Por Dr. Rodrigo Cañete (University of Warwick)
Pagni Entrevista a Horacio Tomas Liendo, a.k.a. ‘El Cerebro’
Hay una frase de Horacio Tomás Liendo que permite leer toda su entrevista con Carlos Pagni en La Nación + desde un lugar muy diferente al de la mera presentación de un libro. En su alocución/propuesta de indexar ingresos y contratos, Liendo aclara:
No quiere decir que no se pueda subir por encima de ese indicador o bajar eventualmente, pero eso ya sería una cuestión específica de (cada) decisión.
Acá Liendo distingue entre dos operaciones que el lenguaje de la estabilidad suele confundir: conservar el valor del salario y decidir cuánto debería valer ese salario. Se puede proteger de la inflación una jubilación depreciada o un sueldo que va retrasado respecto de la inflación. Sin embargo, el mecanismo remitirá a aquello que se tome como punto de partida. Si la recomposición salarial es dejada para más adelante por la flexibilización laboral, la falta de fuerza de los sindicatos (resultado de lo primero) o por el poder desigual de la patronal en un contexto de crisis social; la naturaleza non challant de la ‘decisión individual a cada caso’ que propone Liendo como correctivo de su sistema de dos monedas acaba naturalizando la perdida de los de abajo como condición sine qua non del sistema. Esto es lo que Pagni no pregunta y es la pieza que destruye el edificio de la nueva teoria monetaria del ‘cerebro’ de la convertibilidad.
Mi hipótesis es que el libro de Liendo es profundamente político ya que propone una Palestinización de la economía basada ya no en la religión sino en la imposibilidad de acceso al dolar contante y sonante. Su propuesta podría servir para administrar el país dividido que deja el proyecto de Milei: un sector con acceso a divisas y capacidad de generarlas y esperar; y otro que nunca llega a fin de mes bajo la promesa de que el dolar está esperándolo para cuando seas capaz de ganarlo. Es en este sentido que me refiero a un apartheid social para describir esa separación entre las condiciones materiales de existencia de personas que, formalmente, comparten derechos. La economía les ofrece, a través de la ley, las mismas libertades contractuales a ambos pero las ubica en posiciones radicalmente desiguales para ejercerla.
Bimonetarismo
En su libro, Horacio Liendo propone un sistema bimonetario que implica mantener el peso, darle curso legal al dólar, liberar el tipo de cambio y crear una unidad de cuenta indexada, que equivaldría al llamado peso actual. No propone restaurar la paridad de un peso por un dólar. La continuidad con la convertibilidad está en la ambición de reorganizar la sociedad mediante reglas monetarias y contratos presentados legalmente como fundamento del orden social. El cambio, sin embargo, es total y consiste en intentar compatibilizar monedas y situaciones sociales distintas.
Por eso me interesa preguntarme por qué este programa empieza a circular ahora. Una alternativa económica adquiere valor antes de que el gobierno que podría necesitarla haya agotado todas sus posibilidades. Alcanza con que empiece a discutirse qué hacer si el esquema de Toto Caputo dispara la inflación o la mantiene, excluyendo de manera, demasiado obscena a sectores de la clase media que, desde una mirada post+neoliberal son aún, electoralmente, demasiado visibles. Es ahí, donde aparece Liendo para ofrecer una doctrina de recambio pero ya adaptada al esquema virreinal en funcionamiento.

La presentación de Dinero estable en la Bolsa de Comercio contó con la participación de Luciano Laspina, que coordinó el equipo económico de Patricia Bullrich en 2023. Es un vínculo político partisano muy concreto. Permite situar la lectura del libro en medio de la campaña pero no lo coloca necesariamente al autor como referente económico de la actual Senadora sino que lo ofrece al mejor postor. Sino es que viene impuesto por la Embajada y Pagni se encarga de dejarlo bien claro. Lo que veo es que una derecha que necesite presentarse como competente encuentre aquí una propuesta utilizable.
Con las opciones que parecen perfilarse como oferta al electorado, la teoria bimonetarista podría interesar a sectores del peronismo que busquen una fórmula económica compatible con el poder empresarial y una promesa (por más engañosa que sea) de protección salarial. Esto calza perfecto en un escenario con Massa y Cristina como los grandes electores progresistas. El bimonetarismo tiene una ventaja para esa negociación: conserva instituciones que la dolarización completa pretende suprimir y agrega un vocabulario filoperonista. Puede ofrecerse como moderado sin serlo.
Liendo, Fantasma de un Vivo.
La entrevista tiene precisamente esa función: la de restituir autoridad en la memoria colectiva. Pagni presenta a Liendo como el cerebro de la convertibilidad. El prólogo de Cavallo completa la operación al ser reconocido como su legitimo heredero. Así, el pasado menemista entra en escena como credencial y la amnesia respecto de Liendo que el excesivo protagonismo de su otrora jefe, queda remediado. Esto Pagni lo formula así:
Habíamos conseguido después de muchas décadas un período de dinero estable y que fue la convertibilidad.
