Símbolos Patrios Gelatinosos
En las imágenes de la Francia Revolucionaria se puede ver un giro y Francia florece despues de tres decadas muerta. Desde este punto de vista, me interesa el contraste entre Francia y Argentina como dos maneras de imaginar la nación.En el stream Gelatina la idea de ‘nación’ aparece como un repertorio de significantes que hay que ponerse como cucardas para sentir que se tiene legitimidad: Malvinas, Soberanía, la bandera, Messi, la Selección, la UBA, la educación pública, un excombatiente cantando el himno. Y el streamer Gelatinoso dice que Messi tiene la capacidad de destacar “los símbolos que son unánimes a todos”. La tarea política, según Gelatina, consiste, entonces, en identificar aquellos símbolos que todavia son capaces de producir unanimidad y asociarlos a determinadas causas: Malvinas con la Ley de Tierras; Messi con la universidad pública; la Selección con la idea soberanía.

Pero pensemos un poco en lo que esta haciendo comunicadores como Pedro Rosemblatt, Mengolini y otros. El problema de Gelatina no es que use Malvinas, soberanía o la UBA como simbolos patrios, solamente. El problema es qué hace políticamente con esos significantes? La respuesta es que intenta convertirlos en unanimidad Argentina, precisamente cuando la coyuntura politica exige lo opuesto…. Construir una division entre nosotros y ellos. Si de estrategia politica contra-hegemonica se trata, este no es el momento de unir. Esa desesperacion de lograr legitimarse mediante simbolos “unánimes a todos” remiten metonimicamente a —Malvinas/Ley de Tierras, Messi/UBA, Selección/soberanía y nos coloca en un loop melancolico.
La Ley de Tierras demuestra el problema con querer lograr unanimidad. No estamos ante una cuestión nacional ya consensuada que se aplica automaticamente a una política pública sino ante un enfrentamiento político: el artículo 154 del DNU 70/2023 derogó la Ley 26.737, que imponía límites a la adquisición de tierras rurales por extranjeros; que la Corte acaba de dejar sin efecto la sentencia que frenaba la derogación del decreto por una cuestión de legitimación (o formalismo) procesal, sin resolver (obviamente) la cuestion de fondo. La cuestion es que esos límites ya no existen. Por eso “soberanía” no puede entrar acá como modo de reconciliacion. Es precisamente lo que produce el conflicto.

Lo que une a la Socialdemocracia y al Kirchnerismo es el Reformismo
Diría incluso que Gelatina hace una operación típicamente progresista argentina y hasta kirchnerista: quiere ganar políticamente evitando la ruptura política. Para ellos las Malvinas nos unen; Messi nos une; la UBA nos une; la soberanía nos une; y debemos aprovechar esa unanimidad para instalar nuestra posición sobre la tierra porque Milei y Estados Unidos, creemos suponer, nos van a hacer caso. Pero si la cuestión es quién puede poseer territorio, hasta dónde debe regular el Estado el capital extranjero y quién tiene autoridad para modificar por decreto un régimen votado por el Congreso, no existe “un todos” posible. Lo que hay, en cambio, son posiciones incompatibles. La unanimidad no nos va a salvar. Lo unico que nos va a salvar es desplazar el debate a la cuestion de clase. Quién tiene los recursos para comprar la tierra? En qué términos? El productor argentino o los fondos de inversión extranjeros? El debate debería instalarse ahì.
Y ahí aparece el contraste con Francia y tengo que volver a Ranciere ya que lo que vimos en Francia no era unanimidad sino, lo que el Frances llama, dissensus que muestra cómo puede ocurrir una revolución cuando lo que se manifiesta es la diferencia y lo que se esgrime es la soberanía pero como agenciamiento propio y no como meros significantes flotantes.
En Francia, los policías están enfrentados con los manifestantes y los profesores se enfrentan con sus empleadores. El alcalde se pone del lado de los chicos. Y, sin embargo, todos pueden cantar, disputandosela, La Marsellesa, la República, 1789, o, Francia misma. La nación no borra la división: le proporciona un escenario común para que la división se vuelva política. Eso es una nacion. No la fabricacion artificial de unidad de la socialdemocracia gelatinosa de la Centro Izquierda argentina.

La Politique
De nuevo Rancière: la política no acontece cuando finalmente encontramos “eso” que “nos une a todos”. Ocurre cuando se rompe una distribución que pretendía presentarse como natural y aparece un litigio sobre quién cuenta, quién decide y cómo se distribuye lo común. La nación democrática es litigio constante; no consenso. Por eso en Argentina quizás la tarea sea preguntarse: ¿qué significa un concepto como soberanía, quién la está defendiendo realmente, quién puede redefinirla y qué intereses materiales quedan enfrentados bajo ese nombre?
Ahí, el debate sobre la Ley de Tierras fue una oportunidad formidable para analizar porque impide refugiarse en la emoción. Si se afirma “las Malvinas son argentinas” y cinco minutos después se discute si debe haber o no límites al dominio extranjero de territorio continental, “la soberanía” deja de ser una cucarda para convertirse en una contradicción material. El problema ya no es quién abraza mejor una bandera, sino qué régimen de propiedad, de territorio y de poder estatal se demanda para que esa apropiacion por parte de extranjeros pueda ocurrir.
La paradoja del progresismo local en su búsqueda de unanimidad es que puede terminar favoreciendo discursivamente al libertarianismo. No porque el progresismo comparta necesariamente su política sobre la tierra, sino porque le permite permanecer dentro de un “nosotros nacional” despolitizado mientras la disputa material (de clases) queda desplazada a segundo plano. Lo que nos lleva a otra pregunta: Gelatina esta ensobrada? Si todos somos soberanos porque todos queremos a Messi y que las Malvinas sean Argentinas, entonces la pregunta sobre qué significa concretamente soberanía cuando se eliminan restricciones sobre tierras queda anestesiada.
En términos de Laclau, Gelatina intenta construir una cadena equivalencial que puede resumirse asi: Malvinas → soberanía → tierra → Messi → Selección → UBA → educación pública. Pero el problema es que una cadena populista no funciona solamente acumulando significantes “queridos”. Necesita, en terminos de Ernesto Laclau, una “frontera antagónica”. Necesita saber qué proyecto impide aquello que la cadena reclama. Sin frontera, el significante “soberanía” puede quedar tan vacío que cualquiera puede apropiárselo.
Y ahí creo que está la verdadera diferencia entre el caso Argentino y el Frances. Los jóvenes franceses no están diciendo: “busquemos aquello en lo que Macron, nosotros, la policía y la derecha podemos estar todos de acuerdo”. Están diciendo: “Francia también es nuestra y precisamente por eso disputamos qué Francia debe sobrevivir y es por eso que le exigimos a Macron que se vaya.” La Marsellesa no debe unir sino armar el campo de batalla que redefina y vigorice la Nacion. Hoy no hay que hablar de patriotismo. Hay que hacer la pregunta realmente dificil: de qué estamos hablando cuando hablamos de “nosotros”.




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