Escrito por el Dr. Rodrigo Cañete. All Rights Reserved.
En el programa de Andy Kusnetzoff ocurrió algo que los comentaristas de la farándula narraron al revés. En esa suerte de hoguera de las vanidades literal que se arma para confesar sus secretos que, por supuesto, por la naturaleza de los participantes, nunca puede serlo; Josefina «la China» Ansa le preguntó a Santiago Maratea qué se diría a sí mismo si fuera una de las personas que habían contribuido a una de sus colectas. Él, sorprendido por la pregunta y un tanto paranoide, tras algunas vacilaciones respondió: «Gracias». En otras palabras, se agradecería a sí mismo. Pero, la pregunta apuntaba a algo mas preciso que era el refugio para perros de Adrogué, cuya construcción había sido cuestionada por la muy sencilla razón de no haber sido terminada. Y, a partir de ahí, quien debía explicar qué había hecho con dinero ajeno pasó a examinar las credenciales de quien se había atrevido a preguntarle.

La cuestión no era si Maratea tenía apariencia de buen pibe sino por qué el prestigio acumulado por ese muchacho debía reemplazar una, lisa y llana, rendición de cuentas. Es precisamente esa sustitución la que vuelve al episodio políticamente interesante. En el programa PH, lo que, en principio parecía estar en juego eran las emociones transcriptas como lágrimas de Ansa y del mismísimo conductor, las capacidades periodísticas de cada uno y, por supuesto, la supuesta trampa que alguien le habría tendido. A esta altura, el alcance del melodrama colocaba, casi sin proponérselo, a Maratea como la fachada de algo más denso. Sin embargo, el efecto del emocionalismo fue el que el viene teniendo en la politica argentina que es el de desviar la discusión de lo que realmente importa: el dinero, la falta de conclusión de la obra y la razones para ello.
No me interesa convertir la muy psicológica escena de PH de AK en un diagnóstico psicológico de Maratea. El título Argentine Psycho no implica diagnóstico clínico alguno sino que tiene que ser entendido como referencia cultural: a una cultura donde el éxito se reconoce por ciertos códigos —la exposición, las marcas, el dinero, la alteración del cuerpo por medio de gimnasio, suplementos, operaciones y Botox— y donde la personalidad termina funcionando como certificado de autoridad. Maratea es una figura particularmente eficaz para pensar esa transformación porque convirtió el acto de pedir dinero en una forma de protagonismo politico y de branding personal, comercializable.
Andy y maratea: Quién es el gato y quién es el ratón?
La pregunta inicial de la China Ansa mostró su mano de poker demasiado temprano y puso a Maratea en alerta. La palabra «recriminar» presuponía que había algo reprochable, y ella no había sido instruida con los detalles de una investigación detallada que hubiera, literalmente, destruido a Maratea. Sin embargo, preguntar si una obra quedó inconclusa no es acusar a alguien de ladrón. Es más, la China Ansa tan boluda no es y se dio cuenta que habia quedado en medio de fuego cruzado por lo que lo aclaró expresamente. El problema es que Maratea insistió en responder como si le hubieran imputado un robo y empezó a preguntarle a ella cómo se había informado, si conocía el nombre del refugio y por qué recurría a los medios para hablar de esto. En otras palabras, Maratea entró en una suerte de brote paranoide.
La jugada de Maratea es, a esta altura, un clásico de al retórica libertaria que consiste en cambiar el sujeto de la investigación. El interrogado se vuelve interrogador y lo hace mediante acusación ad hominem de las capacidades del que pregunta. Esto va desde el insulto liso y llano hasta la puesta en duda de las capacidades profesionales de la otra persona. En ese escenario de inversión de roles, la periodista se vio en la posición de no poder preguntar hasta que demostrase un conocimiento que el propio responsable se niega a darle hasta que considerase que ella esta a la altura de la situación. Si se informa por los medios, esos medios mienten. Si le pregunta directamente a Maratea, Maratea se ofende. ¿Cuál sería, entonces, la vía legítima para preguntarle sin llegar a la denuncia penal para investigar sus colectas?

