Ernestina Pais fue una figura central de la cultura popular argentina de las últimas décadas. Periodista, conductora, humorista, entrevistadora, actriz, trabajadora de radio y televisión, y empresaria gastronómica que construyó una trayectoria singular en zonas del espectáculo y de los medios donde la autoridad femenina rara vez se concedía sin resistencia. Pasó por la gráfica, la radio, la televisión abierta, el teatro y el circuito cultural dejando huella, alterandolos. Rápida, inteligente, irónica, frontal y capaz de intervenir en registros muy distintos sin perder identidad en epocas en donde ese tipo de identidad femenina creativa no se reconocia como fuente de valor, Ernestina alcanzó masividad en Mañanas informales, ocupó la conducción de CQC cuando ese programa funcionaba como emblema generacional del cinismo político argentino, y sostuvo durante años una forma de profesionalismo que combinaba humor, calle, cultura mediática y autoridad escénica. Su carrera importa porque condensa una manera de entrar al centro de la televisión argentina sin aceptar el lugar decorativo que tantas veces se reserva a las mujeres en dispositivos dominados por varones. Ernestina Pais produjo presencia y autoridad en algunos de los espacios más difíciles de la cultura popular argentina. Por eso cualquier lectura de su muerte tiene que empezar por ahí: por la magnitud de una carrera, no por la reducción de una vida a su escena final.

Ernestina Pais fue una figura central de la cultura argentina de las últimas décadas. Periodista, conductora, humorista, entrevistadora, actriz, y empresaria gastronómica de renombre que su huella en los medios, donde la autoridad femenina rara vez se concedía sin resistencia.

Pero Ernestina Pais dijo en febrero de 2026 algo que ahora se escucha retrospectivamente como un presagio: “Los borrachos no morimos heroicamente, sino que morimos por dejar el gas prendido, cruzando mal una calle o por accidentes domésticos.” Murió cruzando las vías del Tren de la Costa camino a una función de teatro. El mecanismo cultural se activó de inmediato: la frase como prueba de una profecía autocumplida. En otras palabras, la ‘adicción’ como explicación total.  Ese es el mecanismo cultural que hay que desactivar. 

Murió cruzando las vías del Tren de la Costa camino a una función de teatro. El mecanismo cultural se activó de inmediato: la frase como prueba de una profecía autocumplida. La ‘adicción’ como explicación total.  Ese es el mecanismo cultural que hay que desactivar. 

Mujer Argentina en Post-Dictadura

Ernestina Pais no fue necesariamente una mujer vencida por su alcoholismo. Fue un cuerpo y una mente desgastados por una imposicion argentina del rendimiento femenino, mandato masculinista, exposición como condición de participar de la cultura de la era electronica y protagonista en la transicion del mercado de la herida a la victimología como ontología.  Durante décadas fue útil por su capacidad de asimilacion y producción pero cuando ese cuerpo empezó a fallar, el mismo sistema que lo necesitaba para retroalimentarse lo transformó en otro producto: el testimonio patológico. Lo que su muerte pone en evidencia no es una tragedia privada sino una lógica social que primero fabrica insuficiencia, después ofrece prótesis para gestionar esa falla y evitar descarrilamientos que alteren demasiado el orden social y finalmente moraliza a aquellos cuerpos que esas prótesis ya no alcanzan a sostener. 

Lo que la muerte de Ernestina Pais pone en evidencia no es una tragedia privada sino una lógica social que primero fabrica insuficiencia, después ofrece prótesis para gestionar esa falla y evitar descarrilamientos que alteren demasiado el orden social y finalmente moraliza a aquellos cuerpos que esas prótesis ya no alcanzan a sostener. 