Ese encuadre permite acusar a los que abandonaron la convertibilidad por el desastre del 2001. Es, en este punto, en donde la decision de no repreguntar de Pagni lo pone en evidencia al dejar que su invitado abstraiga la teoría al punto de una descontextualización casi total. Pero la evaluación de un régimen cambiario siempre debe incluir su resistencia a las turbulencias y, con esto, se hace imperativa una evaluación de los costos sociales de tamaño sostenimiento. Haber conseguido bajar la inflación no responde, por sí solo, a la pregunta de qué hacer cuando la economía entra en recesión, se encarece el financiamiento y aumenta la desocupación. La salida puede ser desastrosa y la continuidad puede haber dejado de ser viable. Hay que comparar ambas cosas.

La desinformación de lo que la falta de repregunta de Pagni y lo que transpira como fascinación, va convirtiéndose en una clase de Liendo se hace aún más obvia al utilizar el superávit del 2001 como un modo de desreponsabilizar al monstruo del atraso cambiario. Eso, desde ya, obligaría a ambos participantes de la charla a hablar del presente lo que políticamente no convendría a los intereses de La Nación. Los datos del INDEC ponen esto en cuestión. Entre 2000 y 2001 las exportaciones pasaron de 26.341 a 26.543 millones de dólares, una suba de alrededor del 0,8 por ciento. Las importaciones cayeron de 25.280 a 20.320 millones, aproximadamente un 19,6 por ciento. La mayor parte de la mejora del saldo provino de esa caída. Además, el superávit de 1990 (la catástrofe previa) había sido superior al de 2001.
Este es el punto en el que la sobre politización de la economía hace todo confuso. Así como baja inflación puede significar recesión, una economía puede mejorar su balanza comercial porque compra y se contrae. Ese resultado no demuestra que sus empresas prosperen ni que el tipo de cambio sea adecuado para todos los sectores. La reducción de importaciones puede reflejar menos consumo y menos inversion. Presentarla como indicador de fortaleza del regimen de convertibilidad pierde de vista la destrucción de la actividad económica habilitada por ella.
La relación ambivalente de la entrevista con la cuestión del costo social se vuelve más visible cuando Liendo traslada la culpa del fracaso de la convertibilidad a la histeria de los ahorristas yendo, al mismo tiempo, a buscar sus ahorros en el 2001. Esto lo hace con un ejemplo inverosímil:
O sea, Japón tuvo 20 años de estancamiento. Lo que pasa es que no hacen la locura que hacemos nosotros acá cuando tenemos dos años.
Igualdad Jurídica, Desigualdad Social
El costo social a pagar por un regimen monetario que polariza la riqueza depende de quien lo padezca y, desde ya, parece mucho mas largo si se lo padece desde abajo. Para aquel que tiene dinero en el banco, la espera puede hasta ser rentable. Sin embargo, quien pierde el trabajo sufre de formas que pueden ser catastróficas: el mecánico debe vender sus herramientas, el estudiante dejar de estudiar, una familia puede cambiar de vivienda, y el aspiracional puede, incluso, endeudarse. Esto significa que, si bien el país, puede recuperarse económicamente por haber tenido una buena cosecha o por una mejora de los precios internacionales de un bien que exporta; los beneficiarios de esa recuperación, pocas veces son las víctimas de la catástrofe. Po eso, la comparación con Japón necesita explicar con qué protección social, ahorro y posibilidades de financiamiento se supone que debe poder aguantar (sin ponerse ‘histerica’) una familia argentina.
La capacidad de aguantar crisis económicas depende de los recursos con los que cuente aquel que la atraviesa. Convertirla en una virtud que unos pueblos tendrían y otros no, permite presentar el agotamiento social como un defecto de carácter. Está moralización en clave de geopolítica económica es falaz e inaceptable.
La nueva propuesta de Liendo, sin embargo, incorpora la flexibilidad cambiaria que el antiguo régimen restringía. Liendo explica:
Eliminar la jaula es, al declarar el curso legal del dólar, el dólar y el peso son dos monedas nacionales, una nativa y otra por adopción, por decirlo en términos familiares, ¿no es cierto?
La metáfora familiar es inadecuada para una relaciones que se dirime desde posiciones de poder. Las dos monedas pueden tener reconocimiento legal equivalente y ser el instrumento de cambio de personas con diferente poder adquisitivo. Una empresa exportadora tiene ingresos vinculados a una divisa. Un kiosquero depende de ventas en pesos. El permiso para pactar en dólares no le entrega al trabajador la fuerza necesaria para conseguir un salario en dólares y eso lo deja, en este esquema, totalmente desprotegido cuando los correctores previstos por Liendo (la indexación, por ejemplo) dependen de negociaciones especificas e individuales. Por eso, el bimonetarismo es la herramienta cambiaria de un país fuertemente jerarquico. El que necesita pagar un alquiler o una deuda tiene una fecha límite. El mercado reúne a ambos, pero no elimina la diferencia entre poder esperar y estar obligado a comprar.
