El punto de partida del streaming fue una discusión sobre David Viñas del día anterior: varios comentarios al streaming previo señalaban que Viñas tuvo dos hijos desaparecidos, como si ese dato reorganizara, legitimara o clausurara cualquier análisis sobre su figura intelectual. Y yo quiero ser muy claro: la tragedia de Viñas es irrefutable y victimológica. Eso no está en discusión pero, realmente, queremos poner la intervención frente a Sarlo y el pan forte ese que es Cristina Mucci, en ese registro?. Lo que creo está en discusión es otra cosa: Qué hace una cultura cuando convierte ese dolor en intocabilidad crítica. Cuándo el contexto biográfico deja de ser una herramienta de comprensión y se convierte en blindaje.


Porque la misma operación —la emoción como mecanismo de legitimación pública— aparece en registros completamente distintos. Aparece cuando la imagen amorosa de una pareja mediática y política circula como tecnología de suavización: Cristina Perez y su “marido” (por fuera del Estado). Para ver mis opiniones y las de los Communards al respecto vayan al video pero la cuestión que me interesa plantear es que la cuestión emocional aparece cuando el duelo histórico vuelve intocable una trayectoria intelectual. Aparece cuando la militancia reemplaza al programa. En todos los casos, la estructura es la misma: algo que debería ser gestallt se convierte en argumento. Algo que debería informar el juicio termina suspendiendo el juicio. Con eso hay que tener mucho cuidado.


En el video también hablo de mi propia historia. De haber trabajado con organismos de derechos humanos que idolatraban a Viñas y haber sido llamado “genocida” por ser funcionario de De la Rúa. De haber sido funcional para que la ESMA no fuera demolida con estrategias de “hackeo” similares a las de Viñas en el programa de Mucci. Y de cómo esos organismos, a los que respeto en su origen y en su lucha, funcionaban muchas veces como un politburó: administrando la memoria como poder, no como pensamiento.


La distinción básica es esta: contextualizar no es absolver. Comprender no es justificar. Reconocer el dolor no obliga a suspender el juicio. Una cultura crítica no es una cultura sin afectos. Es una cultura capaz de pensar incluso —sobre todo— allí donde los afectos piden que dejemos de mirar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tendencias