Cuando Ernestina se refirió sobre su alcoholismo dijo: “Si yo hubiera entendido que el alcohol era una automedicación para mi depresión, hubiera ido a un psiquiatra. Pero no sabía que estaba deprimida, porque nunca dejé de laburar, nunca dejé de generar, nunca dejé de estar. Lo que me pasaba es que no me bancaba estar conmigo cuando terminaba de producir. Y ahí chupaba.” Ese diagnóstico, antes que clinico, es político. El cuerpo dañado que produce permanece invisible como cuerpo dañado porque es funcional (al sistema) pero cuando el rendimiento se ralentiza, la sociedad (a traves de los medios y los intelectuales), en lugar de analizar su propio rol en esta dinamica; se vuelve selectivo. A algunos los transforma, crucifixion mediante, en hyperboles pedagogizantes para justificar mayor criminalizacion y otros, son exculpados como excentricos, bohemios o ‘chicos con problemas’. El abuso de sustancias como automedicación es una forma de prótesis moderna: una tecnología precaria para seguir cumpliendo con la audiencia, con sus empleados, con sus acreedores, con su familia, con sus amigos. Despues, llega la moralizacion como ideología y la tecnologia del control horizontal (como el Whassap) y se forma la tormenta perfecta. El alcohol, en este caso, no era solamente una sustancia. Era una forma de sostener el intervalo insoportable entre el fin de la producción y la aparición del silencio. La pregunta es entonces, qué hace que para que Ernestina pueda convertirse en una figura central de la cultura de medios argentina en su proceso de transicion hacia la era de Internet, necesite de esta automedicación? La respuesta es multiple y ayer le dediqué tres horas en mi stream diario. Pero acá conviene concentrarse en su aporte cultural y los costos. 

Guinzburg y el Insulto como Defensa Frente al Miedo a la Mujer

El primer dispositivo que hay que mirar es el de Jorge Guinzburg, a quien ella reconoce como uno de su mentores. Guinzburg ocupa en la memoria mediática argentina el lugar del conductor inteligente, rápido, querido, y, sobretodo, popular. Pero una mirada rápida al archivo también muestra una forma persistente de pedagogía masculina de la humillación del saber femenino. El caso de María Luisa Lerer es ejemplar. Lerer llegaba a la televisión postdictatorial como psicóloga y sexóloga, con un saber sobre sexualidad femenina, autonomía, vínculo y experiencia corporal. Guinzburg, la entrevistó con dos de sus colegas y la intención fue ridicularizarla: tanto por el contenido de su saber como por su condición de experta. Durante la entrevista, sus preguntas se inscriben en lo que ella es experta pero cuando recibía el saber que había exigido, lo transformaba en chiste sexual. No como innuendo sino como tipificacion:  “sos muy chanchita.” La moraleja es clara. Hacia fines de los ochenta, la mujer podía tener saber, pero ese saber sólo entraba a la televisión si aceptaba ser degradado al código impuesto por la masculinidad insegura. Ernestina fue aprendiz dentro de ese mundo en el que la obligacion era aprender que no debía aprender demasiado. Tres decadass despues, la entrevista de este año con Chiche Gelblung ponía en evidencia que para hablar en esa televisión que ella misma había ayudado a construir, ella debia demostrar poder reírse de su propio dolor. Como era de esperar, esto fue parte de su entrenamiento en el medio y paradojicamente, de su momento de gloria: CQC. 

La entrevista de este año con Chiche Gelblung demostró que para hablar en esa televisión que ella misma había ayudado a construir, debía demostrar poder reírse de su propio dolor. En eso constó su entrenamiento en el medio y paradojicamente, de su momento de gloria: CQC. 

CQC y la Autoestima Femenina

Más que un programa, CQC fue una tecnología cultural que enseñó a una generación que la forma sofisticada de habitar la Argentina era el cinismo: ver corrupción, precariedad, dolor y absurdo político, y convertirlo todo inmediatamente en remate. La consigna no escrita era no quedar afectado por nada. No ponerse solemne. No detener la velocidad con sensibilidad. Todo síntoma debía volverse gag; todo malestar, mercancía; toda incomodidad, oportunidad publicitaria. La presentación del programa era un sketch en forma de backstage donde el tema eran las hemorroides —“Dejá de sufrir como un emo, usá Hemorroid”. Esta frase es el ejemplo perfecto de esa  cultura del cuerpo gastado, cuando feminizado. El mandato era claro. Si tenés dolor, comprás algo, te reís y seguís produciendo (o, al menos, no te quejas). Welcome to the 1990s! 

