Esta semana abre en Venecia la 61ª edición de la Bienal de Arte, titulada In Minor Keys (En Tonos Menores). Su curadora, Koyo Kouoh, murió el 10 de mayo de 2025, diez días antes de la conferencia en la que iba a presentar su tema al mundo. Era suizo-camerunesa, tenía 57 años. Había fundado el RAW Material Company en Dakar —una plataforma de pensamiento crítico y práctica artística que generó su propio discurso, en sus propios términos, sin pedir permiso a ninguna institución occidental. Desde 2019 dirigió el Zeitz Museum of Contemporary Art Africa en Ciudad del Cabo, el museo más grande de arte contemporáneo del continente, que transformó en una institución de rigor curatorial pan-africano. En 2022 montó When We See Us: A Century of Black Figuration in Painting, la mayor exploración de la autorrepresentación negra y las subjetividades negras en la pintura jamás reunida, que viajó internacionalmente. Cuando fue nombrada curadora de la Bienal —la primera mujer africana en serlo— no era una anomalía ni un gesto simbólico: era la culminación de una práctica construida ladrillo por ladrillo durante tres décadas. La Bienal decidió llevar adelante su visión exactamente como ella la había concebido, guiada por cinco asesores que ella misma eligió. La exposición presentará 111 artistas y colectivos con fuerte presencia del Sur Global, y abrirá con una Procesión de Poetas —referencia directa a una Caravana de Poesía que Kouoh misma lideró entre Dakar y Tombuctú. En su propio texto curatorial escribió que los tonos menores rechazan el estruendo orquestal, que piden una escucha que convoca las emociones y las sostiene a cambio. No es una idea menor. Es un programa estético, político y cosmológico que viene de adentro.


Esto importa decirlo con precisión porque en el Curso de Teoría del Arte del Siglo XX que hacemos juntos estamos leyendo esta semana textos que pertenecen a una tradición radicalmente distinta, y la tentación de trazar una genealogía entre ambas es un error intelectual que hay que evitar. Los expresionistas alemanes del Blaue Reiter —Marc, Macke, Nolde— miraban el arte africano, oceánico y oriental desde afuera, como recurso para resolver una crisis que era enteramente propia: la crisis espiritual y estética de la cultura europea de principios del siglo XX. Usaban esas formas para alimentar su propio programa. No le preguntaban nada a nadie. El arte africano no hablaba en esos textos; era hablado. Y Clive Bell hizo algo aún más radical en ese sentido: despojó la escultura africana de toda función, contexto y cosmología para convertirla en evidencia de una teoría estética universal que era, en su estructura, completamente europea.


El único autor de los que leemos esta semana que merece una mención cuidadosa en relación con Kouoh es Carl Einstein, y aun así la mención requiere precisión. En su Negerplastik de 1915, Einstein fue el primero en exigir que la escultura africana fuera analizada desde sus propios principios formales y cosmológicos, sin imponerle las categorías del pensamiento europeo. Fue una corrección metodológica necesaria y llegó tarde. Pero Einstein seguía siendo un historiador del arte alemán analizando un objeto desde afuera: corregía la mirada europea sin salir de ella. Su intervención señalaba el problema; no lo resolvía.

Lo que Kouoh hizo fue algo estructuralmente distinto. No corrigió la mirada europea sobre el arte africano: construyó una institución, un programa, una práctica curatorial que no necesitaba de esa mirada para existir ni para legitimarse. In Minor Keys no es la respuesta africana al primitivismo europeo en el sentido de que lo continúa o lo completa. Es una práctica que opera desde otro lugar completamente distinto —con otra autoridad, otra genealogía, otra concepción de lo que una bienal puede y debe ser. El primitivismo europeo usó el arte africano como espejo para verse a sí mismo. Kouoh usó la Bienal de Venecia para hacer visible lo que ese espejo siempre excluyó.


Los textos que leemos en los Episodios 7 y 8 de este curso pertenecen a la historia del problema, no a la historia de la solución. Son documentos primarios de un momento en que la cultura occidental tomó conciencia de sus propios límites y buscó salida en lo que había marginado, sin cuestionar seriamente el mecanismo de la marginación. Leerlos con honestidad intelectual implica ver exactamente eso: su potencia y su límite, lo que pudieron articular y lo que no pudieron o no quisieron ver. Ese ejercicio es parte de lo que hacemos en este curso. Si querés sumarte, el botón de “Unirse” está debajo de cualquier video del canal.​​​​​​​​​​​​​​​​

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