Por el Dr. Rodrigo Cañete (Universidad de Warwick)

El Festejo Nordestino

Anoche, en el stream, festejamos el triunfo de Lula con música. Bailamos con MC Loma, las Gêmeas Lacração, Luan Santana y Jojo Todynho. Hicimos esto, moviéndonos entre el forró y los sonidos populares brasileños, y esa elección me parece parte de lo que hay que pensar. La política del festejo también está en qué música escuchamos al festejar y a quiénes reconocemos cuando decimos Brasil. Una victoria puede celebrarse con el pueblo convertido en una abstracción solemne y a Brasil en una idea exótica, como acabo de escuchar de labios de Roberto Navarro en El Destape para quien Brasil es Chico Buarque y playa. Nosotros elegimos una alegría bastante menos preocupada por resultar presentable y mucho más afín a la carrera política de Lula.

Lo cierto es que Sudamérica se salvó de una violencia difícil de imaginar y la humanidad, salvó el equilibrio ecológico de ser definitivamente destrozado. Por esto, cuando el Tribunal Superior Electoral confirmó que Lula ganó el ballotage con el 51,79% de los votos, frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro, el mundo respiró y todos sentimos que la cordura todavía era una posibilidad. La diferencia importa porque impide confundir la victoria con la desaparición del adversario. El bolsonarismo conserva una fuerza enorme. Lo que se celebró fue haberle cerrado el camino a la Presidencia y mantenido abierta la política como ámbito en el que se dirime lo público.

Para Sudamérica, el resultado tiene un peso que excede la simpatía personal por Lula. Brasil conserva una posición capaz de discutir el rumbo regional en un momento de avance de gobiernos de derecha y de mayor alineamiento con Donald Trump. Una victoria de Flávio habría fortalecido esa convergencia. La continuidad de Lula introduce un límite: el continente no queda reducido a un virreinato. Esto no produce por sí mismo una alianza internacional de izquierda porque la posición progresista de Lula ha venido estando comprometida y un triunfo Demócrata en Estados Unidos puede devolvernos a todos al loop que los estudiantes europeos están empeñados en señalar como destructivo. Habiendo dicho esto, el triunfo de Lula modifica las condiciones en las que cada país puede negociar.

Sudamérica Equilibrada

Me interesa esa capacidad de negociación porque la autonomía suele discutirse como si fuera una cuestión emocional o un rasgo de carácter de los líderes. Un presidente habla a los gritos, otro se muestra amable, uno abraza a alguien y otro le retira el saludo. Todo queda reducido a la telenovela de la tarde pero debajo de esa dramaturgia (y en esto Cristina fue una gran c culpable) hay decisiones sobre recursos, comercio, seguridad y tecnología. Desde este punto de vista, la Presidencia de Milei ha sido el horror pero tambien nos permitió ver con claridad el backstage de la dramaturgia porque el libertarianismo ni se preocupó en disimular. La relación de Brasil con Washington incluye el interés estadounidense por los minerales críticos y las diferencias sobre la cooperación militar. El resultado preserva un gobierno que discute esas condiciones y las va a negociar porque, esas zonas de Amazonia tan deseadas por China y Sillicon Valley quedaron definanciadas al irse Jair Bolsonaro. El extractivismo garpa, el problema que el daño luego se paga mucho más caro. Tener con quién comerciar no equivale a entregarle a ese socio el derecho de definir todas nuestras prioridades. Por eso, Sudamérica quedó dividida en dos bandos: una caterva de siervos y el Brasil del PT.

El vínculo con Estados Unidos tampoco puede quedar reducido, justo ahora, cuando Trump tambalea, a elegir entre obedecer o romper relaciones. La comparación de las estrategias de Milei y Lula frente a Trump, publicada por el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales, muestra trayectorias distintas de negociación y alineamiento automático, o, más que automático. Lo que el 52% del electorado brasileño decidió es precisamente eso: mantener una relación económica con una potencia puede ser compatible con exigir para construir las propias capacidades. Sobretodo con un poder en crisis como el norteamericano que permite habitar sus grietas y desde ahí, hacer que le duelan para que tenga que dar más, no menos. El margen se pierde cuando el alineamiento se vuelve una identidad que hay que demostrar incluso a costa de los propios intereses como ha sido el increíble caso de la Argentina.

