cambridge, que podrá verse gratuitamente solo en vivo. Las grabaciones del streaming sobre Cambridge, del Primer Encuentro de La implosión de la Academia y de CURSELINA — Parte 1 quedarán disponibles exclusivamente para miembros del canal. Podés sumarte desde el área de Membresías de @caneteuk.

Una respuesta a «Lutereau y Novaresio y ‘La Pareja’ (En Su Versión La Nación+) Como Un Servicio de Inteligencia Sexualizado en Escala»

  1. Es impresionante tu análisis de la charla de Novaresio y el psicólogo. Es sorprendente lo que hacés.
    «Cualquiera puede autorizar un acto y continuar reclamando la propiedad de su sentido. Lo verdaderamente difícil es soltar el sentido.».

    Me gusta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias