La Bandera como Mamografïa Global
María Becerra cantó el himno argentino en Atlanta durante la final embanderada en una bandera argentina que parecía hecha de papel crepé. La prensa describió la prenda como elegante, histórica y patriótica. El material, sin embargo, contradecía cada uno de esos adjetivos. Esa distancia entre realidad y discurso está vinculada al ecochamber que se armó para negar que la Argentina sea racista. Podria decirse que la misma operación que cubrió el vestido con un discurso protector es la que la Argentina mediática desplegó tras que la derrota ante España en el Mundial dejara expuestas las acusaciones internacionales de racismo contra jugadores, hinchas y funcionarios.

El vestido de papel crepé funciona como el emblema material de una operación nacional mucho más amplia: la fabricación urgente de una superficie de unidad destinada a cubrir una fractura racial que el deporte había mantenido suspendido. La selección argentina operó durante el mundial como una mecanismo de neutralizacion de conflictos internos. Messi insistia: ‘no escuchen a nadie, no lean redes sociales, juguemos al futbol’. Aislemosnos. Sin embargo, la derrota levantó un velo y dejó expuesto lo innegable.
La Argentina Blanca
Este análisis trabaja con la categoría de «Argentina Blanca» que propone el antropólogo Gastón Gordillo, y con la figura del malón como dispositivo espacial y afectivo del racismo argentino. Gordillo nos permite leer los programas radiales y televisivos de Radio con Vos, María O’Donell, Bercovich con Paenza y Marcelo Longobardi como variaciones del mismo sistema inmunitario y que la argentina no pueda moverse. La etimología de la palabra estúpido es significativa. Desde este punto de vista, el vestido de Becerra era estupido porque exagerando pretendia tapar lo que la nación es.
Gordillo nos permite leer ver a Radio con Vos, María O’Donell, Rosemblatt y Marcelo Longobardi como variaciones del mismo sistema inmunitario que le impide a la Argentina moverse. La etimología de la palabra estúpido es significativa. Desde este punto de vista, el vestido de Becerra era estúpido por fetichista y exagerado.
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La derrota frente a España abrió las compuertas de la represa y las redes sociales, rapidamente, hicieron visibles una serie de episodios que la cobertura internacional organizó rápidamente bajo la palabra “racismo”. El gesto simiesco dirigido contra el influencer conocido como Pete circuló junto a las acusaciones vinculadas con Vinicius, los cantos discriminatorios protagonizados por Enzo Fernández durante los festejos y declaraciones racializadas provenientes de figuras del poder político argentino, como la vicegobernadora de Mendoza. Entendamonos, una vicegobernadora negó públicamente la nacionalidad francesa de jugadores negros por serlo. Para ella, un negro es un africano y, ella, creyendo que las palabras no tienen efectos, los devolvió imaginariamente a África. Un asesor del gobierno hizo un comentario racista tras la eliminación de Brasil. Sectores de la militancia libertaria difundieron mensajes antimusulmanes que rechazaban el multiculturalismo europeo. Esto no es exclusivamente argentino pero suma. Recordemos del apoyo de Milei a Netanyahu, a Trump y la votacion en contra del tratado contra la esclavitud. Y bue…
La vicegobernadora de Mendoza negó públicamente la nacionalidad francesa de jugadores negros por serlo. Para ella, un negro es un africano y, ella, creyendo que las palabras no tienen efectos, los devolvió (en su triste cabeza) a su África de orígen.
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El Progresismo Nazionista Argentino
Pero me interesa el supuesto progresismo porque ya sabemos que los libertarios son trogloditas votados por una sociedad racista. El problema es el preogresismo que deberia brindar herramientas para articular un contra argumento. Cinco espacios mediáticos argentinos, tomados al azar, respondieron a estos episodios de una manera muy argentina. Cada uno construyó una forma distinta de absolución nacional. Por ejemplo, Radio Con Vos con Tenembaum desplegó una estrategia testimonial. Un inglés agradecido, una mujer boliviana que se sintió recibida (viviendo ambos en Argentina y teniendo una experiencia y una presion muy especifica que Tenembaum ni se ocupa de abordar) y despues monumentaliza la figura moralizada de Scaloni como prueba individual capaz de certificar la hospitalidad del país entero. Cada testimonio positivo quedó convocado para representar una esencia nacional, exactamente la misma operación que el programa rechazaba cuando un gesto racista intentaba generalizarse en sentido contrario.
María O’Donnell, por su parte, comienza reconociendo los episodios racistas (algo que Radio con Vos en su estupidez no hace), pero rapidamente desplazó la explicación principal hacia la circulación algorítmica de las imágenes. Una conspiracion o el tipico recurso a los social media como culpables de lo poco serio y no verificable que la constituye a ella en paradigma de la razon y el saber Sarmientino. Según ella, los algoritmos fragmentan la información, y cada sociedad interpreta el Mundial desde sus propios conflictos históricos: Brasil desde su discusión racial explícita, el resto de Latinoamérica desde el estereotipo de la soberbia argentina, Europa desde sus debates sobre inmigración y colonialismo. Esta descripción posee una parte verdadera pero deposita todo el peso en la proyeccion del otro sobre el alguien superior. Esto es narcisismo esencialista nacionalista. Y lo cierto es que ningún hecho circula sin mediación digital. El problema aparece cuando el análisis de la circulación sustituye el análisis del contenido, porque demostrar que una denuncia se volvió viral no demuestra que sea falsa, y reconstruir el marco nacional desde el cual se interpreta un gesto tampoco elimina el acto racista.
María O’Donnell reconoció los episodios racistas (algo que Tennembaum en su estupidez no hace), pero rápidamente desplazó la explicación hacia la circulación algorítmica de las imágenes. El típico recurso a los social media como culpables de lo poco serio y no verificable que, por oposición e hipérbole, la coloca a ella como paradigma de la razón Sarmientina.
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La entrevista a Adrián Paenza introdujo una advertencia epistemológica aceptable: ninguna conducta individual representa a una población completa, y ningún país constituye un sujeto homogéneo. Ok. Nuestro científico se presenta, como de costumbre, Popperiano. Paenza utilizó ese argumento para rechazar afirmaciones absolutas como la de que Argentina sería el país más racista del mundo. Ok, nuevamente… No se debe generalizar. Sin embargo, en la misma entrevista hace una plétora de generalizaciones. Presenta los argentinos como prepotentes, incapaces de hacer filas, de respetar el tránsito, de comportarse como los japoneses que limpian los estadios que utilizan. Es decir, Paenza rechaza el esencialismo racial pero no… y hace un enroque entre raza y cultura que, acto seguido, lo lleva a definir a la Argentina como ‘una cultura del desorden’. El racismo amenaza la ficción moral de la nación y debe expulsarse hacia el terreno de las generalizaciones inaceptables. Sin embargo, la prepotencia es avalada como rasgo pintoresco porque no amenaza la ficción moral. Para científicos que piensan así, prefiero a un vendedor ambulante.…
Para Longobardi, nombres como —Rosalía, Samuel L. Jackson, Piers Morgan, Perez Reverte— evidencian una campaña coordinada vinculada al sionismo argentino del que él se siente orgulloso. Para él, el impacto afectivo de la lista de celebrities anti-argentinas importa más que la coherencia del archivo que reconstruyen.
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Marcelo Longobardi, en cambio, condensó la reacción nacional en la fórmula de un odio reprimido que de golpe se liberó. Lo suyo es narcisismo excepcionalista de la primera hora. La derrota no habría creado la hostilidad internacional, solamente habría permitido que se manifieste. Nombres como —Rosalía, Samuel L. Jackson, Piers Morgan, Jasmine Crockett, Perez Reverte, comentaristas europeos, políticos latinoamericanos— son insertos como evidencia de una campaña coordinada vinculada al sionismo argentino del que él, según manifiesta, se siente orgulloso. Para él, el impacto afectivo de la lista de celebrities anti-argentinas importa más que la coherencia del archivo que esa lista pretende reconstruir. Nazis en Argentina, Argentinos apoyando a Milei, turistas deshumanizantes circulando del country a las calles de Estados Unidos haciendo chistes racistas por el mundo.
Marcelo Longobardi, en cambio, condensó la reacción nacional en la fórmula de un odio reprimido que de golpe se liberó. Lo suyo es narcisismo excepcionalista de la primera hora. La derrota no habría creado la hostilidad internacional, solamente habría permitido que se manifieste.
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El ataque a Yanis Varoufakis es muestra del esquizoprogresismo argento ya que permite observar como un referente internacional progresista conserva prestigio mientras confirma nuestras creencias. Cuando esa misma autoridad formula una observación incómoda sobre Argentina, su legitimidad se cae automáticamente. El internacionalismo encuentra aquí un límite estrictamente nacional: la crítica a las potencias coloniales se acepta con entusiasmo, la crítica dirigida hacia la propia sociedad activa la cancelación del crítico. Repito la crítica dirigida hacia la propia sociedad activa la cancelación del crítico.
El ataque a Yanis Varoufakis es muestra del esquizoprogresismo argento ya que permite observar como un referente internacional progresista conserva prestigio mientras confirma nuestras creencias. Cuando esa misma autoridad formula una observación incómoda sobre Argentina, su legitimidad se cae automáticamente
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El análisis de Mercedes Máspero, creo que citada por Tenembaum o Longobardi, sobre la conversación digital aporta una capa adicional de aparente sofisticación técnica pero es otro desastre. Las herramientas de social listening permiten observar conexiones transnacionales. Esa precisión técnica produce una forma elegante de desatención cuando el estudio de la circulación reemplaza la investigación sobre las formaciones raciales que esa misma circulación pone en movimiento. Se conoce el recorrido exacto de la denuncia y se deja intacto el objeto denunciado.
Narcisismo Victimológico Argentino
Estos cinco programas comparten una premisa que ninguno dice explícitamente : el problema es la injusticia del modo en el que se ve a la Argentina desde afuera. La injusticia no es la historia que legitima las acusaciones internacionales que vuelven de golpe a estos gestos racistas evidentes. Gordillo permite nombrar esa formación con el concepto de Argentina Blanca, un proyecto territorial y afectivo que organizó la nación mediante migraciones internas. El exterminio y desplazamiento de los pueblos indígenas, la invisibilización de la población afroargentina, la europeización arquitectónica de Buenos Aires, Rosario, la Pampa Gringa y Bariloche, y la erradicación sistemática de villas conforman una misma ingeniería espacial. Ese país blanco no constituye únicamente una fantasía cultural. Es un dispositivo material que distribuye tierras, infraestructura, seguridad y visibilidad de manera diferencial y tapa a los morochos o cuando los presenta, los blanquiza y cuando insulta al otro, lo deshumaniza.
El exterminio y desplazamiento de los pueblos indígenas, la invisibilización de la población afroargentina, la europeización arquitectónica de Buenos Aires y Bariloche, y la erradicación sistemática de villas conforman una misma ingeniería espacial. Ese país blanco no constituye únicamente una fantasía cultural. Es un dispositivo material de distribución de privilegios.
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El concepto del malón es fundamental.
El término designó originalmente las incursiones de los pueblos indígenas que limitaron durante el siglo diecinueve la expansión del Estado argentino. Su uso posterior transformó la palabra en una alegoría de las multitudes populares que ocupan espacios imaginados como propiedad natural de una nación blanca y civilizada. Los trabajadores que ingresaron a Plaza de Mayo el diecisiete de octubre de mil novecientos cuarenta y cinco fueron percibidos por sectores de la sociedad porteña como una invasión de cabecitas negras. La ocupación del Parque Indoamericano en dos mil diez fue presentada como una invasión extranjera capaz de extenderse sobre las viviendas de la ciudad. Durante los saqueos de dos mil trece, vecinos armados imaginaron hordas negras atacando sus hogares, y en mil novecientos ochenta y nueve la clase media porteña temió el avance de un malón villero por la avenida Rivadavia que nunca llegó a materializarse. Digamoslo con todas las letras.
Los trabajadores que ingresaron a Plaza de Mayo el diecisiete de octubre de mil novecientos cuarenta y cinco fueron percibidos por sectores de la sociedad porteña como un malon de cabecitas negras.
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Gordillo invierte esta figura mediante el concepto del malón blanco. Las multitudes populares aparecen representadas históricamente como hordas violentas, mientras que las formas más devastadoras de saqueo y terror fueron producidas por el Estado, las Fuerzas Armadas y las élites económicas capturadas por la progresia y derecha blanca. La Conquista del Desierto, la represión del Malón de la Paz, la masacre de Rincón Bomba y la dictadura militar constituyeron operaciones “civilizatorias” que destruyeron cuerpos y territorios en nombre del orden nacional. Esta inversión conceptual permite leer la campaña internacional posterior al Mundial de otra manera: esa sensación de una horda discursiva que avanza sobre la reputación argentina reactiva un miedo racial estructurado hace más de un siglo, y ese miedo no depende de de la amenaza percibida, depende de la disponibilidad histórica de una figura capaz de aglutinar la emoción colectiva.