Ernestina entró a CQC en 2009 como primer mujer al frente de la conducción, pero el aparato masculinista, en la persona de Juan DiNatale, su colega la recibió con una frase que, en vez de cuidarla, contenía una amenaza: “Estás sentada en la silla de Mario.” La silla tenía dueño, padre simbólico, y elle era una inquilina sin contrato. El pago del alquiler era no pretender cambiar el discurso. Podía ser mujer, podía brillar incluso pero no podía volver frágil al dispositivo. Y ella funcionó porque era inteligente y sobretodo, resiliente. El costo de esa resistencia nunca es público, hasta que lo es.  

Ernestina entró a CQC en 2009 como la primer mujer al frente de su conducción, pero su colega, Juan DiNatale, la recibió con una frase que, en vez de cuidarla, contenía una amenaza: “Estás sentada en la silla de Mario.” La silla tenía dueño y elle era anunciada como inquilina sin contrato.

Pergolini es una figura de una masculinidad mediática que envejeció presentándose como transgresión. La evidencia, tambien en el caso Tinelli, demuestra que no alcanza con declarase transgresor en la vejez. Hay que serlo. No se trata de convertir este análisis en tribunal, pero tampoco de actuar como si el archivo no hubiera vuelto. Hace una semana, María Julia Oliván formuló acusaciones públicas contra el mundo de Cuatro Cabezas por acoso, maltrato y sexismo. En el mismo período, Pergolini aparece vinculado a una escena donde un femicidio es convertido en el remate de un chiste xenofobo. Lo que conecta estas zonas es la misma gramática post-dictatorial: la vieja incorrección masculina argentina se vendía como inteligencia, pero muchas veces funcionaba como licencia para degradar cuerpos sin tener que pagar el costo. La risa operaba como contraseña de pertenencia y se imponía a la mujer, como la crema hemorroidal. Esa operación convierte la sensibilidad en falta de inteligencia y protege al agresor simbólico bajo la excusa de que lo que hizo no fue violencia sino ‘buena televisión’. La presencia de Ernestina al frente de una institución tan patriarcal permitió dar la impresión de que Pergolini y Gebel querian modernizarse pero, como sabemos, esa transgresion progresista fue la peor de las reacciones de la Generación X. Una mujer brillante en la mesa permite inferir que ya no hay clubes de varones, como en el siglo XIX y mientras sirva para eso se la sostiene e incluso se la aplaude.  El problema es cuando se agota y se quiebra.  

La Responsabilidad Penal de Muscari en el Caso Pais?

Y despues viene la precarizacion del mundo del teatro en vivo disfrazado de vanguardia de la mano de Muscari que es el síntoma de una economía escénica que toma cuerpos femeninos públicos con historia, daño y expulsión previa, y los devuelve al circuito como ‘protagonistas’. Para que esto funcione tiene que ocurrir algun tipo de alquilmia. Muscari mismo describió su método con claridad: convoca eyectadas del medio (si bien no lo dice, la razón está en el envejecimiento, aparentemente, intolerable para la audiencia) y las pone en circulación. El problema es que lo de Muscari no es alquimia sino transplante. La reinserción aparece así como una forma de extracción. La herida biográfica se vuelve capital productivo. En el caso de Ernestina, la mecánica resulta especialmente incómoda: ella aceptó volver al teatro después de una internación por un cuadro complejo de alcoholismo, dijo que la noche, en sí misma, era un riesgo para su, percibida, conducta compulsiva y contó que su personaje bebía alcohol en escena. No sólo eso, lo tematizaba. Muscari dirigió y escribió eso. Ernestina cuenta en una entrevista con el DestapeWeb que, en un ensayo, alguien puso una botella real. Ella la vio y dijo: “Chicos, esto es una trampa mortal.” Esa frase describe los terminos del contrato. Ya la cuestión no era reirse de su excepcionalidad (Guinzburg/CQC) sino poner su salud mental en peligro. La palabra que Ernestina eligio fue: ‘mortal’. Hacer eso, de noche, frente a una audiencia que observa la conflacion de persona y personaje y paga para ver, perversamente, donde la actuación se transforma en conducta reprochable. 