Lo que ocurrió ayer en Brasil es una gran lección para los argentinos que han venido demostrando ser irracionales e irrazonables a lo largo de todo el espectro político y empiezo a creer que el problema es Buenos Aires como eje decisorio. La relación con Brasil no puede quedar reducida a la identificación o al odio que un presidente sienta por el otro. Lula ya demostró que esa no es su posición. Como en los dos cuerpos del Rey, el sabe perfectamente que una cosa es el desprecio que naturalmente se siente por figuras como Milei o Trump y otra cosa es la función presidencial. La posibilidad de construir acuerdos regionales exige aceptar que nuestros vecinos tienen intereses propios. Con Lula reelegido, Milei tendrá que seguir encontrándose con un Brasil que no comparte automáticamente su lectura del mundo y tendrá que elegir entre responder o reaccionar. Ahora, tiene que ver a Lula como contrapeso a la pretensión de presentar una única orientación política como destino inevitable de Sudamérica, en un contexto internacional en donde la afinidades ‘zurdas’ se vuelven cada vez más organizadas.

El valor de la victoria de Lula, también, se medirá también en lo que permita hacer. Argentina tiene una relación ambivalente con Brasil al que reconoce como un continente aparte y, al mismo tiempo, suele considerar un inferior (racial). El problema ha sido la metamorfosis de la

esquizofrenia cultural en acción política. Celebrar un resultado conserva sentido justamente porque abre posibilidades sobre las que después podremos intervenir. Argentina tiene que entender que la alegría, la decepcio y la crítica pueden convivir.

La Potencia del Nordeste

Dentro de Brasil, el mapa electoral tiene otra dimensión fundamental. Lula volvió a imponerse en los nueve estados del Nordeste. Esa región decidió el resultado nacional y castigó a Lula en la primera vuelta cons u indiferencia por el viraje al Centro que había protagonizado por lo que no garantizaría afinidades automáticas con el Kirchnerismo, en el futuro. Conviene recordarlo cuando se habla del país desde una imagen que reserva la modernidad para ciertos centros y deja al Nordeste el papel de carencia o tradición exótica. Muchas veces, el fondo de la foto es lo que la define..

Por eso, la música que elegimos nos diferencia del resto de los medios argentinos. El festejo podía haberse limitado a esa imagen ‘americanizada’ de Brasil; una imágen reconocible y culturalmente prestigiosa para el oído extranjero precisamente porque viene filtrada por la autoridad del Norte. Qué es la Bossa Nova sino una cuidada fusión entre el Jazz, en su vertiente más comercial, y ciertos ritmos autóctonos elevados a forma artística de vanguardia. Con MC Loma, las Gêmeas Lacração y Jojo Todynho apareció otro registro. La cuestión es qué hacemos con ese registro: si lo escuchamos como una producción capaz de interesarnos por derecho propio o si necesitamos convertirlo en una curiosidad graciosa para nuestros paladares supuestamente superiores y ‘europeizantes’. Nunca nos olvidemos que Brasil es y ha sido Imperio.

La referencia a,MC Loma y las Gêmeas Lacração, por ejemplo, amerita una nota aparte ya que pertenecen al universo del brega funk, cuya difusión nacional ayudaron a impulsar. Se trata de una escena ligada a Pernambuco y a las periferias del área de Recife. El forró tiene otra historia: reúne tradiciones musicales y de baile nordestinas, como el baião, el xote o el arrasta-pé.

El Nordeste puede ser tradición transmitida entre generaciones y producción urbana que circula por internet como es el caso. Puede sostener memorias de migración y generar sonidos contemporáneos. La imagen del pueblo como algo que permanece quieto para que nosotros la admiremos desde afuera resulta muy limitada. Así como Zuckerberg pretendió limitar sus votos, MC Loma salió de YouTube y se transformó en un referente generacional de cierta mujer excluida que se empodera por oposición y hipérbole. Quienes viven allí también mezclan, inventan, consumen y desean participar del presente y lo hacen con una eficacia difícil de ver en la Argentina, siempre presa de sus neurosis e importaciones.