Esa sensación de una horda discursiva que avanza sobre la reputación argentina reactiva un miedo racial estructurado hace más de un siglo, y ese miedo no depende de de la amenaza percibida, depende de la disponibilidad histórica de una figura capaz de aglutinar la emoción colectiva
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Esta Argentina Blanca atraviesa las tradiciones políticas argentinas sin distinción de signo ideológico. El peronismo erosionó algunos de sus componentes al incorporar imágenes criollas y populares, y reprodujo simultáneamente la idea de una armonía racial que negó la persistencia efectiva del racismo. Por eso, a Peron le gustaba Bernardo de Quiros y no la vanguardia porque la vanguardia era intelectualista mientras que el campo permitia invisibilizar. El kirchnerismo, en cambio, nos acercó a la sensibilidad latinoamericana, pero reprodujo las formas de exclusion de las demandas territoriales indígenas. Eso es muy peronista. El macrismo articuló de manera explícita el ideal europeizante y la criminalización de las multitudes populares mientras abria la puerta a los venezolanos de manera hostil y racializada. El libertarismo contemporáneo reactualiza discursos inaceptables e ilegales. La Argentina Blanca cambia de vocabulario según la coyuntura política y conserva intacta su capacidad de organizar el sentido común afectivo de espacios ideológicos opuestos pero lo que queda claro es que el blanco porteño conserva la manija del Estado y la distribucion de los recursos.
La Argentina Blanca cambia de vocabulario según la coyuntura política y conserva intacta su capacidad de organizar el sentido común afectivo de espacios ideológicos opuestos pero lo que queda claro es que el blanco porteño conserva la manija del Estado y la distribución de los recursos.
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Ch’Ixi
Silvia Rivera Cusicanqui aporta el concepto de ch’ixi como alternativa teórica a esta formación. Una nación mestiza pensada desde el ch’ixi no necesita fingir que sus historias indígenas, afro, europeas, migrantes y populares se integran sin conflicto en una síntesis armónica. Puede aceptar que esas trayectorias permanecen en conflicto permanente, que producen memorias incompatibles entre sí, y que no existe imagen única que logre representarlas. La pertenencia nacional deja de depender de la semejanza con un modelo homogéneo como pretendio Banzer en Bolivia o Peron en Argentina y pasa a construirse mediante el derecho de las diferencias a ocupar el mismo espacio sin pretender resolverse como totalidad homogenea. Pero el Argentino no acepta eso y lo hace, paradojicamente, en nombre de la diversidad. Diversidad de que?

Pero volvamos al vestido de María Becerra. El valor de la prenda se construyó mediante un circuito de legitimación que se validaba a sí mismo: las credenciales internacionales del diseñador certificaron el objeto, la prensa asoció esas credenciales con la solemnidad de la ceremonia, la importancia de la ceremonia transformó la prenda en pieza histórica, y la repetición mediática de ese carácter histórico impidió que el objeto fuera juzgado por su apariencia concreta. La residencia neoyorquina del diseñador era prueba legitimante de calidad. Del mismo modo, el proyecto histórico de la Argentina Blanca buscó producir una geografía europea dentro de Sudamérica, y en el siglo veintiuno esa aspiración adopta un vocabulario cosmopolita: la bandera argentina, hecha vestido, necesita pasar por Manhattan para regresar convertida en alta moda. Asi como mi critica al racismo argentino se volvio realmente peligrosa cuando el Museo de Houston la reconocio. Ese era y fue el limite.
El Excepcionalismo Argentino
El orgullo nacional que esa elevacion neoyorkina produjo al mejor estilo diario La Nacion y Chorra Paqueta, funciono, como vengo advirtiendo, como boomerang. El argentino esta desesperado por ser reconocido por el extranjero del Norte Global pero, esta vez, Milei y Messi con Trump mediante, se fueron de tema y el Norte miró. Lo que el narcisismo argentino no tolera es cuando esa mirada extranjera se niega a confirmar la imagen que el Argentino tiene de si mismo. Esta listo para invisibilizar la critica pero esta vez, la critica fue muy visible. Samuel L. Jackson, dentro de esta logica, tenia que repetir la dinamica del diseñador de Becerra: USA como credencial global capaz de certificar la pertenencia argentina al mundo cosmopolita. Pero… Su afirmación de que Argentina sería el país más racista del mundo los dejó sin capacidad de reacción. Pretendiendo no entender por qué tanto odio? Entonces se transforma en una generalización insostenible. Ok…. . La respuesta argentina, sin embargo, no se limitó a remarcar la obvia exageración de lo dicho por Jackson sino que se ocupo de desacreditarlo por no conocer el pais. Y a esto se le opone la imagen de una Argentina real y hospitalaria, sensible, toquetona, sintetizada en la respuesta de Bárbara Lombardo sobre los abrazos y la calidez nacional. Pero dejate de joder…
El argentino esta desesperado por ser reconocido por el extranjero del Norte Global pero, esta vez, Milei y Messi con Trump mediante, se fueron de tema y el Norte miró. Lo que el narcisismo argentino no tolera es cuando esa mirada extranjera se niega a confirmar la imagen que el Argentino tiene de si mismo.