Ernestina Pais contó que, en un ensayo, alguien puso alcohol frente a ella. Sin dudar dijo: “Chicos, esto es una trampa mortal.” Esos eran los términos del contrato con Muscari. Ya la cuestión no era reírse de su talento (Guinzburg/CQC) sino poner su salud mental en peligro.

Dejenme ser más claro. Muscari le pedía que caminara cada función hacia una botella, que activara la memoria emotiva de cuando tomaba, que convirtiera su riesgo real en intensidad teatral. Eso para alguien que sufre dependencia a una sustancia es una invitación directa a volver a consumir. La diferencia entre elaboración terapéutica y explotación escénica no puede no estar en la intencion del director. La elaboración busca que el dolor pierda poder sobre el cuerpo. La explotación necesita que el dolor conserve potencia porque de esa potencia salen las ventas. Eso no es teatro. Eso es circo romano de epocas del Emperador Domiciano.

Hay una dimensión de género que no puede suavizarse. Para funcionar en ese ecosistema, y esto es evidente en su traje en CQC, Ernestina tuvo que masculinizarse. Pero esto tuvo que ocurrir no solo, en términos de apariencia, sino tambien de valores corporales: aguante, velocidad, cinismo, ironía, circulación en la noche teatral y post-teatral, capacidad de no quebrarse, capacidad de tomar y no quedar enganchada, capacidad de seguir aunque el cuerpo y la mente estuvieran agotados. Si la adicción es una enfermedad e incluso una discapacidad (aunque yo no esté de acuerdo con esta categorización), Muscari debería tener responsabilidad legal por parte de lo ocurrido. 

Si Querés Sobrevivir o No Terminar Preso: No Seas Mujer y Reformista

Además, en la socialidad contemporanea, el alcohol no es sólo una sustancia; es una contraseña de pertenencia masculina y tambien de tolerancia de la estupidez ajena. En los varones, esa autodestrucción tiene tradición romántica: el periodista que toma, el conductor que fuma, el creativo que no duerme, el macho roto pero genial. El hombre Mad Men. En las mujeres, en cambio, el mismo gesto es concebido como fuente de vergüenza. Ya no es genio, es descontrol; ya no es personaje, es “mala madre”. Ernestina lo sabía, y por eso su hijo aparece una y otra vez en sus entrevistas como campo de culpa y reparación. Alejandra Pizarnik atravesó una estructura semejante décadas antes, en el campo literario. Su experiencia de vida dejó en claro que para existir en el mundo intelectual porteño dominado por varones, se debía navegar la interioridad o la exterioridad de los registros femeninos aceptables. Las anfetaminas, los barbitúricos, la noche, el mito y la escritura fueron también prótesis de acceso. Ernestina es la Pizarnik de la era electrónica no por una equivalencia estética ni de sustancias, sino por las alternativas que le fueron dadas. El cuerpo femenino en la producción cultural argentina paga un peaje de masculinización, y después ese mismo mundo lo procesa como mito, caso o amenaza.

La Dictadura Siempre Está

Un dato, para nada menor, es que Ernestina era hija de un desaparecido de la última dictadura militar.. Ella dijo que en su peor momento no pensaba “me quiero matar”, sino “quiero desaparecer”, y agregó que eso era muy fuerte porque su padre había desaparecido durante la dictadura. En Argentina, desaparecer no es una metáfora cualquiera. Es una palabra cargada de terror estatal, violencia política, duelo suspendido y familia rota sin cuerpo que enterrar. El alcohol no puede leerse entonces sólo como respuesta a la televisión o a la exigencia laboral; también debe leerse como automedicación de una herida política y transgeneracional que el Estado argentino nunca terminó de acompañar en sus formas concretas. La Argentina sabe producir memoria pública, actos, consignas, archivos y pañuelos. Lo que no siempre sabe es acompañar las formas en que esa violencia sigue trabajando dentro de los hijos: depresión no reconocida, deseo de auto-borramiento, intolerancia al silencio, producir sin parar para no quedarse solo frente al agujero. Cuando Ernestina habló de internación, judicialización y recuperación, también dijo algo central: la internación es un privilegio de clase, las clínicas están colapsadas, las listas de espera existen, la prevención en salud mental no aparece y, como sabemos, el gobierno libertario no mejoró esto sino que lo empeoró. 