Fue ahi cuando Andy intentó recuperar la conducción, interrumpió la grabación y quiso convertir el desacuerdo en un ejercicio de reparación emocional. Pero Maratea ya habia entrado en un loop y rechazó repetidamente cualquier tipo de cierre y, como poseído, no paró de discutir sobre las dinámicas generales y ética de la comunicación y el periodismo. De pronto, todos nos encontramos frente a una lección de Media Studies. Así como Milei, transforma cada aparición publica en una clase mediocre de teoría económica libertaria, Maratea transformó su aparición en un soliloquio de que el medio es el mensaje. Desde ya, el programa acabó transformado en aquello que el invitado deseaba debatir y no en lo que se le habia preguntado. La grabación difundida por Telefe permite observar esta inversión sin necesidad de imaginar lo que sucedió detrás de cámara.
Después apareció la narración SIDE que es, obviamente, la de Marcelo Polino que sostuvo que la pregunta había sido sugerida por la producción. La pregunta es por qué? Previsiblemente, esta versión circuló por programas y redes hasta que Javier Milei calificó el episodio como una «emboscada» por no ser Maratea kirchnerista. De donde sacó esto es difícil de imaginar?. Pero una interpretación discutida terminó convertida en una acusación presidencial. Así se fabrica un acontecimiento político a partir de un incidente televisivo y en eso Milei es un experto.
Yanina Latorre: la Corte suprema de la Autenticidad
Yanina Latorre podría, a esta altura, ser considerada como una Amazona de la turbia economía digital que vino de la mano del Mileismo, no porque sepamos que alguien le ordenó defender a Maratea —no lo sabemos—, sino porque su intervención permite ver cómo funciona una forma particular de legitimación mediática. Esto permite entender el lugar central que ocupa, casi de matrona, en la mediósfera contemporanea. En su programa tanto de TV como de radio sostuvo en los días siguientes al episodio de PH que la China Ansa había violentado vaya uno a saber qué códigos al tratar a Maratea de ladrón. Encuadrando la pregunta de la periodista en esos términos, Latorre presenta el enojo de Maratea no como un brote psicótico paranoide sino como una reacción comprensible y humana ante la injusticia de cuestionar sus acciones. El modo adicional de justificar a Maratea es mediante el recalibramiento de la evidencia de la eventual malversación de fondos, reduciendo el problema del refugio de perros de Adrogué a una discusión grotesca por una parrilla. Lo que importa para los fines de este post es que ninguna de esas operaciones (ni el brote de Maratea ni la demonizacion maternal de la China por parte de Yanina Latorre) responde la pregunta original. Recordemos que, pasados tres días, la pregunta de la China Ansa sigue sin ser respondida y de lo que pasamos a hablar es de los sentimientos de Maratea.
Latorre es una administradora de ‘autenticidad’ que, en tanto virtud argentina, funciona como garantía que se certifica a sí misma. Maratea se enoja porque es honesto; sabemos que es honesto porque se indigna cuando se lo cuestiona. Es una dinámica moralizante circular y auto justificante y por eso, el emocionalismo, primero instalado socialmente por el progresismo (ver El Destape si se tiene alguna duda de esto), sustituye la evidencia del eventual delito por la emoción. Desde hace años en la Argentina, importa más cómo se siente el perpetrador que la importancia del daño causado. Pero en la televisión de Latorre el temperamento termina aportando más legitimidad que la factura, el contrato o la auditoría.

La relación pública entre ambos no nació con el escándalo de PH. En abril de 2023 Latorre defendía los honorarios de Maratea en la colecta para pagar las deudas de Independiente. En el 2024, tanto Latorre como Maratea reivindicaron su derecho a vestir marcas de lujo mientras desarrollaba, este ultimo, actividades solidarias. La riqueza, en su relato, no contaminaba al benefactor: confirmaba la libertad del emprendedor exitoso.