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Esa fantasia de calidez argentina posee un valor afectivo genuino y produce al mismo tiempo una insuficiencia analítica precisa: convierte una cualidad afectiva verificable en refutación de una estructura histórica, exactamente como una familia puede sostener vínculos cariñosos y tener miembros violadores. Ademas la hospitalidad argentina siempre tiene como testigo al europeo o canadiense rubio al que el argentino mestizo aspira. La sociedad argentina puede ser hospitalaria y racista de manera simultánea, y esa simultaneidad constituye precisamente lo que la Argentina Blanca quiere invisibilizar.
La derrota produjo una sustitución victimologica. La condición de víctima reemplazó a la condición de campeón en el imaginario nacional, y ambas caras son las caras de este monstruo Janno llamado Argentina. La Argentina dejó de presentarse como el país que domina el mundo mediante el fútbol y comenzó a presentarse como el país que resiste una persecución mundial injustificada por razones que todavia nos queda por determinar. Te podria dar algunas claves que tienen que ver con el voto a Milei, los apoyos a Estados Unidos. Y bueno, quieren inflacion controlada, tienen que vender el pais y eso viene ademas con este costo. Incluso el odio exterior que Longobardi describe termina confirmando la excepcionalidad nacional, porque ninguna campaña de esa magnitud se organizaría contra un país tan insignificante. Lo de Longobardi es de gaga.
Esto nos lleva a la fantasía de excepcionalismo que explica por qué las acusaciones más desmesuradas terminan siendo funcionales al sistema que dicen combatir. La afirmación de Samuel L. Jackson resulta fácil de refutar en su exageracion, y esa facilidad produce la ilusión de haber refutado también las acusaciones más precisas y verificables: el gesto contra Pete, los cantos de Enzo Fernández, las declaraciones de la vicegobernadora. No, no lo fueron. Refutar el exceso permite reconstruir una inocencia nacional que jamás examina las formas cotidianas y estructurales de racialización que el exceso, precisamente, exageraba. Eso y me consta es lo que el argentino no va a hacer jamas. Cuando Rosemblat se enarbola en eta causa recordemos su apellido aleman y empecemos a rastrear. Mariana Marx que me destruyo la casa de mi papa era hija de un Nazi y su fortuna viene del nazismo. Por eso fue catalogada la madama de Barrio Parque y se viste en Ralph Lauren Purple Label. No tiene nada que la redima. Es heredera del horror. Cuando Santiago Llach le firma la gacetilla de prensa del libro de mierda que escribió, quien paga eso… el nazismo.

El Racismo Estructural Argentino
Una respuesta capaz de sostener las contradicciones sin resolverlas en una absolución final resultaría analíticamente superior a las cinco estrategias mediáticas examinadas. Esa respuesta podría afirmar simultáneamente que Samuel L. Jackson exagera y que el racismo argentino existe como estructura verificable. Podría sostener que Francia arrastra una historia colonial evidente y que un canto discriminatorio argentino sigue siendo racista independientemente de esa historia. Podría reconocer que los algoritmos amplifican la circulación de una denuncia sin que esa amplificación implique que el algoritmo inventó su objeto. La Argentina Blanca no tolera con facilidad estas simultaneidades porque necesita organizar el espacio moral mediante oposiciones estrictas: civilización o barbarie, hospitalidad o racismo, crítica legítima o campaña coordinada, patria o enemigo exterior. Esto lo dciamos ayer.
El vestido de papel crepé de esta ridicula anticipa visualmente esta misma incomodidad ante la simultaneidad. Cuanto más intensa resultaba la explicación periodística sobre su elegancia y su valor histórico, más visible se volvía la necesidad de administrar la percepción pública de ese vestido. El problema es que en ese escenario la cosa se pone complicada. El vestido era ridiculo: intentaba protegerlo de su propia materialidad. La cobertura posterior a la derrota futbolística realizó exactamente la misma operación sobre la nación argentina. Frente a imágenes internacionales evidentes e incómodas, los cinco programas construyeron interpretaciones anticipadas que indicaban qué debía verse y cómo debia interpretarse: una campaña orquestada, exageración, resentimiento poscolonial, hipocresía extranjera. Sí pero…. los hechos concretos permanecieron visibles durante todo el proceso. Su capacidad de producir conocimiento estructural quedó, sin embargo, sistemáticamente neutralizada por esa capa discursiva protectora.




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