Ricardo Darín viene de ser presentado como el “espejo moral” de la Argentina. La frase parece elogiosa, casi inocente: Darín como el actor que, a través de sus personajes, habría sabido condensar las contradicciones éticas de un país. Pero el problema empieza justamente ahí. Porque “espejo moral” no refiere solamente al resultado de una profesión sino que le otorga un don….público. Darín deja de ser sólo intérprete de personajes y pasa a convertirse, como por arte de magia, en un agente de reconciliación nacional. Los ojos y el rostro a través del cual la Argentina puede mirar su crisis. Eso sí, con una condición…. No tener que verla entera. Y esto, por supuesto, viene con serios problemas. Pero, como siempre, parezco ir a contrapelo porque los Españoles lo aplauden….hasta The Hollywood Reporter en Español, en su blog, parece cantar sus loas. Pero no es tan así cuando uno se acerca al texto.
Ricardo Darín viene de ser presentado como el “espejo moral” de la Argentina. La frase parece elogiosa, casi inocente: Darín como el actor que, a través de sus personajes, habría sabido condensar las contradicciones éticas de un país. Pero el problema empieza justamente ahí.
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Lo que sucede con Darín yo lo denomino, en terminos teologicos, una teodicea. En sentido clásico, una teodicea intenta justificar a Dios frente al problema del mal. En este caso, el problema es una pregunta: ¿cómo puede la Argentina seguir imaginándose moralmente decente si está atravesada por viveza criolla, privilegio, violencia, corrupción, misoginia, trauma y autoabsolución? Darín parecería ser la respuesta. No Darín como individuo privado, sino Darín como personaje: vecino, padre, fiscal, antihéroe, héroe colectivo, argentino reconocido por Hollywood pero, aparentemente, sin interés por Hollywood.
Lo que sucede con Darín yo lo denomino, en terminos teologicos, una teodicea. En sentido clásico, una teodicea intenta justificar a Dios frente al problema del mal. En este caso, la pregunta es: ¿cómo puede la Argentina seguir imaginándose moralmente decente si está atravesada por la viveza criolla?
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La nota de Jared Peraza The Hollywood Reporter en Español codifica esta teodicea. No inventa de cero al Darín moral; esa figura ya venía sedimentándose en entrevistas televisivas, discursos sobre el Oscar, la familia, la humildad, el rechazo de la ambición y hasta apropiaciones católicas de su figura como ejemplo moralizante. Pero la nota organiza todo eso como una gran paradoja que presenta como una certea. En Nueve reinas, la estafa se vuelve viveza criolla; en El hijo de la novia y Relatos salvajes, la impotencia de clase media se vuelve frustración ciudadana; en El secreto de sus ojos, la cobardía y el deseo reprimido se vuelven melancolía ética; en Argentina, 1985, la memoria traumática se vuelve justicia humanizada; en El Eternauta, la catástrofe colectiva se vuelve heroísmo vecinal.

En la nota, Darín es presentado como el Cristo redentor argento que no elimina nuestro oscurantismo sino que lo reordena. Le da un rostro cansado, masculino, sobrio, querible y, sobretodo, exportable. Por eso la categoría de “espejo moral” es performativa ya que produce la idea de que puede sostener una imagen reconciliada de los argentinos: para los argentinos y para el exterior. La Argentina puede ser estafadora, melancólica, violenta, e hija de puta, pero mientras todo eso pueda aparecer en el rostro de Darín, todavía parece humana. Y esto ya me empieza a sonar mal. Los Argentinos siempre parecemos ser derechos y humanos.
En la nota, Darín es presentado como el Cristo redentor argento que no elimina nuestro oscurantismo sino que lo reordena. Le da un rostro cansado, masculino, sobrio, querible y, sobretodo, exportable. Por eso la categoría de “espejo moral” es performativa ya que produce una imagen reconciliada de los argentinos
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Esa normalidad que Darín representa no tiene nada de neutral. Es una normalidad porteña, masculina, blanca, de clase media, familiarista, irónica, prudente, ideológica pero jamas partisana. No sea cuestion de que se juegue demasiado por algo. La nota del Reporter dice que el espectador ve en él “a su vecino, a su padre o a sí mismo”. Pero qué signica eso realmente? La nación que Darín espeja está organizada alrededor del padre y del vecino, pero excluye a la víctima, a la mujer que denuncia maltrato, a los cuerpos precarizados, racializados o disidentes, ni de quienes quedan fuera de la clase media sentimental argentina. Cuando habla con Fantino quiere hablar de Reinaldo Arenas, no sabe ni cómo referirse a un homosexual. Imaginemos a Darin haciendo de uno. No podría porque siempre hace de él mismo, como espejo ‘mediocre’ moral de la Nación. Y todo esto funciona porque ofrece a los argentinos un sentido de decencia precaria pero reconocible para quienes todavía necesitan creer que el país, pese a todo, conserva cierta decencia.
La pregunta que ese articulo plantea es qué operación cultural se activa cuando un actor se vuelve garantía moral de una nación. La respuesta es la mentira. Esto emerge cuando la figura del Darín moral se cruza con las acusaciones públicas de maltrato realizadas por Valeria Bertuccelli y Érica Rivas en torno a Escenas de la vida conyugal. Porque ahí aparece la falla del espejo: el mismo campo cultural que puede convertir a Darín en rostro de la ética, la memoria, la sensibilidad nacional y la denuncia contra la violencia, se vuelve mucho más prudente cuando la violencia es nombrada dentro de su propio circuito de prestigio. A eso se suma la entrevista con Fantino, donde Darín instala el horizonte de Hollywood a través de una escena de intimidad masculina con Javier Bardem: Bardem aparece como un gran actor inseguro, casi necesitado de terapia; Darín, como el argentino que escucha, contiene, aconseja y circula entre figuras globales sin perder su autenticidad; Fantino, queda como el oficiante fascinado que acepta la anécdota y la convierte en consagración televisiva. La escena deja mal parado a Bardem porque lo usa como prueba de autoridad afectiva; deja mal parado a Fantino porque muestra hasta qué punto la entrevista funciona como ceremonia de canonización; y deja intacto a Darín porque toda intimidad ajena termina regresando a su favor. Y supuestamente, todos los halagan como el mejor actor en español de la historia. Darín se presenta como alguien que estuvo cerca del centro del mundo, conoció la fragilidad de sus grandes hombres, rechazó la seducción de Hollywood y volvió a la Argentina moralmente engrandecido.
La pregunta que ese articulo plantea es qué operación cultural se activa cuando un actor se vuelve garantía moral de una nación. La respuesta es la mentira. Esto emerge cuando la figura del Darín moral se cruza con las acusaciones públicas de maltrato realizadas por Valeria Bertuccelli y Érica Rivas en torno a Escenas de la vida conyugal.
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