El contraste con la manera en que en su programa Yanina Latorre abordó la riqueza de Facundo Moyano es ideológicamente relevante. Un bolso Prada o un vuelo en clase ejecutiva pueden volverse para ella indicios que exigen explicaciones cuando su dueño pertenece al mundo sindical. En Maratea, en cambio, las marcas aparecen como logros legítimos obtenidos en el mercado que parece autentificar y transformar en buenos tipos a aquellos que participan en sus transacciones: la desigualdad del criterio con que se decide qué riqueza parece auténticamente ganada y cuál debe justificarse es obvia y hace que la intervención de Latorre sea profundamente politica.

La misma Latorre que reclama contexto, proporcionalidad y paciencia cuando las redes ridiculizan a su hija puede reconstruir a otro personaje mediante fragmentos y signos de consumo. Su autoridad como comentarista no reside solamente en distribuir información: también distribuye credibilidad. Decide quién conserva la presunción de autenticidad y quién debe entrar al estudio bajo sospecha.
Negociados digitales y el caso Novelli
No es irrelevante que Latorre forme parte de la economía que comenta, regentea y custodia. En marzo de 2026 se difundieron conversaciones comerciales entre ella y Mauricio Novelli, empresario investigado en la causa de la criptomoneda $LIBRA. Los mensajes publicados referían a promociones pagas en Instagram, a la plataforma Binance y a gestiones publicitarias. Latorre reconoció haber trabajado publicitariamente con Novelli en 2023 y 2024, antes de $LIBRA, y negó haber promocionado esa criptomoneda o participado en los hechos investigados.
Yanina Latorre se desempeña en un ecosistema profesional donde los intermediarios compran exposición, los influencers venden acceso a audiencias y las recomendaciones personales pueden revestir de familiaridad a negocios que el público desconoce. Latorre lo formuló, acaso mejor que nadie, cuando defendió su actividad comercial diciendo que ella era su propio producto. Qué quiere decir esto? El producto no es solamente el aviso publicitario en su cuenta de Instagram sino la confianza depositada en ella como ‘autenticidad’. Y esa confianza se vuelve económicamente transferible: de un personaje a una marca, de una campaña solidaria a una plataforma financiera, de la visibilidad que otorga su cercanía a un contrato desconocido por el publico.
El antecedente de Novelli no implica ni a Latorre ni a Maratea en operaciones ilícitas. Sí vuelve pertinente preguntar qué vínculos comerciales deben hacerse públicos cuando una figura mediática interviene para legitimar a otra, especialmente si el asunto discutido involucra fondos aportados por terceros. No todo conflicto de interés supone un delito; ocultar el contexto comercial puede, sin embargo, empobrecer gravemente la lectura del espectador. Es una cuestión de esencia pero también de grado.

De las Tajadas del fiduciario: ¿quién fabricó a Maratea?
Para comprender la transformación de Maratea, hay que retrotraerse al año 2021. Ese año Revista Anfibia publicó «Un pibe y su teléfono», una crónica, un tanto romántica, que cubría sus propinas a empleados de Rappi, la compra de vehículos para una comunidad wichí, la campaña por el medicamento de Emmita en Miami y la financiación del viaje de los atletas argentinos si no recuerdo mal a Guayaquil. El artículo argumenta por oposición cómo la acción solidaria (jamás cuestionada en él) de Maratea debe incluirse en la tradición argentina de beneficencia y, su subsecuente, retirada del Estado. Pero su propio título reproducía parcialmente la ilusión del héroe individual y la presencia del Estado en la historia argentina convivió con la beneficencia.
Lo interesante del articulo es la referencia a la infraestructura de mercadotecnia presente desde hace años alrededor del influencer. Su sociedad para el acuerdos con marcas, con una representante profesional —Jessica Jalife— y sus calculados contactos con celebridades y aportantes. Esto ultimo es mencionado como parte del paisaje en el que se desenvuelve pero no se explica. Dicho de otro modo, lo que el articulo desenvuelve Anfibia, casi sin proponérselo, demuestra es que detrás del supuesto gesto espontáneo hubo, desde siempre, un aparato de recaudación. Pero Maratea alguna vez dió, realmente, para tanto? Dudas aparte, el articulo permite enmarcar su acción solidaria como contenido y el contenido, como branding comercial. En una entrevista de 2021, Maratea reconocía esa dimensión de negocios de su actividad. La beneficencia no impedía que hubiera un negocio de posicionamiento personal. Esto es algo que èl asumía sin ningún conflicto ético.