Ernestina Pais murió en un país que primero convierte el daño en, como diría la idiota de Valeria Mazza en “fuerza de voluntad”. Luego ese rendimiento es convertido en espectáculo (CQC), después el espectáculo en ‘come back’ (Muscari) y la promocion de ese regreso en necroturismo. Ese circuito no necesita culpables puros. Necesita cómplices múltiples que se benefician en la forma de público, productores, entrevistadores (Chiche Gelblung) y una cultura entera dispuesta a depredar cuerpos mientras tengan todavia algo para dar. El lugar de Muscari, en esta historia, tiene algo de rapiña que me interesa particularmente y la justicia deberia investigar. Lo mínimo que se le debe ahora a alguien como Ernestina Pais es no convertir esa herida multiple en una lección berreta sobre el alcoholismo por la sencilla razon de que no está acá para defenderse y el alcohol ya no era su problema. Y cuando lo fue, no fue otra cosa que un síntoma de una multiplicidad de problemas que ella no había creado sino que la encontraron como un punto neuralgico en el que diferentes y terribles vectores confluían. Ernestina no es ni una santa, ni un caso clínico ni una advertencia, sino una mujer que funcionó demasiado tiempo en un mundo que confundió funcionamiento con vida. Una última pregunta: por qué no vimos el momento del impacto del helicóptero con Gaspi adentro con la claridad y la repeticion con el que se vio al Tren de la Costa llevarse puesto al auto de Ernestina? Por qué Instagram no lo repitió una y otra vez? Por qué no se habla de toxicología en ese caso? 

Dr Rodrigo Cañete

London, UK

Una respuesta a «Ernestina Pais ayudó a corregir la Narrativa femicida de los Medios Argentinos a costo de ser Convertida en Tacho de Basura De las Inseguridades de Algunos de sus ‘Machos’ Abusivos (Guinzburg, Pergolini, Muscari, Gelblung)»

  1. Rodrigo, el análisis de CQC como tecnología del cinismo es el punto más sólido del texto. Y la frase de Ernestina sobre la automedicación y la depresión no reconocida es el mejor momento, porque ahí hay algo verificable y real.
    Pero hay una contradicción que el texto no resuelve.
    La describís como inteligente, rápida, frontal, capaz de intervenir en registros muy distintos sin perder identidad. Y en paralelo construís un relato donde cada decisión que tomó fue una trampa que le tendieron otros. Guinzburg la formó mal. Pergolini la usó. Muscari la explotó. Gelblung la expuso. Eso no es análisis estructural. Es otra forma de quitarle agencia, solo que con simpatía en vez de condena.
    El caso Muscari es donde el argumento se cae más. ella aceptó ese rol. Sabía los riesgos, los nombró ella misma en entrevistas, y eligió seguir. Un adulto en recuperación que decide hacer teatro sobre su adicción está ejerciendo autonomía. Sugerir responsabilidad penal por eso ignora completamente que ella dijo que sí.
    Las estructuras que describís existen. Pero ernestina también perteneció a esos sistemas, los usó, negoció con ellos, sacó ventaja y pagó costos. El texto no puede sostener los dos lados al mismo tiempo y termina eligiendo uno solo. Eso la convierte en una figura plana, que es exactamente lo opuesto de lo que querés hacer.
    La pregunta que falta es por qué eligió quedarse. No porque la respuesta sea simple, sino porque esa es la pregunta interesante.

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