El Racismo, Nuevamente

Por eso tampoco sostendría la diferencia musical entre bossa nova y forró en una supuesta ausencia de influencias norteamericanas. La bossa nova reelabora el samba y dialoga con el jazz. El funk brasileño tiene entre sus antecedentes el soul, el funk estadounidense y el Miami bass. El intercambio atraviesa ambos mundos, aunque produzca resultados distintos. Todo es hibridez. Sin embargo, lo que estas jovenes nos muestran es que la capacidad de apropiarse de un sonido y transformarlo también puede hacerse desde abajo. El jazz, además, no puede reducirse a una expresión de la política exterior estadounidense, la intervención de Jobim, sí.

Para decirlo de otro modo, la discusión que me interesa está en la jerarquía de los resultados. Hay mezclas que se reciben como sofisticación y otras que deben defenderse de la acusación de vulgaridad. Lo que define qué es lo uno y qué es lo otro es quién consume ese objeto cultural, cómo son representadas las subjetividades, qué acento tiene y qué públicos lo reconocen como algo que los moviliza. El problema empieza cuando el criterio musical se mezcla con el desprecio hacia quienes producen o disfrutan esa música y después se presenta como una evaluación puramente estética. Algo de eso pasa con la Bossa Nova y algo parecido ha venido ocurriendo con la relación entre la política interna y las políticas exteriores de ambos países.

Déjenme aclarar mi caracterización y aislamiento de los productos de la Tropicalia Brasileña como movimiento de vanguardia estética. Mi problema no son esos objetos culturales sino cómo la progresía porteña los transforma en sinónimo de Brasil. Sin duda alguna, la invención de la bossa nova y su circulación internacional forman parte de la historia brasileña. Pero tambien, forman parte de la transformación de su cultura en un producto comercializable en el Norte Global en épocas de expansion de las industrias culturales norteamericanas. Es, desde ese punto de vista, que el problema deviene problema cuando es filtrado por los ojos del argentino subido a un podio. Miren el video que puse arriba de Navarro en el preciso momento en el que se refiere a Chico Buarque y Vinicius. Su sonrisa condescendiente denota tanto un autoposicionamiento (como la foto que muestra en un living con Lula) como esas expresiones culturales como certificado de madurez de todo un país. Es como si se esperara que Brasil suene íntimo, elegante y convenientemente moderado para reconocerlo como sofisticado y progresista. A partir de ahí, la música más estridente o corporal queda ubicada en una escala evolutiva que deberia empezar por bajar el volumen. Ese criterio permite escuchar diferencias como si fueran deficiencias.

El caso de MC Loma o de cualquiera de los otros es una cuestión de autoridad cultural. Podemos disfrutar la música por lo que le hace al cuerpo o a la auto percepción sin que nuestro papel sea decidir cuánto le falta para alcanzar el repertorio reconocido por el canon impuesto desde el Norte. Escuchar música, muchas veces, se parece a una aduana en la que uno tiene que entregar certificados lo que se traduce en pedidos de permisos. Implica aceptar que existen códigos, intensidades y formas de disfrutar cuya eficacia no depende de que podamos incorporarlas inmediatamente a un repertorio que define nuestro gusto e, incluso, nuestro posicionamiento en una suerte de geopolitica aspiracional. El gusto propio siempre está; lo que no es aceptable es la pretensión de que funcione como tribunal universal.

Despues está la sonrisita superada que contiene ese ya mencionado aspiracionalismo y humor. Un ritmo supuestamente vulgar nos divierte y moviliza porque es ‘gracioso’ o, mejor dicho, no sería lo que se supondría que uno debería escuchar. Una cosa es disfrutar del humor de quienes se presentan y otra es reservarnos el lugar de los que entienden mientras ellos quedan convertidos en el objeto cómico. La distancia puede parecer mínima, pero cambia quién tiene iniciativa en la escena. Si la cercanía con lo popular sirve solamente para que el espectador culto se exhiba como alguien libre de prejuicios, el protagonista (de la historia, supongo) sigue siendo el espectador. La música queda reducida a una oportunidad para mostrar lo abierto que es nuestro oído. Esto es una forma de humanismo, o sea, colonización, pero con una cara mucho más agradable y abajista.