El caso de Emmita revela por qué no alcanza con multiplicar seguidores para llegar a ciertas sumas millonarias. El medicamento de Novartis y tratamiento medico en USA costaba unos US$2,1 millones. La familia ya había reunido aproximadamente US$500.000 antes de la intervención de Maratea. Mediante pequeñas donaciones, el influencer consiguió USS100.000 pero fue recién ahi donde se produce un salto, al aparecer otro donante cuya identidad nunca se hizo pública y aportó alrededor de US$500.000. De esta manera, se completó la campaña.
La buena noticia era que Maratea podía recaudar sumar millonarias en dólares pero esa era tambien la mala noticia. Ese tipo de operación no prueba lavado; pero obliga a dejar de confundir popularidad con transparencia financiera. Los millones de seguidores visibles en Instagram no son un censo, en tiempo real, de donantes permanentes.
Esta historia puede leerse dentro de una transformación mucho más larga ya que, desde los noventa, la descentralización del Estado y la ONGización de parte de la asistencia social crearon intermediarios privados capaces de presentar respuestas puntuales donde existían problemas estructurales. El problema con esas ONGs es que rápidamente se transformaron en negocios muy lucrativos que buscaban ayudar pero también maximizar beneficios e incluso, con la llegada de las redes sociales, construir brands personales e institucionales que les permitían recaudar, más allá de lo aportado por el Estado y sin el control requerido. De Juan Carr a Maratea hay diferencias enormes, incluida la distinta relación con la administración directa del dinero. Pero la pregunta histórica persiste: ¿qué ocurre cuando la capacidad de conectar necesidades con donantes empieza a convertirse en autoridad personal y se commodifica? Ademas, nunca debemos olvidar que la beneficencia es siempre, impuestos no cobrados.

Los objetivos cumplidos, según quién los cuente
En PH , Maratea presentó sus campañas como una serie de objetivos cumplidos… sin excepción. En sus propias palabras: ‘se cumplieron todos los objetivos’. Esto es falso. De hecho, hay algunos ejemplos que exigen un tipo de aproximación mucho mas sofisticada a lo que es considerado como ‘logro’. Por ejemplo, tomemos el caso de Emmita. Su campaña contribuyó a financiar su tratamiento; no convirtió, como afirma el, intentando poner en su lugar a la China Ansa en el programa de Kutznesov, a Maratea en el artifice de la universalización del acceso al medicamento en la Argentina. Eso ya habia ocurrido, lo que permite preguntarse sobre la necesidad de todo el ejercicio Emmita. Por su parte, en las iniciativas para infancias trans en las que se introduce Maratea, ya existían organizaciones que trabajaban décadas antes de su llegada. El mérito de conseguir fondos no autoriza a apropiarse de la historia de quienes venían actuando por lo que se hace evidente que dinero no era lo unico que se buscaba. Tambien se buscaba reputación y… gloria.
Uno de los casos mas problemáticos es el del Refugio de Eli. En febrero de 2026 Maratea reconoció que habían priorizado construir una vivienda para la responsable del establecimiento y que, por dificultades con la titularidad del terreno y por la devaluación (?), los fondos no alcanzaron para construir el refugio destinado a los animales. El resultado fue que se le construyó una casa a una persona que quería dedicar su vida a cuidar animales. Una casa construida no es automáticamente la ejecución íntegra del proyecto anunciado y no beneficia, necesariamente, a alguien que tomo semejante decision profesional. A esa altura, era licito preguntarse si Maratea sabia lo que estaba haciendo.
Ésa era la pregunta que La China Ansa tenía derecho a formular aunque no tuviera más información de la que tenia. Al otro dia; como si las acciones de Maratea y Yanina Latorre estuvieran coordinadas, esta ultima cerró el debate diciendo que el problema habia sido que faltaba una parrilla. No, ese no era el problema. El problema fue que no se construyó la infraestructura que le daba sentido a toda la convocatoria.