Liendo lo dice clarito cuando describe la posición del exportador en este esquema y en este punto de la entrevista, uno empieza a darse cuenta para quién esta hecha esta bimonetarizacion:
O sea, si exporto, hago lo que quiero. Los vendo o no los vendo. Y el que tiene que comprar los compra en el mercado al precio que sea. Eso se equilibra solo, la oferta y la demanda.
Si la liberalización bimonetaria redujera la oferta inmediata de dólares y depreciara el peso, algunos exportadores recibirían más pesos por sus ventas y ciertos importadores enfrentarían mayores costos. La dirección final dependería también del ingreso de capitales y de la demanda. El problema distributivo no depende de la cotización de la divisa sino de la relacion entre ambas y del acceso a ellas y esto define como se posiciona cada sector social frente a un programa cambiario que parece diseñado desde afuera del país.
La situación se vuelve todavía más delicada para quien debe en dólares y cobra en pesos. En un ejemplo hipotético, una cuota de 200 dólares representa el veinte por ciento de un salario de un millón de pesos cuando el dólar vale mil. Si pasa a dos mil y el salario no se ajustó, representa el cuarenta por ciento. El contrato socio+economico es, en teoria, igualitario pero en la practica, no lo es; es más, hace peor las diferencias. El Banco Central de Reserva del Perú identifica precisamente estos descalces entre ingresos y deudas como uno de los grandes problemas de su dolarización financiera.
La igualdad legal de las monedas tampoco asegura reservas suficientes para responder a corridas cambiarias en dólares. Un Banco Central argentino puede emitir pesos; pero para entregar dólares necesita disponer de ellos o conseguir financiamiento. Es una restricción que solo puede resolverse con reglas crediticias claras, liquidez y, sobretodo, con protección de depositantes. Esto ultimo es algo que el proyecto de Liendo dice que el Banco Central debe dejar de hacer por lo que deja al pequeño y mediano ahorrista a la intemperie.
Ademas, para Liendo, el Banco Central solo debe dedicarse a ajusta la cantidad de pesos a la demanda. Liendo dice:
Si no hay suficiente demanda de dinero, retira el dinero que hay. ¿Y cómo lo retira? Lo retira vendiendo títulos públicos que tiene en sus reservas, ¿no?
Sin embargo, vender títulos para absorber pesos hay que encontrar compradores y eso nunca esta garantizado. Según las condiciones, puede implicar menores precios de esos títulos, mayores rendimientos y un encarecimiento del crédito que alcanza a la actividad. Hace falta discutir cómo se evita que una caída brusca de la demanda monetaria se convierta en una contracción que acaben pagando empresas y trabajadores.
La entrevista ofrece una clave para entender qué derechos Liendo considera deben protegerse cuando pasa al Poder Judicial. Esto lo hace reuniendo entre las decisiones que considera perjudiciales aquellas que convalidaron la pesificación y las que cuestionaron el déficit cero. Pero en Tobar, de agosto de 2002, estaba en discusión una reducción de remuneraciones subordinada a la disponibilidad de recursos y sin límites suficientes. En esa ocasión, la Corte protegió derechos afectados por ese mecanismo. No declaró inconstitucional la aspiración general de equilibrar las cuentas.

Inseguridad Jurídica
Pero el salario también necesita seguridad jurídica. Si la protección del ahorrista acredita la calidad de una institución (la que, en el nuevo esquema de Banco Central quedaría desprotegida, de todas maneras), la protección del asalariado requiere ser evaluada con el mismo criterio. Liendo hizo de su carrera (desde su tesis doctoral) un felicísimo de la normalización de la emergencia. Su vida estuvo dedicada a transformar la crisis en sistema. Supongamos que esto sea positivo, que no lo es. Si este fuera el caso, la misma vara tiene que aplicarse para los ingresos de los trabajadores que, en estado ‘normalizado’ de emergencia económica ve su solario expuesto a ajustes de duración incierta. Es como si para Liendo, la excepcionalidad resulta intolerable para ciertos patrimonios y aceptable para determinadas vidas.
Al final dice:
O sea, el capitalismo es un sistema totalmente democrático y liberal.
Esta homologación de la libertad con el capitalismo me recuerda a la asociación de Johann Winckelmann en el siglo XVIII entre belleza del alto clasicismo griego y democracia. No hay nada que permita concluir en que esa asociación es real. Es más, esa identificación lo revelan como un economista romántico y no como un liberal. Como dije al principio, un fetichista del estado de excepción económica.
También hay una ganancia posible para el autor: recuperar autoridad sobre su pasado y aumentar su influencia en la definición del futuro. Su estudio jurídico declara actividad en asesoramiento empresarial, inversiones y cuestiones cambiarias. El jurista economista romántico es, en realidad, un poeta de los desplazamientos profesionales, de un lado al otro, del mostrador.




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