Festejar con este tipo de música me interesa precisamente porque permite aflojar esa posición. En lugar de exigir que cada canción justifique su presencia mediante una certificacion de prestigio, se puede entrar en la experiencia del ritmo y del baile sin pretender pertenecer a ella. Después vendrá el análisis, si hace falta pero solo si hace falta. Además, lo fundamental en la música es la capacidad que da de establecer vínculos, aún en el anonimato. La música nos permite relacionarnos. Su sentido no se agota en la cantidad de conceptos que podamos colocarle encima, por mas politicos o nostálgicos (en el sentido de tangueros) que nos parezcan.

La elección musical del stream fue politica. El dia anterior hablamos de la falsa sobriedad del Martin Fierro de Oro, María O’Donnell. Ahora quería apuntar por proxy al racismo argentino. Pusimos esas canciones en relación con una victoria, un alivio y una conversación sobre el futuro regional. La situación construida por quienes escuchan también interviene en lo que una música significa. No hace falta atribuirles a las artistas una posición electoral para analizar lo que hicimos nosotros. Jojo Todinho es militante bolsonarista pero nos ayudo ayer en el festejo. El festejo se armó con un repertorio que permitió reconocer otros cuerpos y otros modos de estar juntos dentro de la imagen de Brasil.

Un Triunfo que Significa Diferentes Cosas para Quièn lo Piense

Sin embargo, la celebración del triunfo de Lula es relevante porque significa muchas cosas para mucha gente, desde donde se lo mire, en el mundo. Fue incluso apoyado por Rogers Waters y Madonna, entre otras celebrities, como un modo de erosionar la autoridad de Donald Trump y la posibilidad de que use su dominio casi total de Latinoamérica como un slogan de campaña. Para nosotros, en el stream, su triunfo demuestra, que conjuntamente con las acciones de los jovenes franceses y albaneses, la posibilidad de la resistencia al avance del tecno capitalismo libertario como fuerza natural es aún posible. Estos últimos tres años e, incluso el COVID, nos acostumbró a ver a las clases más bajas como entrando a que en el discurso público mediante el sufrimiento. De pronto, entran mediante la gloria (Francia y Albania) o una relación con lo cultural considerado abyecto (ser pobre o ser zurdo, tal el caso de Brasil) como algo que redime y no como algo que condena. De pronto y de un dia para el otro, los excluidos del sistema no son víctimas sino protagonista de la historia. Esto, desde ya, nos deja a los argentinos una vez más en un lugar terrible. Y digo, una vez más porque la primera vez fue la II Guerra Mundial y sus obvias alianzas con el nazismo. Desde esta posición, festejar es un intento patético por estar del lado correcto de la historia pero tambien es un muy genuino y necesario ejercicio de auto afirmación que demuestra que hay formas alternativas de relacionarse con la responsabilidad que tenemos en nuestros padecimientos y en nuestra propia existencia. Esto a meses de que la Argentina acusara al mundo de haber orquestado una campaña contra ella por la envidia que supuestamente el mundo le tiene por cómo sabe jugar al futbol y tambien a meses de que el país se solidarice con una abogada adulta que hizo gestos racistas a un trabajador brasileño.

La victoria de Lula mantiene abierta esa discusión política en Sudamérica. La música que pusimos nos permitió habitar la alegría del resultado desde un Brasil que desborda su imagen más exportable. El Nordeste tuvo peso electoral decisivo y tuvo presencia en nuestro festejo. Ademas de tener un lugar prominente en mi vida tras vivir alli casi un año. Una región capaz de intervenir decisivamente en el destino nacional no tendría por qué aparecer culturalmente como una nota al pie.

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