Independiente: millones, controles y una denuncia desestimada
El salto definitivo fue la recaudación para pagar la deuda del club Independiente, en abril de 2023. Este momento marco una divisoria de aguas porque Maratea pasó de organizar colectas a desempeñar el papel formal de fiduciario en una operación vinculada con el fútbol profesional. Juan Marconi, dirigente del club, fue un interlocutor central en su incorporación. Hubo abogados, un contrato, honorarios y una estructura diseñada para recibir aportes de hinchas.
El lanzamiento de la convocatoria generó cientos de millones de pesos en pocas horas. La velocidad puede explicarse por la convocatoria nacional que un club como Independiente genera y tambien por la amplificación mediática de Maratea y otras figuras. Pero tambien obliga a preguntar cuántas transferencias existieron, cuál fue el importe de cada una de ellas y qué porcentaje del total fue aportado por grandes aportantes. El número de seguidores no permite verificar esas respuestas.
En términos formales, la Inspección General de Justicia cuestionó la decision bizarra de inscribir el fideicomiso en Neuquén y tambien puso en duda diferentes aspectos contractuales. El resultado de esas observaciones generó la introducción de cambios fundamentales que hicieron que la propia IGJ lo inscribiera el 13 de junio de 2023. Sin embargo, el que fuera inscripto no implica que hubiera sido auditado. Esto quedó luego para la AFIP y todavia queda pendiente.
El resultado de la recaudación fue el pago de la deuda que tenia el club: Independiente anunció haber destinado US$3 millones de la colecta al América de México el 30 de junio de 2023. Era un pago parcial de una deuda mayor; otro millón había sido abonado con recursos del club. Pero una transferencia al acreedor no identifica a todos los aportantes originales ni da cuentas de los beneficios que pueden llegar a obtener de su anonimato.
La hipótesis de lavado exige mucho más que desconfiar de una cifra. Requiere acreditar el origen delictivo de activos y operaciones aptas para disimularlo. Si el dinero cancela una deuda real, también hay que explicar la finalidad económica de quien habría introducido fondos ilícitos. Hay, de todos modos, un antecedente judicial vinculado con lavado de dinero: en mayo de 2023 una denuncia que incluía presunto lavado fue desestimada por el juez Ariel Lijo a pedido del fiscal Federico Delgado, que consideró que carecía de hechos concretos suficientes. Se remitieron antecedentes a AFIP y UIF. Y ahi quedó todo.

Cuando hablar del periodismo es una forma de escape
La cuestión que Maratea, Latorre y Milei dejaron sin resolver no puede ser reducida a una cuestión de formación, moral o demonología libertaria. Lo que dejan sin resolver es la distancia entre legitimación personal y auditoria financiera. Maratea puede haber ayudado efectivamente a muchas personas. Yanina puede haber cobrado legítimamente por publicidad. Milei puede expresar públicamente su simpatía por el influencer y tener chats privados como la Yanina pero lo que ninguno de ellos hace es comprobar que tras su supuesta reputación hay transparencia en materia de rendición de cuentas.
Lo que vemos en la grabación de Kusnetzoff es que quien obtuvo reconocimiento por administrar recursos colectivos se arroga el derecho de decidir cuándo una pregunta merece ser respondida y eso es inaceptable. No es un monarca absoluto. En el mejor de los casos un fund raiser famoso. Lo que vemos en Latorre es análogo pero desde otra posición que es la de la adjudicación de quien es autentico y quien no, quien es buen pibe y quien no. Y lo que vemos en la intervención presidencial es la necesidad de transformar una controversia sobre rendición de cuentas en algo mucho mas peligroso que es una persecusion politica del periodismo mas serio.
La pregunta no es si Maratea parece auténtico. Es quién puso el dinero, quién administró las cuentas, quién cobró por hacerlo y qué documentación permitiría comprobarlo. En lugar de una épica de benefactores, necesitamos un historial de transferencias, contratos y controles.
Ver la investigación en La Mala Educación: Argentine Psycho.




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